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Del silencio hacia la luz:

Mapa Poético de México.

POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO

1960 - 1989

VOL. III

Distrito Federal

Segunda Parte

Adán Echeverría Armando Pacheco

Compiladores

Ediciones Zur

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Catarsis Literaria El Drenaje

Mérida, Yucatán Agosto de 2008 Del silencio hacia la luz:

Mapa Poético de México. Poetas nacidos en el período 1960 - 1989

Vol. III. Distrito Federal. Segunda Parte.

1a. Edición. Agosto de 2008.

Adán Echeverría Armando Pacheco Compiladores

Ediciones Zur

Catarsis Literaria El Drenaje

Este es un documento de consulta, su propósito primordial es la difusión de la poesía que se escribe y publica en México, pero también busca contribuir a la formación de la capacidad de apreciación y escritura poéticas de los lectores. La compilación de los poemas fue obtenida de dos formas: por el envío de los propios autores vía correos electrónicos y de las fuentes documentales, mismas que aparecen al pie de los poemas cuando se da el caso.

520 Del silencio hacia la luz

Hecho en Mérida, Yucatán, México.

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MUY DISTINTAS PROPUESTAS, ASÍ COMO NIVELES DE FACTURA, NUTREN EL TERRITORIO POÉTICO DE LA CAPITAL DEL PAÍS. - I.C.

96 autores Segunda Parte MAPA POÉTICO, CELEBRACIÓN DE LA POESÍA.

Escribir la introducción a cualquier texto literario obliga a la recomendación de su lectura, análisis y disfrute. Pero en el caso del Mapa Poético, la recomendación se transforma en una calle sin salida. Primer motivo: quienes asumimos la misión de escribir la bienvenida al volumen correspondiente a cada uno de nuestros estados natales, somos jueces y parte. Es decir, compartimos la emoción de la lectura, tanto como la de ser una de las muchas voces compendiadas en este proyecto. Segundo motivo: la naturaleza de este mapa es en sí misma una invitación a la lectura por placer, pues sus líneas fronterizas no dividen, sino hermanan.

No estamos ante una antología, aunque a su modo bien podría serlo; muchos de los poetas aquí publicados seleccionaron y enviaron a los compiladores lo mejor de su producción inédita; y algunos más, son jóvenes valores hallados en los medios electrónicos, sin publicaciones formales, pero protagonistas de una labor digna de ser tomada en cuenta. Al no tratarse de un trabajo estrictamente antológico, podemos asumir que lo que encontraremos no ha sido pasado bajo la lupa subjetiva de un crítico, el criterio de lectura será tan libre como puedan serlo nuestros ojos. Lo importante no será etiquetar lo que es bueno o malo, sino ubicarnos en el mapa, leernos en los otros.

La utilidad de este compendio poético es múltiple. Los escritores podremos acercarnos a la obra de autores de toda la república, aún de nuestra región, que quizá nos eran desconocidos. Los críticos tendrán una vasta fuente de estudio de la poesía mexicana contemporánea. Editores y promotores reconocerán la importancia de la publicación y divulgación de la poesía joven y, esperamos, imitarán el esfuerzo aquí reflejado.

El Distrito Federal es la entidad con mayor número de poetas enfilados en este muestrario. Hecho que hace patente la necesidad de descentralización de la literatura nacional y nos compromete a ampliar nuestra mirada y dirigirla hacia todas las orientaciones posibles.

En el presente volumen, escritores noveles recorren el mapa de la mano de autores con trayectoria. Ganadores de premios y becas comparten un espacio editorial con plumas inéditas o poco conocidas; fenómeno poco frecuente, aunque necesario. Muy distintas propuestas, así como niveles de factura, nutren el territorio poético de la capital del país. Lenguajes heredados de la tradición y las vanguardias del siglo XX conviven con las construcciones frescas y depuradas, sin imágenes complejas, de los poetas incipientes. Diversos ritmos, espejos de las lecturas personales, componen una pieza ecléctica con estancias tónicas para todos los oídos y todas las memorias. La ciudad, sus habitantes, demonios, escenarios, su velocidad y sus sonidos son, sin duda, temas recurrentes. Pero también están las postales de otros paisajes, el amor, la conciencia social, soledad, sexo, muerte, filosofía, sueño, la poesía misma y hasta el alcohol.

Todo esto es posible encontrarlo en los otros volúmenes, pero el enfoque particular que nos confiere una geografía común podrá ser percibido por quienes tengan la oportunidad del leer el mapa completo. Una tarea ardua, pero jamás aburrida.

Les dejo, entonces, en brazos de noventa autores más seis, menores de cincuenta años, que, desde la enorme Ciudad de México, nos invitan a celebrar la poesía y disfrutar de su lectura.

Ibet Cázares.

México, D. F., agosto del 2008.

H. VERA, JUAN CARLOS, (1963).

DONDE LA ESPIRAL TERMINA EN UN OMBLIGO

(FRAGMENTOS)

Para mi hijo Ricardo

este año bisiesto

abrirás la boca como un pez que agoniza. Para entonces el aire quebrará tu frente tu cuerpo tu piel.

Y nacerá el llanto. El primero.

El primer gemido con el que maldecirás, por vez primera, el mundo y sus calles.

Entonces vendrá a ti el recuerdo de un mar lejano.

Te recordarás como un caracol solo donde la espiral termina en un ombligo, en un mar de soledades,

• 

qué importa que hoy llueva suciedad y no flores que la educación siga igual de podrida que los poetas continúen haciendo cola para suicidarse. Qué importa que la bebas o que la derrames si algún día este país será para ti el mundo entero lo será y podrás camellar sus avenidas,

y habrá que calzar los zapatos de la vida, y echar andar en busca de la muerte,

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


HELGUERA, LUIS IGNACIO, (1962-2004).

¡ALCOHOL DEL 96!

Extraña, misteriosa, perturbadora incluso, es la vida propuse, antes de subir a tribuna hablar del síndrome de abstinencia subí a tribuna y bajé de tribuna con síndrome de abstinencia me fui de bruces como si estuviera borracho me hicieron torta Jorge y Lalo me echaron agua en la cara y el pelo la sesión seguía yo no, ya no me llevaron al salón aledaño y me recostaron en dos sillas me quejaba de estertores alucinantes, dicen la cara se me puso morada, negra mulato azotado por el diablo encabronado del alcohol. “Ya se nos peló”, dijo Carlos.

Una morena hermosa AA, vestida de negro, que estaba casualmente de visita en el grupo, pidió alcohol del 96.

“Alcohol, alcohol”, gritaron los alcohólicos locos por todo el edificiio.

Mi ángel de la guarda hizo un cucurucho con una página del Playboy de Lalo regó mi ombligo de alcohol volví en mí y atisbé la sonrisa de la hermosa morena vestida de negro no volví a verla, pero no se desdibuja en mi memoria quebrada su sonrisa de Mona Lisa afuera pasaban raudos los coches.

Extraña, misteriosa, perturbadora incluso, es la vida.

Tomado de Los mejores poemas mexicanos. (2005)


HERNÁNDEZ DE VALLE-ARIZPE, CLAUDIA, (1963).

POEMAAjusta metales para los pies.

Aceita las endiabladas bisagras de sus caderas. Gime alta su plata de cascabeles y suelta ristras a la menor provocación.

Por ejemplo: una lluvia ligera, esa nota en vuelo, los atabales del mar o la espuela del granizo.

Suenen bronces canarios cuando se agita y esmeraldas recién desembarcadas hacen ecos de ciertas pupilas.

Se unta de brea bajo el hábito de sangrar los dedos, presagia suturas de sal en agua caliente, violeta de genciana, tijeras entre actos

y so bre ven das.


a Pilar Urreta y Cecilia Lugo


Sobrevendrá en el corazón -por pleonasmo- otro sobresalto. Cintas eléctricas contenturas para el que mira.

¡Qué voyeurismo éste de la danza!

Tomado de Blanco Móvil. No. 67. 1995.Te miro tal y como eras y recorro con los dedos como buscando algo de ti, en los caminos de la tinta, tu último recado.

En los recodos de las letras tus pausas me serenan.

Cuánta procesión traes a cuestas. Vas sobre el mundo con la tristeza que tienen los umbrales y los vestíbulos.

Una y otra vez me digo tu nombre y me repito las líneas de tu cara

y me digo también: de nadie el indulto. Tú no quieres eso. No te hace falta. Lo que ahora sucede, acaso, es que te veo no mirar ese árbol que evidencia la luz de marzo.

Tu valor interrumpe

 a Déborah Guillén In memoriam




la continuidad de mis noches.

Hoy fluyes con la enorme desgracia de habernos dejado más solos.

Tú al irte nos despojas y nos vences. Y con qué voz reclamarte, exigirte, perdonarte qué cosas.

Y SIN EMBARGO

Y sin embargo no hay remedio.

A su paso no queda rumor de las abejas o de otras joyas en la tinta del corazón. (Ninguna huella de aquel cúmulo de rosas). Y así como no hay espejo en la boca abierta del ciego ni piedad en la sábila llena de luz, cuando ella aparece cierran sus ojos los árboles y el viento decapita sus frondas.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


HUBARD, JULIO, (1962).

TRATADO DE HERMANDAD

Dejo a mi hermano andar por propia cuenta al llamado del diablo. Soy de la estirpe de Caín, ¿qué puedo hacer…?

Al cabo, ya sabemos que no quedan muchos descendientes de la pobre línea del pobre Abel. Porque son los dispuestos a morir, y mueren pronto y casi siempre jóvenes. Parecieran afectos a sangrar. La historia omite, sin embargo, el modo en que los abelitas envejecen. No es cosa digna de verse.

Una bondad supina los mantiene lozanos muchos años.

         De pronto, un mal día, su hermosa piel sin manchas comienza a dar de sí, comienzan a sobrar por fuera, a faltar por dentro, parece que les haya huido el ser del cuerpo.

Es el rencor. Ellos a ellos mismos, por dentro se van como royendo. Y envilecen.

Tanta bondad guardada. Y mansedumbre. Sus bestias quedan sin resguardo ni corral. Se vuelven fieras, es decir las que domaron y ellos mismos, entre los huesos y la piel, porque el ser les huye. Y envilecen.

Aprenden pronto a maldecir y a codiciar. Perdido su rebaño, aman las armas, la milicia. Aman mandar y obedecer. Les dura la bondad lo que las fuerzas de sus piernas y el humo catarral del sacrificio, si es que asciende. Después se debilitan. ¿Le dije que envilecen? Pierden vigor, dejan de hundir la hoja del cuchillo entre las carnes de la bestia y la asfixian. Que Dios me perdone, pero los he visto alzar chivos ya muertos de la carretera.

Pero el humo ya no les asciende, y cunde un tufo agrio y dulce. Como el rencor.

Tomado de Anuario de poesía mexicana 2005. (2006)


HUERTA-NAVA, RAQUEL (1960).

RUE DE SAINT MICHEL

Sombra entrepernada con la carne tu cuerpo que en el mío se estremece qué infiernos de la fiebre qué soledades nos habitan en la cúspide absoluta de la llama atajo de la muerte retorno de la piel humedecida

(era preciso hundirse

para lamer el fondo del pantano)

estallan ardientes los jilgueros destilan la semilla de la luz:

       un glande cubierto de rocío suculento fruto contenido flor de incendios saeta helada

                               bala expansiva del deseo.

RECINTO DE SOMBRASLas formas del aire son tus penas cristales de ciudades enmohecidas por el peso brutal de tanta historia el hastío de vivir en un país sin alma.

Las formas del aire son tus besos flameantes como el aire de mayo como la tarde en la ciudad ardiente desierto de lágrimas amargas sembrado con perlas de silencio de ese inmenso amor en el vacío la calle sin memoria del absurdo tus manos tu vehemencia son la nada.

El aire gran señor de los espacios aparente persistencia de la niebla ausencia del soplo en el espejo transparencia del mundo en la fuga del viento tempestuoso.

a la ciudad de México


 


APUNTES DE ALQUIMISTA

Todo se vuelve luna

   amuleto de lágrimas

               aliento del viaje de la vida Todo se rompe estalla rituales de la sangre atadura de la voz prolongación del grito corazón envenenado Todo se vuelve polvo trebolación del alma crepitan los trozos de mi cuerpo palpita lento el vaho destila los jugos esenciales Todo es lento calmo metalurgia de la plástica en el lienzo: huellas de saliva y llanto mi terco corazón enfebrecido en este breve lapso en que vivimos.

PARTE DE GUERRA

Encendida la piel es recuerdo encadenado a la rosa de los vientos del destino armado con espadas de verdades.

Los golpes de la lluvia en el acero entretejen la memoria de la niebla.

Soy guerrera antigua

sobreviviente de ciclones y tragedias coleccioné armaduras y quebrantos bajo el sol destructor de días pasados seguí los pasos ancestrales he cantado hazañas y derrotas conocí el final de este camino sembrado con espinas y plegarias

en ciertos días de sombra y soledad una mano de luz me ha sostenido con la más brutal de las piedades.


EXILIO MARINO

Los navegantes enlazan plegarias              cristales

(sirenas: jauría de alas)

el esquife penetra los oleajes con firme timón atraviesa los gritos y las sombras

mar del encarcelamiento (mapa de preguntas) precipicio del instante aliento del océano.

ROSA DE LOS VIENTOS1

El navegante escucha la voz del cielo nocturno.

Con el sólo instrumento de su vista y un mapa trazado hace siglos se guía por la Estrella Polar, el multicolor destello de las Pléyades de Sirio la luz más blanca, la luz más pura.

2

Tras la urdimbre de las nubes se tejen los destinos del viajero sonidos de nocturnos caracoles mecen el trayecto de la nave.

3

Con la piel curtida de estrellas la mirada que descifra tempestades en el color del viento nos conduce hacia el más seguro de los puertos.

para Jorge Ruiz Dueñas


 


PÁRPADO LUNAR

Marino terciopelo rigor nocturno ojo de plata veladura

cubres el fuego celeste líquido del canto ardes en mi garganta como verdad escarnecida.


HUICOCHEA, MACARENA (1960).

ENSALMO

¡Ay de la cólera del templo!

¡Ay de la demencia de la lámpara votiva! ¡Ay del silencio letal de las bacantes!

En vano el rigor de las columnas En vano la humedad del hipogeo Vano fue el paso de los Dioses por la arena

¿A dónde los cuerpos portadores del misterio? ¿A dónde la sed de tantas lanzas y la oración jadeante del fuego en los graneros?

Soy sólo el caramillo funerario

Sólo el velo desgarrado en la penumbra El pan crudo que devoran los chacales Tálamo obscuro que embalsama la hiedra

            Alguien ha roto el cielo:

Amanece el tigre asesinado en medio de la fuente.

Tomado de Poetas en Tierra Adentro II.


IRAZABA, TERESA (1968)

I

Esa madrugada

el sonido de la ambulancia fue detenido por los soldados

La navaja de un bisturí cortó mi amarre umbilical del vientre de mi madre

Mientras

cientos de metrallas dispararon y abrieron otras carnes

A la tierra arrojaron sus cuerpos una fosa clandestina es su nuevo vientre a mi me dieron un nombre a ellos les borraron la vida

Sus madres palpitaron con el vientre hueco los soldados las obligaron a quedarse mudas

II

Sólo mi madre recuerda la masacre de Tlatelolco

Para ella su lucha es tener una familia

Una casa con ventanas abiertas para que entre el sol la ropa dulcemente alineada para un padre ausente

La cocina es su compañera y enciende todavía las luces para alumbrar a sus muertos

En mi casa con serpentinas y confeti de colores se festeja mi cumpleaños para ocultar nuestra soledad nos colocamos un antifaz sonreíamos un rato a las visitas y cerramos la puerta Mi padre con nostalgia recuerda la antorcha olímpica del 68 nunca habla de los jóvenes masacrados ese dos de octubre A mi me rebautizan diciéndome que no fui asesinada pero siempre me pregunto si ese día no dispararon en mí alguna lenta muerte

MI MADRE EN LA COCINA sólo mira como caen lentamente las gotas de la leche caliente y para sobrevivir enfría su propia soledad

En su fragilidad

soñó con ser moderna y sin protestar se mordió los labios

en mi casa lo único que tenia permitido

hacer ruido era la licuadora

Mis perros para esconder sus ladridos se fugo

Y yo giré

prendida de mi triciclo Una vez y otra otra vez sin lograr escapar

EL VOYAGER ya lejano observa

un planeta minúsculo

La tierra es una pisada de de Dios

El hombre desde su madriguera masacra tortugas susurra muerte a palazos asesinan una foca bebé Mientras en mi ciudad veo a una niña amamantar para el suicidio a su hijo recién nacido el sabor que tienen los chocolates no le preocupa con pastillas y ácidos se crean mejores planetas

El hombre busca su fe coloca trampas

para los más pequeños roedores los captura con veneno los marca con balas los deja sin piernas sin lengua no le interesa saber su especie sólo mata negros árabes ratones y niños

Es capaz de arrastrar a todos muertos

como comida rápida de cualquier supermercado


JIMÉNEZ, RICARDO, (1964).

MI YO SEDUCTOR

No soy un hombre particularmente atractivo.

Sólo tengo el olfato desarrollado, eso es todo.

Sé oler la brama en una colonia barata.

Sé acomodarme en charlas aburridas sobre ex novios.

Sé colocar la mano justo antes de las reglas.

Sé leer los labios de una viuda, de una dejada, de una urgida.

Sé valorar los cuerpos con su dimensión de soledad.

Sé decir las palabras usuales para eliminar dolores de cabeza.

Sé decir menstruación cuando hay que decir menstruación. Sé decir chistes obscenos y maravillosas historias de engaños.

Sé aflojar una tuerca atorada en una vagina.

Sé llevarme la mano a la cabeza, sé fingir los sueños...

Y sé masturbarme cuando todo lo que sé no se ha manifestado.

Tomado de El club de la vanidad, (Tintanueva ediciones, 2006).


KHONDE, EDGAR, (1979).

PARAFRASEO A LEONARDO NECESARIAMENTE

Parafraseo a Leonardo sí, tampoco mi trabajo

tuvo la calidad que debió haber tenido he ofendido por lo tanto a la humanidad y quizás a Dios qué mierda llegar a casa con los zapatos mojados para encontrarme líneas pobres líneas como las mías que apenas son un balbuceo encontrar los platos sucios del desayuno y la comida descubrir que las cucarachas no terminaron con las sobras allanar la osucuridad de mi cuarto y no atraverme a encender la vela por pena a mirarme en el espejo quedarme sin luz tirado en la cama sin gana de llorar sin fuerza para tomar una pluma ni sentarme frente a la máquina de escribir

pero no culpo a nadie

sólo yo y mis fantasmas somos los indolentes que nos hemos creído poseedores del lenguaje así que si me lo permiten y aunque no goce ya de ese derecho disculpen si me retiro habrá ya otros poetas que merezcan el aplauso.

SE ME OLVIDÓ QUE IBAS A VENIR DEL MAR

Como la marea que se traga las huellas del amante desahuciado Me dijiste que vendrías para salvarme de tanta muerte Del ocio de quien espera en vano a una mujer y se queda En el intento de capturar la arena y asirla Entre los puños, así me dijiste que volverías

Entonces no hubo vesubios que no intentaran ahogarme en ceniza No hubo maremotos que no me cubrieran la vista Pero esperé en la playa aunque Circe nunca cejó en el empeño de querer devorarme En medio de huracanes yo me quedé como fiel monolito pascuense Esperando vuestro retorno

Pero lo olvidé

Se me perdió tu piel Extravié mi deseo

Se quedó oculto en las eras del mundo Se volvió fósil Encerrado en el carbón y el hidrógeno

Se me olvidó que ibas a venir del mar Por eso Lourdes, no te reconozco.

NO SÉ SI HAYAN VENIDO

no sé si hayan venido pero tocaron fuerte y derribaron el silencio y despertaron al bebe

y camuflados por la noche se llevaron los libros quemaron los papeles voltearon la despensa y se miraron al espejo

y se orinaron en el suelo

y trataron de arrancarme de la pluma

no sé si hayan venido porque en los titulares ninguna protesta

y las pantallas tampoco dijeron nada

pero en el caso infinitesimal que hayan despertado al bebe y derribado al silencio y orinado en el suelo no pudieron arrancarme de la pluma ni traído ninguna peste.

¿EL SILENCIO?

Un muro

que trae todas las voces contenidas los rasgos de la infinitud de hablas de reyes, legionarios, caballeros

De la península al estrecho

del esclavo que compuso una plegaria la niña balbuceante, el nigromante bardo que fueron una y mil noches contadas

(La cantidad de los posibles fonos que el artífice de lenguas comprendía en una Babel ya muy lejana La cualidad de distintivos el mar que se interpuso al continente y la tierra que elevó sus montañas)

Los cuadernos donde cuevas

se intentó dejar la herencia de oraciones esculpidas en el más ralo elemento

Y las nunca registradas objetos del estudio del profeta la voz del primer día o la primera noche la garganta en el grito de quien dijo ser el hombre

¿pero el silencio?

dónde queda después de la palabra.

LAILSON, MARCO TULIO, (1966).

CONJURO

(LA LUNA CON GORRO DE PAPEL)

A Beatriz

Si pudiera poner nombre a la manzana que en el corazón guardas, cuando el sol, cocinero jovial y rechoncho, extiende su mantel blanco y nos invita a almorzar el nuevo día.

Si pudiera poner nombre a la naranja que a gajos me ofreces, cuando ríes y el viento pasa ligero en monociclo, se quita el bombín y nos saluda.

Si pudiera poner nombre a la paloma que aprisionada en mi mano tiembla en tu pecho, cuando la lluvia se sube las enaguas y nos sonríe coqueta.

Si pudiera poner nombre a la luna que en tu vientre crece, cuando el viejo mar sacude su barba y su melena, y nos silba canciones caracolas, y en ademán de gaviota nos da los buenos días.

Si pudiera poner nombre a tu rodilla cuando el frío es calaca que carcajea y baila al doblar la esquina.

Si pudiera poner nombre a la aurora que en tus ojos se abre, cuando amanecen tus párpados, y la luz es muchacha que lava sus muslos en la fuente.

Si pudiera poner nombre al ángel que en tu espalda duerme, cuando se revienta el cántaro y en el hombro de la cascada vuela el agua y nos canta su canción de peces.

Si pudiera, en fin, tenerte no te hubiera nombrado en este poema.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


LE CALVEZ, GAËLLE, (1971).

EL PRINCIPIO

Habitada la casa. Por tu olor. Habitada en todos los cuartos, por tus ojos. Habitada en el cuerpo. Nueve meses y medio. Por tus tiempos, por tu llanto, por tu voz. Donde las nubes se hacen agua. Habitado cielo. Donde las ventanas se abren. Donde el calor espera, en el centro. Donde el fuego se mantiene. Donde uno más uno suman tres. Donde el amor se multiplica. Donde la palabra es el comienzo.

LA SORPRESA

Una rana diminuta con el corazón más ancho que su cuerpo, más fuerte que mi cuerpo. Tengo sus latidos para caminar por el mundo. El mundo en el cuerpo. Tengo la sorpresa hecha nido. Somos tres (me concentro en los actos pequeños: dormir, comer, descansar). Soy solamente en los infinitivos.

RAS DU SOL

A veces ruedo. De un lado al otro de la tierra. Tengo seis años. Tengo treinta y tres. Tengo un vientre casi plano. Tengo el vientre lleno de voces.

SHOPPING

Comprar devorar el interior de los almacenes llevarse lo liso y lo rosa en los ojos ésta no es su talla no es para mí no es su talla es para él no está aquí pero no está lejos me pregunto si piensa si me piensa pensar no es la palabra mientras el vino nos recorre y en la mesa se discute sobre la pareja

¿qué pareja?

Se aman se casan son felices luego ya no son felices tienen hijos los hijos también tienen hijos se aman se casan (ya tienen hijos) y son felices los padres cuidan a los hijos de sus hijos (no son felices) mientras los miro me sostengo en silencio ¿o es el silencio quien me sostiene? la palabra pudre o es la continuidad lo que falta los hijos de los hijos hablan crecen comen carne Los padres cumplen con los deseos de los hijos que tienen hijos cumplen años festejan juntos los días festivos mientras los miro toco mi vientre como si él tocara mi vientre (no es su talla no es para mí disculpe) en las rosas vitrinas el aliento se contiene

Las altas cúpulas respiran bajo la niebla

Las estaciones visten a las vitrinas si sólo llueve y no llueve ¿cuál es la diferencia? Quienes sólo pasan no tocan no compran se detienen a veces para observarse a sí mismos su reflejo penetra y luego se diluye o simplemente desaparece

Comprar o ser comprado por un precio por capricho quien posee es quien dispone y reparte los contratos caducan luego ya nada tiene nombre los hijos son pretexto si los hijos tienen hijos ¿dónde está la pareja?

Cada semana vuelven los domingos la familia sale de compras o duerme come carne cada año los días festivos el día de la madre el día del padre y al final del año el año nuevo También suceden los cumpleaños y los sábados

La vitrina permanece en la oscuridad dos veces al día: los días festivos (después de las compras) y los domingos en su doble función la noche y el día desfilan quien compra y quien sólo pasa en el restringido espacio los ojos se acostumbran a la noche

Intercambio de mercancía compro usado liquidación total sin derecho a devolución (la ausencia de movimiento o el silencio se regalan) si no compra no mallugue

No se aceptan devoluciones.

ES EL TIEMPO LA DISTANCIA

Es el río la frontera

El espacio que une o desune a la tierra Es el río El puente más ancho De uno a otro abismo De uno a otro La única frontera

la piel del agua

DISTANCIA VERTICAL

A Arturo David Ortigosa

La distancia toca los rojos edificios en Times Square todo se muestra

como una mujer sin abrir                  sin abrigo sin desnudarse de tanto El triángulo más vendido         el sexo del mundo Espectaculares                  rostros para ningún transeúnte Altos comercios respetables almacenes  monstruos verticales de vidrio Olas de cemento estallan en el cielo o se contienen a sí mismas a punto del orgasmo

La ciudad sofocada respira

A mi lado el señor más elegante de Manhattan   se desliza.

VISTA SOBRE MANHATTAN

En aquel pedazo de tierra domina el paisaje

verde sirena    madre   fuego eterno sus senos despiertos apuntan: cielo infinito y agua entre las piernas  

La única distancia es el río.

Estos poemas pertenecen al apartado de la isla del poemario Los emigrantes


LEZAMA, LEOPOLDO, (1980).

CANTO METAFÍSICO

IV

No me preocupa el tiempo sino la misteriosa manera en que las cosas parecen demorarse: El intacto enmudecimiento que va y viene en el esbelto minutero El lento y silencioso avance de las sombras de la tarde Sobre la quietud del muro Su vértigo grisáceo que poco a poco se va debilitando.

El viento que muestra sus ágiles peldaños como cristal aéreo O como somnolienta pluma de ave diamantina.

El peñón que se atenúa desmenuzando la lenta opacidad de los caminos Empañando el ojeroso manantial y su reflejo inválido.

La suavidad de la marea como melódica expansión de cautelosa ventisca En la cansada evaporación de aquel murmullo salino Que desorbita los sentidos hasta retornarlos a su caudal primero. Luna que desnuda el pedregal rumiando en su pálida moldura Y rústico organillo que devuelve oficio a los faroles.

El tiempo, su recurso de enturbiar sus rutas hacia la insondable materia Que prolonga el insomnio con sus tantos atavíos Como la calle y su concentración de ornamentos luminosos.

Y cae la noche calcinando con su costra húmeda la blancura de las manos Segregando en volátiles espesuras que siembran las velas de los barcos.

No es el tiempo sino el aroma de las páginas que hacen pensar en el sabor del café En el transcurso inquieto, insaciable del río nocturno Su profundo secreto de ágil animal enjuto.

No es el tiempo sino el transcurso de la gota que recorre la persiana Es el grito de la áspera bombilla desdoblado sobre el mantel ensangrentado Es la abolición del campanario Es en fin La manera en que el vapor del tabaco debilita la bombilla Mientras afuera Sobre la ciudad que convalece Cae la lluvia

Tomado de la revista Alforja de poesía. No. 37. Verano de 2006.


LOO, SERGIO (1982).

CUERPOS SIN NOMBRE

                      difuminados en las sábanas.

La cama queda lista

para que dos, algunos dos,

algunos hipotéticos dos;

tú y yo,

            por ejemplo,

                                crucen en ella la noche.

CAMBIAN DE PIEL LAS LENGUAS para

                                           en el ciego encuentro sostenerse falsas

                                                        y amapolas descubrirse.

NECRÓFAGA COMISURA DE TUS LABIOS SE REMIENDA A LA MÍA

y nuestra sonrisa, que ahora es una sola, desangra claveles rojos, claveles oxidados, claveles a borbotones.

Ramillete chorreando sin raíces de arrepentimiento.

LA CIUDAD EN ANSIA SE RETUERCE Y SE DESCUADRA.

Hay delincuentes en las calles y cocaína en el tacto.

Las carreteras están enervadas en líneas azarosas que van, se cruzan y abren tus muslos.

Te perforo contra la pared.

La fricción quema nuestros cuerpos hasta que el corazón, bañado en gasolina, se rinde al capricho de un fósforo

                                                       y se adelanta al placer.

La ciudad se retuerce por ti

                                           y apenas dormimos nos traga.

SU CUERPO EN UN EXTREMO Y EL MÍO EN EL OTRO DE LA CAMA, tensos. Ojos en blanco. Manos tensas palpan el cuadriculado silencio emergido donde antes, apenas unos días, pliegues de sábanas eran, para nosotros, laberinto amurallado vuelto jardín.

Hace apenas pocos días que mi centauro cuerpo en el suyo no se pierde porque hace algunos días, entre frases mal tiradas, puestas en jaque por sí, noté el hilo de un extraño internado entre sus piernas. Hace apenas unos días enrocados entre el “Es tarde, hablamos luego”, que nuestras miradas párvulas avanzan casilla a casilla, esquivas para no comerse.

Sobre blanca sábana, cada vez más breve,

atrincherados cuerpo a cuerpo en un lecho que clama guerra, nos mantenemos quietos, con las miradas paralelas, rumbo al techo. Cuidadosos, porque cada palabra son dieciséis piezas ennegrecidas contra el otro.

Quietos y cuidadosos, buscando la quinta torre para ahí guarecernos, buscando el movimiento menos contundente.

DE LOS MUEBLES DE LA ALCOBA BROTAN CÁNTICOS LUMINOSOS HAMBRIENTOS DE VERNOS.

Un son de sangre

                y ritmo en las venas que culmina

                                   en una flama silenciosa cuando vierto semen en el fondo de tus espasmos.

Tomado del poemario Claveles automáticosUSTED SABE, SU SILENCIO

Enorme señora, usted sabe que mi tumba es el cosmos infinito, que usted y yo respiramos entre muertos, que juntos mordemos el orgasmo a pesar de los años. Sí, usted sabe que mis lágrimas esponjan sus senos abiertos a mi lengua, al beso desnudo del vampiro enternecido por la cava de su pecho.

Usted sabe que mis manos que alisan los labios de su pubis, que frotan la firme suavidad de su carne morena, son las mismas que pulen cristales de la noche para ver sus sueños. Usted sabe que no le digo todo esto porque quiero creer que su silencio ya lo sabe.

LOS AMANTES SE HACEN EL AMOR


LÓPEZ VALDÉS, MAURICIO, (1964).

A María Luisa Valdivia


Los amantes se hacen el amor y la tristeza. Son dos gotas de insomnio en la nariz herida de la noche. Son el silencio de sus propios pasos en las calles solitarias del alma. Son dos muertos que se abrazan para iluminarse la mirada: son dos iluminados que se saben ciegos.

Llevan la gracia del tacto en el aliento, se acarician cuando callan. Con la humedad del sexo se bautizan mutuamente, se nombran, se adivinan. Huelen a tierra y a misterio. En las uñas guardan la memoria de su tumba; no están vivos: sueñan, se pertenecen a pedazos: son muñones que buscan otro poco de su carne.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


LUNA, LETICIA, (1965).

SIN PÁJAROS NI MADRESELVASCruzaré por tu calle como por tu cuerpo con un poema desnudo de toda enciclopedia

quién soy yo para nombrar tu claridad en un amanecer que se sonroja boca de mirlo con sed y sin abrigo

Para ti no tengo coartada, ni gloria, ni infinito no tengo amaneceres, ni pájaros, ni madreselvas no tengo avestruces en cuyo vientre acurrucarte

Para ti no hay espinas, ni aduanas, ni soldados no hay sombras, ni famas, ni gorriones no hay púas, ni codornices en el estómago del día para ti sólo tengo mi vocación de gaviota triste mi vuelo y voluntad de arena

TAMBIÉN ESCRIBO PARA TUS OJOS

Todo puede esperar

en el momento en que encuentro tu poema en una vieja revista

tus ojos de paloma tu caminar sin agua

y esa extraña afición por las putas y la gente de la calle

Imposible apagarme un cigarrillo en el pecho para sentir dolor

sigue comiéndote el silencio de escribir con rabia de esconder tu coartada infinita dándole vuelta al aplauso y al sutil artefacto del odio

Después de todo

yo no soy una mujer que carga

con tu millón de maneras de perderla


A Benjamín Anaya


Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)

LUVIANO, ROBERTO, (1975).

ERÓTICA DE LA PODREDUMBRE

(FRAGMENTO)

XIX

“lo deseable del instante es desdeñable para el espíritu”.

Deseo melancólicamente el instante el origen del soplo la cúpula celeste

terriblemente desdeñable la monstruosidad abyecta del espíritu

Desnuda te poseo en el vislumbre del vértigo la respiración de la podredumbre

ciego está mi espíritu hembra del instante

XX

El deseo comienza en la duración del vértigo en la ironía estelar

me duele la hembra y su nombre

Pierdo la ruta de la marea y del polvo de su clítoris Deseo y podredumbre Ceniza solar en el crematorio

XXI

Regresa al punto de partida

a la seducción de los relámpagos y de los vestigios visión de vértigo y suplica

El deseo se encuentra en lo abyecto crepuscular en las estrías en el punto reversible de las corneas

en el vértigo de la podredumbre

el deseo se encuentra en la muerte y en el escarabajo

el coito solar

XXII

El vómito del llanto lo exterior la caída del mar sobre el azufre

Suplica del tiempo desilusión vertiginosa de la sed corpórea Suplica de las bocas desnudas vientres de relámpago

Los cuerpos se penetran la penumbra

ilusorios del instante se seducen mortales en la putrefacción del sentido El vómito de la nausea suplica de la devastación Suplica del soplo del aliento y el ritmo El vómito del llanto y el azufre

XXIII

Tu cuerpo discontinuo del tiempo de las comisuras del infierno

Tu sexo solar y el llanto la desaparición del deseo Ilusión de horizontes vislumbrados

Quebranto las llamas y el rescoldo del coito solar reversible de la muerte y continuo

poseemos el llanto de las estatuas

el único llanto la única lagrima sobre el rostro de barro

XXIV

La ráfaga de los sentidos y el escarabajo la piedra ilusoria de los miembros

Me duele el sentido y la eternidad Efímero ser absoluto

XXV

La certeza se quebranta y el llanto monstruosamente destruida en la ruina de las estrellas vértigo en los ojos del barro angustia abismo crepuscular de tu clítoris piedad y nausea ritmo y miasma podredumbre lo eterno se levanta el beso y la catástrofe

Tomado de http://www.escenica7.com/robertoluviano/erotica.htm


MARÍN GOVEA, ELÍAS, (1974).

REGRESA

Dime que la noche nos envolvió de peste sólo por el desagüe que cayó a nuestro lado. Dime, que en la tierra, detrás de este velamen pálido

germinarán tus senos y embriagarán mis labios como el milagro del vino. Dime, que luego de las lágrimas, estos voraces gusanos se transformarán en los hilos que unan nuestras bocas...

Ya no importa que la discusión por tu estancia al otro lado del mar, con otras páginas, con otras manos más fuertes que estas ramas marchitas, deshagan la utopía de estar contigo. Sólo regresa, cava en lo hondo de ti y dime por favor, dime por favor que aún no he muerto.

Tomado de http://www.prometeodigital.org/MUESTRA_MARINGOVEA_0372.htm


MARTÍNEZ ESTÉNS, MARIANA, (1979).

OYE,

Tengo que volver a verte.

Sentirte amanecer, oír tus promesas, tus incoherencias.

Decirte que no sin dejar de tocarte, decirte «me voy», con los pies enraizados en el piso mugroso donde cayó el telón de nuestros cuerpos.

Te repito y lo sé, amo a Diego y me es difícil dejarlo.

Debimos decir algo antes de estar así, paralizados de orgullo, sordos al palpitar de labios y la explosión inevitable de estas manos desobedientes.

Sospecho, que es más fácil prometerle a mujeres ajenas, pero diluyo esta poca lucidez en la lengua, mientras voy saboreando tus cuentos de cuervos y reptiles, fingiendo que nunca los había oído antes.

Nunca de tus labios.

Busco desaforada quien me mienta, quién me diga su musa, su todo, promesa dejar de fumar, ir al gimnasio y hacerme feliz como quien pinta una barda.

Un «fixer upper» es la tentación suprema de cualquier mujer criada por las telenovelas.

Amo a Diego y me es difícil dejarlo, pero no imposible.

Hoy de mañana, guardé todos sus regalos, porque es martes y viene la basura, quiero no saber que dejo un hombre bueno por un hombre del que solo sé tres fobias y que le gustan los perros.

Vine, porque me prometiste un elefante.

Tomado de http://laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/2007/04/mariana-martnez-estns.html


MARTÍNEZ LIRA, ALEJANDRO, (1975)

ME PIERDO ENTRE LA GARGANTA DEL INSOMNIO

Me pierdo entre la garganta del insomnio, de la noche que levanta sus siglos, mi temor de cuerpo dividido en las sombras, los muros, mi voz, los cristales, mi descuido de no saber lo que pasa;

sólo entiendo tus labios, desnudos, concretos sobre la insalvable isla de los míos;

sólo entiendo tu carne, tus manos, la noche todo lo que salva a mi muerte de morir fuera, distante, afuera de todas las fronteras de tu carne.

Se derrumba mi cuerpo sobre la noche;

mi insomnio se sabe en otros ojos, otra boca; no hay nombres, idiomas, alfabetos; y lo que no es tiempo es conjuro, es mundo, entiendo, son labios, todo lo que salva a mi muerte de morir fuera, distante, muy afuera de todas las fronteras de tu carne.

TE BUSCO

Me levanto,

noches azuladas de insomnios vivos.

Busco por las plazas, las avenidas y los parques; te busco por la ciudad y rodeo mi alma:

te encuentro, desencuentro, humana, tacto celeste.

Y es que tus ojos reflejan el mundo como la nieve de la alta montaña su noche; y es que tu cabello que aman mis manos es como los vientos que bajan ya por la tarde desfiladeros, las nubes, las sombras… Pero ahora ven conmigo hasta mi cuerpo, hasta eso que llamamos espíritu;

tus labios entre mis dedos, tus dientes, tus labios; debajo de tu lengua hay un sueño húmedo de siglos, de luna, alba, sol y de tierra.

Y es que eres hermosa, amiga mía, amantemente hermosa, amada amiga mía;

tu cuello es rosicler en que se inclina mi beso, tu sonrisa también es como las garzas que atraviesan en silencio el alma de los ríos, y es en tus pechos donde la luna se acaricia de cuarto creciente entre los cálidos colores del anturio.

Te busco. Tu cintura cómo ondula delgada, tibio aire de agosto.

Te busco por la ciudad y rodeo sólo mi alma;

y heme aquí entonces, arrancándome de todo, poema de hace siglos para salvarme, de algún modo, de tu ausencia.

MI VOZ ES NUEVAMENTE UN VACÍO

Y mi voz es nuevamente un vacío con la que me llamo y también respondo, soledad cotidiana sin destino, con mi nombre, la soledad, escombros.

Mi voz es una nada sin sentido, flor que muere, ya seca, casi polvo, ya muerte, tanta muerte sin oído, una sed que quema mis labios rotos.

Mi voz, palabra tan seca, sin labios, tuyos o míos, es agua sentada, es ya sombra, niño muerto cercano, tibio todavía, luna callada tibio de beso fresco, muerte y ocaso. Mi voz, un viejo trapo de mortaja.

JUNIO

Mi palabra está nublada de junio, fugaz melodía, oscura ventana como tu cabello. Junio, primavera que ignoro mientras huye, mientras sé

que la tierra dispersa sus ángeles muertos en la mirada. Conocerte así, tarde que se despeina por los rostros, en la mejilla; nostalgia que te recorre el cuerpo cuando te miro y no hay nadie. Junio, aleteo y lluvia, tierra, corazón que ha caído muerto de su nido.

MIS LABIOS SON OCASO ENTRE EL VIENTO FRÍO

Mis labios son ocaso entre el viento frío y es así que nombro tu dormir, plumaje de luna que’s silencio al desnudarse, que’s suspiro blanco como fantasma que se desprende tibiamente de la soledad y el destiempo. ¿Artemisa? No.

Aquí son otras tierras

                                  y tú otro nombre. Aquí perforo los cristales de la noche con una rosa de las nieves, donde’l Anáhuac ya no se extiende sobre’l jade, donde de vez en cuando los ancianos y los magos son garzas que se pierden entre las nubes y las sombras. Aquí, el sauce viejo, ciudad que acaricia a veces tu tristeza mientras el sol es ave que se quiebra’n tu cabello y la luna un pequeño jardín que se resbala de tu rostro. Aquí, el sauce viejo, blanca nostalgia sobre las calles, ciudad que ya no se extiende sobre’l jade, donde yo, descalzo de estrellas, corazón vacío al viento, m’envuelvo de grafías de locuras, palabras y de muertes para dormitar finalmente tranquilo sobre la nómada anatomía de tu sueño.


NO ES UN FANTASMA EL QUE RECORRE AMÉRICA

No es un fantasma el que recorre América, es el sudor con el que se construye un continente; los años humedecidos de barro y de maíz de nuestra carne;

la gente que se desposa tierra con su futuro. Americano también,

tengo el continente atiborrado hasta los genes: mi madre, mi abuela, los tantos siglos frescos en mi rostro; el deseo de bajar del asta de estas tierras la bandera de la muerte, la explotación y el desprecio.

Y es que sé que en la mar, los campos, las montañas, las ciudades, el desierto, las selvas y las llanuras, es posible la libertad en que se ensemillan, puño en alto, todos nuestros muertos, nuestras almas, el futuro. Así pues, levántate: América Bolívar, América Martí, América Guevara, América Nosotros.


MARTÍNEZ VÁZQUEZ, ALEJANDRA, (1980).

FUNDACIÓN

intento una ciudad / cierra tus labios imagina suficientemente claro que te nombro que conduzco tu piel hasta la acera / puedes verla buscamos una noche y aparecen dos lunas borremos la primera perfectamente logras distinguir el suelo frío y de piedra como las multitudes poco a poco se disipa nuestra niebla bailan nuestras luciérnagas se besan nuestras calles como hadas ahora nuestras manos un niño en un pañuelo un poste un aeroplano un grito un restaurante una familia un parque una ventana las abejas un poema una novia el carcelero la memoria un silbido cuatro perros tu dios en esa esquina las guitarras en mi talón derecho la mar transida en saledades turbias lo comprendes ahora y debes irte te vuelves te disuelves / mírame desdibujas y surcas / llórame respiras nuestra póstuma palabra olvídame déjame tu silencio dame la espalda para que yo florezca la ciudad que has creado

AUTOPSIA

Qué son los labios sino dunas abiertas, asonantes. Perdidas. No importan para nadie.

     El tiempo ya es un sorbo de nieve azul y seca.

Rotas las luces,

disponemos a oscuras la escena de otras veces. Siempre tan personal, tan silenciosa.

Evitamos vacíos innecesarios; los ojos, sobre todo. La mirada es un síndrome terrible.

Entre instantes perfectos llega éste: la música de un cuerpo es orquestada de fin a principio, sin retorno posible.

Somos ápeiron. Fugaces contornos de un canto o un grito.

ESTO PASABA LEJOS

Me conoce su ausencia. Estuve cuando el frío, soñé con su rebozo. Supe siempre de los dioses sordos, de los cenzontles trágicos y tibios. Se me acabó la voz cada dos pasos, en el vagón del frente, en la taberna, en la ciudad floreada, cuánto tiempo sin carne, qué dolores de hierro. Parecí dudar ante las campanadas, una lluvia de soles, la piel bajo esas manos. También me deshojé al contacto de los héroes. Vi navegarle el grito, mar y luna. No cesé de buscarle, sal y miedo. Empedré mi trayecto hasta su casa. Tuve un murmullo apenas para el gato, esas plantas, la madre. Lloré sobre su mesa, las ventanas miraban hacia adentro. Elegí esta trinchera para aguardar su vuelta. Me quedé dibujando las siluetas que el olvido amenaza. Estoy en esta guerra. Aquí guardo los restos del silencio, bajo mi falda tuya.


MATA SANDOVAL, RODOLFO, (1960).

ESQUELETOS DE LUZ

Medianoche

Ohm profundo del refrigerador Un paquete olvidado de granizo cae sobre el teclado

En la pantalla

un traveling vertical revela súbito un ejército de números

Palabras en destierro los esqueletos bailan en su luz.

RIMBAUD IN THE SKY WHIT DIAMONDS

En mi mano derecha llevo una manopla ancha roja Es la letra A

En la izquierda no tengo nada pero en el brazo tengo un brazalete

verde, de cuero, como de arquero Y no sé por qué pero es la letra E

Uno de mis zapatos tiene forma de O

Y yo voy saltando de cojito Oh Oh Oh Oh (entre nubes) Y ya ves Nada

La i es mi otro zapato El punto, la piedrita que voy pateando

Me he puesto la U en la cabeza como un gorro o a manera de casco porque es duro Las palabras son duras

Sin embargo

me han puesto a volar Y aquí ando como si nada

Ellos mandan en cierta forma ellos mandan

Yo sólo hago cara de ángel caído

Tomados de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. Ediciones Arlequín, 2004.


MATÍAS, SANTIAGO, (1976).

ENTREVISTA NO. 3

(FRAGMENTOS)

MA —¿Quizá parezca muy antiguo hoy, quizá envejeció muy pronto? ¿Piensa que su trabajo fue considerado muy moderno en una época y después, de repente, muy superado?

FB —Véalo de este modo: de aquello, de aquel que fui, no queda mucho. En su momento sólo fueron opio y plata vieja. Usted y yo lo sabemos:

el pájaro casi siempre está solo frente al rayo.

MA —¿Cómo es eso?

FB —Pensemos, si le parece bien, en Bartók, en una balanza de pesos negros. Si todo equilibrio proviene de algo, entonces, la fuente de la que bebemos no es sólo agua y piedra, también es partitura, ensamble, cientos de insectos subiendo por la rala tapicería.

MA —¿Podríamos decir, entonces, que usted rechaza toda explicación de su trabajo?

FB —Sí. Las explicaciones como los juicios me parecen innecesarios. En cambio, una tentativa o una posibilidad pueden darnos múltiples señales:

lo opuesto está en la mirada

en los aparejos del cuerpo por donde la luz asoma

a fuerza de pensar en esto he podido formarme una imagen

es de noche y hay un cadalso

Muriel Belcher sostiene firmemente mi cabeza

sobre el piso a la izquierda puedo ver una bandeja

dentro están los diecisiete ojos de mi madre

MA —Por otro lado, si entiendo bien, ¿para usted el gran referente sigue siendo Shakespeare?

FB —En cierta manera, a la semejanza de las palabras se interpone (disminuido) un silencio. En Balzac, por ejemplo, eso que allí silba son monedas, digamos un MODO de extraer la verdad. Lejos de todo eso, aún la palidez del gusano nos transcribe.

MA —¿Y ya que hablamos de influencias, cuáles son las pinturas que más influyeron en el joven F. B.?

FB —Picasso me impresionó enormemente. Su capacidad de NORTE y archipiélago nos deslumbraba. Puede que fueran espejismos, algo como un sonido de roedores detrás de las puertas, pero, acaso, ¿no preferimos un leve hallazgo que lo que apenas sospechamos? ¿Un pardo decorado que el descampado de las colinas?

En los rostros que él pintaba el sometimiento de la luz mentía.

MA —¿Y P. Morrisey?

FB — Un perpetuante, sencillamente un irreductible.

Lo conocí en casa de la princesa Radziwill, en Nueva York. Después de presentarnos, lo primero que hizo fue sacarse la camisa y mostrarme el torso. Salvo las magulladuras que le cubrían gran parte del pecho, el color de su carne era de un blanco tan intenso que sentí nauseas, pero también irrefrenables ganas de tocarlo. Hasta ahí llegó nuestro encuentro. Una semana después, recibí en mi estudio un paquete de fotografías. En todas aparecía Morrisey sodomizando a un perro.

Tomado de http://laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/2007/02/santiago-matas.html


MEDINA PORTILLO, DAVID, (1961).

HAY RESTOS

Hay restos

de madera que un accidente trajo hasta el rincón de este depósito. Veo el agua sedimentada y pienso qué poco la humedad ha reblandecido aquella delgada corteza. Son objetos para durar aislados, como soportes únicos del pensamiento.

QUE UNA PALABRA Y OTRA SE ACOMODEN

Que una palabra y otra se acomoden para animar al árbol. Eso quiero: un árbol.

Tronco y ramas habitados y en el centro de un idioma familiar. Un árbol para decirle manto, fresno decirle cielo al pino del animal doméstico.

Allá estará, alto

tras un declive plantado al fondo que el sol divide. Cielo al pino le diremos múltiple, aparición que nace y en cada palabra crece.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)


MEJER, VALERIE, (1966).

LA RESURRECCIÓN

La resurrección sucedió en octubre en un país de aire finísimo ante la proliferación de girasoles.

Los sepultureros encontraban aquí y allá cazos de miel, fragmentos de alas y aureolas deslumbrantes.

Y mientras sometían todo a un riguroso examen los hirió un enjambre de abejas y olvidaron los números y ciertos propósitos oscuros.

Apareció en esos días una mujer con el rostro dibujado por Leonardo solicitando los restos de su hijo.

Los sepultureros le entregaron un féretro pequeño que ella colocó debajo de su manto.

Dejó atrás asombro

(porque su carne era de rosas), avanzó encorvada unos pasos y al aflojar los goznes de la caja saltó un corderito balando.

Tomado de El manantial latente (2002).


MERGRUEN, ÉRIKA, (1967).

TRAS LA NOCHE DE BENGALAS

Despertar un día

para mirar tras la ventana el horizonte vencido, los techos abiertos y las fachadas lamiendo varilla.

Observa,

los perros son humo y las voces aladas reptan los muros rotos.

Despertar sin el pregón del viejo en su esquina,

sin el acuático susurro de la coladera.

Escucha,

nadie enciende la radio, no hierve la sopa amiga.

Despertar

tras la noche de bengalas

sin café cotidiano que disipe el ayuno.

NECROSIS

Más allá de tu pisada del dedo y de la uña,

más allá de la vena transitada algo gasifica, se hincha y explota.

Saborea del cuerpo su contorno, negro rumor tan vacío que se ha llevado tus días para no volver a estar solo.

Por tu pierna

se ha metido la noche

con su estruendo de estrellas y su mortaja luna calavera.

Triste traviesa gangrena, el muñón piensa, y en lo eterno sueña sueños de pierna.

Tomados de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)

MIR, DANIEL, (1971).

LA COCINA DEL DESEO

Propongo que se cocinen los deseos por la noche y se sirvan muy temprano. Se dejen reposar con palabras y caricias para darse en cantidades suficientes que duren toda una vida.

Es necesario agregar, de tanto en tanto, una pizca de sorpresas e inyectar licor de sueños, evitando así la resequedad de los desiertos.

Destellos de asombrosos cantos irán acompañando a los deseos

y acróbatas fragancias de desinhibidas voces, serán la bebida de ese fuego.

Propongo iniciar esta receta cada instante, cada día.

EL CRISTALUn viento que se arrastra en la tarde —sol ya opaco en su hora—, una versión más triste que un poema.

El poeta, el recuerdo, esa tarde y su chopo o un tiempo roto;

busca la piedra que encuentra la duda, nada entre la gota y la sed de esa gota;

es la inmensidad del agua derramada y la estrella que ilumina ese vaso, es todo, el tiempo, la vida, sus sistemas, la eternidad de una vida y lo pequeño de la muerte, lo inmortal y la nada, lo inmenso de un recuerdo, un instante. Todo lo que encierra un poema.


In memoriam Octavio Paz


Historia de los nombres, Toluca, La Tinta del Alcatraz-UAEM, 2000(selección)

LOS LUGARES

Éste es el lugar donde hubo llama y todo fue de repente nominado, pero la ausencia resplandece en los ecos, en un cañón de ociosidades, de palabras.

Las sombras no son ya los solemnes asideros que temimos ver pasar sin un retorno. Los lugares vuelven a vivir cuando otras fuentes los inundan.

El manantial está en calma,

busca el antiguo delta que ya no existe. Un nuevo cauce augura cataratas, refracta en su avanzada el alto cielo;

viejo río, maduro, navegado, espera la sequía sin sorpresa.

Los lugares quedan y las navegaciones seguirán distintos rumbos luego de apagar todas las llamas.

DEL CAFÉ

Tras de aromas de lluvia y de tierra sobre truenos parloteando en el día, entre la huida de los niños que con la tarde juegan a hacer el ocio, se advierte el perfume del café.

La lluvia parece batirse con las voces. Un techo guarda a dos viejo que esperan a que escampe, que saben de la vida lo que dejan.

Entre silencios llenos de memoria, el café.

El café entre los novios,

entre risas y miradas se ha plantado. Del café salen palabras mudas, fugaces de los ojos, que quieren decir algo y todo dicen.

El café es círculo de mil razones;

círculos que quieren alcanzar pronto el cielo en humo, casi blanco-transparente se dispersan haciendo construcciones de secretos.

El café aroma que arrulla a los sueños café, primo de la muerte, pasa a ras de tierra por entierros, por bodas, por bautizos. Café, ladrón de sueño por las noches, alcahuete en las citas, compañero de este andar sin rumbo fijo. Serio siempre, ensordece esta espera; estoy solo.

REHILETE

De repente, dices, de repente: la luz que nos divide, varios espejos y una voz, habitan el sosiego.

De pronto, siempre pronto

se desvanecen los grillos en canciones y tú llegas niña hablando de nada en el espacio. Llegas para estar en el recuerdo de lo nuestro y lo no sido; un beso espera eterno y un faro busca presuroso la sombra de los seres; en llanto, acaso tan lejano que no existe.

En llanto está el olvido, las equivocaciones; no estuvimos, no fue nunca, ni tú ni yo anhelamos lo «no sido», ni tú ni yo sabremos que no somos, ni tú ni yo jamás nos conocimos.

Partevientos, México, Ediciones Alforja, 1999 (selección)

XXXI

Nombro, no te nombro;

ignoro qué lenguaje te entretenga. Clara se escucha la luna, el grillo se adelgaza con la noche.

Encuentro dulce luz con quiero no estar solo por mi vida que camino, retrocedo al frente, quiero estar aquí, estoy ausente como para llenar los dos vacíos, nombre que no existe, no hay reflejo, pregunta sin la duda incorpórea, cuerpo solo, sin su capa, no hay sombra que proteja del coraje, quiero estar solo, mas solo no existe, es amante a oscuras, amante buscando su razón en un abismo, sin hallar una palabra para contar lo que pasó y nunca estuvo.

Las flores escampan algún cuerpo que está lejos, en la mesa hay huecos que no se llenan, y en el resto todo, en la pureza un silencio, en la terquedad no te tengo, en la desnudez es de noche.

Deslave Marino, México, JGH, 1997 (selección) MIRANDA, CATALINA, (1962).

LLUEVE

el silencio envuelve a los que pasan con los pensamientos húmedos de su ropa

hay un charco para cada hoja que se sumerge mínimamente iniciando un viaje sin timón un viaje sin vela sin mar sin marineros

sólo mis ojos como un vagabundo insistente sobre el frío verde de las barcas que a veces desaparecen bajo los negligentes pies

es la hora exacta

llovizna entre la tarde y la noche llovizna sobre el cristal que no sabe de nombres para llamarte que no sabe de rutas que no sabe de mapas ni de brújulas donde empezar a buscar


MONREAL, SERGIO J., (1971).

(FRAGMENTO)

–¿A dónde vamos todos? ¿Qué misión es esa que le atribuye usted al hombre? Holmes exhaló una bocanada de humo con su respuesta: –La de ser hombre y no fantasma.

Tomado de La sombra de Pan. Gran Angular (1997).


NORIEGA, ZITA (1984)

NUDOS DEL MAR.

Se te secan los ojos al vislumbrar la huída irreparable, obligatoria, tan insoportable como urgente.

La orilla es un río palpitante con fugas intermitentes y ausencias constantes, que se desbordan al compás de tu vaivén, de la constante debilidad.

El mar es un nudo de olvidos amarrándose a la columna que sostiene tu voz.

Recorres el estrecho camino de infinito retorno, con la pregunta frágil, con la costumbre hecha raíz, resignándote a seguir el paso,

sintiendo la derrota que se cuelga a tu espalda, encogiéndote.

Ahora el amor o la pasión, o la pasión por amar resulta ambiguo, mas aún colocas tu cabeza, en el caldo lascivo y devoto, para que sus pensamientos sean probados una y otra vez.

MINERVA MACABRA

Sólo veo la imagen perfecta y tus sones divinos. Sólo lucho Minerva, que mece hambrienta mi savia. Sube el incendio al lecho, al lecho que es permisible. Que se apure mi vida, que ame tu sombra alejada del destierro latente que gira y me tunde cual fragua.

Y si yo te viera tan necia y banal tras la copa, con el puro atado a la calma, con entuertos que acabarán en agua, por los talles y el mármol del viento ver nacer tu lirismo en mis pies.

¡Oh destella macabra que en el cobre de tu coche crece llena de encanto! Sólo te cubre lo vano forjado con mora, sólo te cubren los rublos que emiten los cielos de esta dura vileza.

Y si acaso en tu asunto tan bruta has gozado a tu dueño, ¿Quién en tu vientre estaría?

¿Qué cama está en la mente? ¿Qué guiño que tiembla y te pasma en la noche?

Se va el tiempo en los rostros, Se va el pico en la carne,

Se va en tu sola caída el ardor de la piedra que cala con frío.

Y no busco encontrarte y no busco sentirte en mi obra.

Y no busco morir como roca en la hiedra, por fervor al saciar esta vida que aclamas, y decirte amante.

¡Ah el dolor que crece! Derrotada por Minerva.

LLANTO

Camino aletargado. Palabras quemando entre la muerte. Estrelladas en espuma.

Palabras que el viento dispersa, al crepúsculo. La tierra hecha en pájaros, el tesoro del cielo.

Bailo mientras lloro. Ciudad que descansa en el milagro.

Convulsa

como mar en tus brazos. Bajo tu arco tiemblo, como agudas flechas inminentes que se entierran, olfateando la presa cual jauría.

Las uvas ceden comunicando el selecto júbilo. Somnolencia de una fiera que turba la vecindad del ser.

SUEÑO

Sueño enredoso de muerte, mal mereces cuando llego a verte, y en los debates del clamor os digo que tu brío no tiene dueño.

Con la calma eterna eres engañoso amigo, infiel pero concreto y con empeño.

Seres con la faz enferma y pálida con un céntimo milagroso pretenden dejarte angustioso.

Desde el entorno me muestro cálida sin algo que rete a mi alma.

Ando buscando un sentir que desfallece, que luce y canta desde mi palma, con la mar tan quieta que se mece.

La vil faz del sueño pudo

colgarme un susto y dejarme vencida. Después de un embate mudo ahora dudo por lo compacta que es la vida.

Edificas tu suerte

buscando decidido la vida en la muerte. Tú en el eterno camino nos ofreces dulce veneno como padre del destino, arrullándonos con embarcaciones, con suave ritmo nos acaricias para perdernos en tu vientre y jugar a lo desconocido,

a lo que aguarda secreto en la mente.

ANSIEDAD DE TI

Y bajo tu tacto tiemblo, me estremezco palpitando. Las horas van olfateando el vaivén de mi vocablo. Siento frío mientras hablo. Saboreo el vil espanto, aquél que provoca llanto cuando la tarde me toca, deseando fraguar en tu boca el ansia que anhela tanto.

NOZAL, CARMEN, (1964).

DESHERIR

Limpia de heridas al tronco de los sauces; caligrafías antiguas nos aguardan. Mezclamos nuestros nombres una noche de mineral ardiendo, a lo largo de todas las noches.

No quiero que como un látigo la luz me traspase los ojos; eres tan claro en azabaches donde sólo perviven pretéritos que ante espejos te invoco con un domingo de sal en la mirada y dos cuerpos quemados por un destello.

Tomado de Premio Nacional de Poesía Joven de México. Treinta años. (2004).

DE LA MUERTE SALEN MARIPOSAS

Por encima de mi hombro pasa un ave, pasa la semana con sus siete pecados, pasa el demonio con mi mortaja y con la vela de un barco me limpio el sudor y las visiones.

Mi frente de divide:

se abre como tus ojos,

se vacía como un cero que ha rodado por el mundo, queda sin ti, sin ella, como un otoño sin hojas, como un poema en blanco sobre la lengua.

Detrás de mí me fui quedando, clavé tu nombre en todos los idiomas. Un carcelero me dio sus llaves, abrí la puerta del calendario, huyeron los números y se lanzaron al mar.

El tiempo se deletrea:

es un niño leyendo un cuento,

un niño que envejeció leyendo el mismo cuento.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).

ORDORICA ESPINOSA, ANDRÉS, (1988).

VOCES

Surge esa doliente voz, horizonte arrodillado frente a dioses iracundos.

Reza con impotencia la falsa esperanza.

Sordos e impávidos mastican el corazón esclavo.

Nadie escucha el espanto de su carcajada nocturna.

EXACTITUD

Tu sonrisa expuesta al sol opaca la media luna. Desaparece un ocaso convertido en aura. No más horas para que tu boca dibuje la mía.

Tomado de Primera llamada, (Tintanueva ediciones, 2005)


ORTEGA ORTIZ, ADRIANA, (1966).

EUCARISTÍA DE SAL

Mi lengua santifica tus rincones. La liturgia de pieles se celebra.

Justo en el espacio de tu ombligo, rezo —la revelación parece ya cercana— trasciendo las fronteras donde sólo soy yo. Estás en mí, mezclado en mi saliva. Afirmo mi poder mientras te como.

El bautismo salado ha derrumbado el muro que cerca el paraíso. Caes como el diablo:

la tierra se abrirá para tragarte.

Tomado de Alforja. Revista de poesía. No. XXIV. Primavera 2003


ORTIZ ÁLVAREZ, JAIME, (1966).

SANTA

Lánguido cuerpo color de cobre cenizo que llega a mi casa y la satura de olor, terso aroma que deja sinrazón a su paso y en nuestros muslos forma ríos de placer.

-Más allá de las manos hartas de nosotros, está el amor

Santa.

Tus ángeles monoalados alaban tu delgadez, proveen de incienso a tu sexo, el que tengo el que palpo con la lengua el que sabe a sangre de sacrificio.

SANTA, MI SANTA.

Obsesiva necesidad de saber tu sueño y dormir con él, deseo de sentir la textura de tu piel mitad copal, mitad aceite.

Santa ausente de mí piernas largas

                            ocasos rojos de ozono pardo en tu regazo.

Tus pezones de ciruela penden de mi boca, Santa, de mi boca.

Tomado de Los mejores poemas mexicanos. (2005).


ORTIZ GONZÁLEZ, ALEJANDRO, (1969).

ÁGAPE

apenas trazos de un guiso mayor, las horas caen en pequeños gajos: se estiran las cucharas en alborozo, los cuchillos se afilan los unos contra los otros, antes de comenzar la faena

sólo las horas avanzan progresivamente: un proyectil de azules cruza la ventana,

duermen las ollas entre las alacenas en un sueño de barro

(tomo del aire sus frutos minerales y armo un modelo flexible,

un argumento dirigido al centro del poema, al corazón de la sílaba)

una alabanza para las calabazas en el hervor de su chapoteo, que se recuerde a las berenjenas por su disposición al fuego y a las melenas de los apios por su resignación serena; que no se enjuicie a la zanahoria, entregada a la hoja que la adelgaza: un minuto de silencio por los jitomates, que se han fundido en el cocimiento

descubro que a la mañana le faltan pájaros en vuelo: la ventana es una puerta hacia el follaje, ni las hormigas se atreven a perturbar el sueño

entiendo que entre el aire y las sombras existe una amistad elemental, una complicidad a la que no pertenezco:

entre palas y picos pasan las horas saciándose de tiempo

sobre la espalda de una tabla de madera, ansiosa aguarda una ensalada a que llegue la hora de la cena

se extingue entre carcajadas el agua de las calabazas: no veo en el horizonte más que palabras

Tomado de Anuario de poesía mexicana 2005. (2006)


OVIEDO, ARMANDO, (1961).

AVISO: CAE LA TARDE ABISAL

Las tardes de otoño descubren la leve existencia de las cosas. Antes de que baje el sol, el mobiliario insinúa su perfil. Un sabor a piano, un espolvoreo puntual de Schumann. Voy entrando, como esta luz, al cuarto, a tientas. Un cuadro es dibujado por una finísima mano de luz. Una caspa ligera y ámbar flota en el ambiente. La tizadura blanda del polen de los libreros deposita su adeudo. Las escasas maderas y la abundancia de formaicas no ponen ninguna queja al cambio de clima, sólo me distrae el ronroneo del gato.

Pero nada de esto despierta a las manzanas ni a las peras: ellas comparten el latido de los mangos que aún no olvidan su cadencia. Es un esfuerzo tropical en la ciudad, la mínima fruta se asocia en un arrebato de colores primarios. Este frutero concentra la luz de la tarde que se aleja y conjura el vaho tierroso que se queda. Una sacudida bastaría para alejar esta tormenta de polvo citadino. Un canto de la naranja sería suficiente para refrescar esta tarde de bodegón anárquico. El último refugio de la luz en esta casa dibujada al carbón es el frutero de la mesa.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)


PACHECO, LUIS ENRIQUE, (1974).

MI HOGAR ENTERO

Celebro

tus labios,

tus muslos de aire,

tu nariz, tus pómulos, tus oídos, tus pies alados,

tus cejas que tienen el poder de la ternura, tus arranques de bravura, tus senos inmóviles, tus pezones duros, el mapa de tu piel, la exploración de tu lengua, tus ojos de fuego-hierba, tus párpados atrapados, tus sueños libres, las ondulaciones que te desbordan y la curva de tu pubis, las lunas de tus dedos, el universo de tus manos, tu aliento fresco como la brisa, la lámpara de tu risa, tus piernas que añoran, tu garganta clara, tu espalda y su vía láctea de lunares, tus huesos, tu sangre, tus dientes, tus venas, tus lágrimas, tus hombros cansados, el refugio de tu cabello, tu sudor al amar, tu aridez de julio, tu humedad dormida, tu ombligo donde se agazapa el día, tu vientre eterno, tu cintura ávida, el camino de tu cuello, el rumbo de tu nuca, lo que me has otorgado y lo que me has escondido, las líneas de tu frente, los triángulos de tu respiración, el arroyo de tus pupilas y la canela de tus caderas, tus besos secuestrando mis mañanas, rescatando mis noches, lo que he descubierto y lo que aún ignoro de ti, celebro tu amor y sus desórdenes, celebro tu dolor marino, tu alma otoñal, tu carne avinada, celebro tu desnudez de ciruela mordida, celebro todo lo que habita en tu cuerpo, mi hogar entero.

Tomado de Habitaciones de la memoria, Tintanueva ediciones, (2008).

PALMA CASTRO, ALEJANDRO, (1972).

DIOS EN LA HAMACA

Si tuvieras tiempo de criar lagartijas los sueños nacerían dentro de una caja sorpresa y la noche nos enjugaría con perfumes baratos. Tú no aprendiste a amar fueron las raíces y tus huesos calcinados, el infinito de una pasión sin instructivo tampoco aprietas el off sabiendo lo amarillo del sol.

Y con la probabilidad de equivocarme, dejaste mis deseos en la olla exprés mientras simulabas besar una manzana.

Tomado de Poetas de Tierra Adentro II.

POSCAMA

Del guerrero viene el engaño yo débil me dejo conquistar permito la injusticia social de tu dulce movimiento

callo entre las miradas ciegas del dolor colonia previsible inocencia de mi boca que te nombra por primera vez y no te olvidará como a cuestas se cargan los amores. De mi forma yo ahora soy tu figura territorio a tus sueños del ensanche tu relato de las cosas mi garganta lo silaba sin cansancio ¿cómo puede ser ahora la revancha el rincón desde donde estorbo a tu huida si mi vida se ha minado ya?

Tomado de Banda Hispánica: http://www.revista.agulha.nom.br/bh11palma.htm


PARRA, INÉS, (1976).

BUSCO EN CADA LÍNEA DE MIS CABELLOS El pulsar de la muerte, El latido incandescente de la locura.

Cómo olvidar que en mi cabeza cruza la nube, La fecha sin postergar, La flor pestilente y áurea de los sueños.

• 

QUÉ PERFUME HABRÁ BEBIDO ESTA AMAPOLA

Para asegurar que soy la dama locura. Jugaremos a comer espinas, Arrancaré los pétalos dorados De su odio, Hasta que arroje luz, Hasta que el lodo de su miedo Se levante y ande con nosotros.

• 

La rosa sabe que la rosa ha muerto.

Amparo Dávila

ABRIRÁ LA BOCA PARA CANTAR MI SANGRE, El verbo.

La amantísima muerte le cortará la cabeza. Ahí, en ese rió de pétalos desesperados, Su memoria, Su miedo, Su rostro de niña asustada.

El espejo púrpura le mentirá de nuevo, No es que estés muriendo, No es que la oscuridad intente seducirte,

Es dios que te siembra flores en el jardín secreto de las venas, Escúchalo, Dale tu corazón para que lo llene de alfileres.

Se han llevado a la rosa, La llevan a un manicomnio. La vestirán de azucena, Le darán de comer crisantemos.

DE MADRUGADA SE ESCAPARÁ VESTIDA DE NOVIA Y así correrá sobre los jardines. No olvidará mi nombre, Tampoco la escarcha Que una noche mi sombra dejó bajo su espina.

● 

A Remedios Varo

El infinitivo del espejo te multiplica, Hermosa dama,

¿Qué fue de los navíos fantasmas que giraban en tu pelo?, ¿Se te fue la sombra?, ¿Te ahogaste con tus propios huesos?

El olvido te escribe cartas desde el infierno, A punto de abandonarte están tus manos, Se van a construir ciudades en la cera.

Lloverá el fuego, Caerán los muertos,

Llorarán sus largos siglos, Aparcarán en la mirada de los tristes.

¿Ya recuerdas, hermosa dama, Ese sueño donde la noche prohibía Los espejos, Donde no había más que bordar estrellas Y esperar a que amaneciera para regresar al Quicio de las paredes?

Ya, calla, se que has hecho todo Para astillar el cráneo del espejo. Cierra los ojos, hermosa dama, Cierra los labios del espanto, Sigue peinando la delicada oscuridad De tu alargado universo.

Fragmentos del libro inédito Las Insomnes


PAZ, NIRVANA, (1976).

VIVO MASTICANDO EL ODIO QUE TANTO AMO, engullendo el asco característico de la noche, con sabor a lágrimas provenientes de sonidos tan huecos como los llantos y azotando los recuerdos contra las paredes de ladrillo con moho del pasado, de las sombras, de mí, para matarte, asfixiarte...

ESTAS CALLES

con empedrados que brillan,

con neblina que ciega para enamorarte. Estas calles de continuas bajadas, de bancas doradas. Estas calles que ocultan el odio, lo resguardan, el rencor y la envidia, los golpes bajos, amistades inexistentes, confidencias vendidas, soledades sin espacio sin más que silencio.

HE GUARDADO EN EL SILENCIO

el asco que la vida me provoca, mas no lo puedo negar.

El hastío, aunque me ciegue, me invade cuando la soledad se llena de pretextos para vivir.ÉSTE ERA UN PORO DE MI PIEL

que te esperaba, que te espera; éste era un poro de mi piel que te sudaba, que te suda; éste era un poro de mi piel que te necesita.

Tomado de Procesiones (FETA, 1999).


 


BEPPO

El gato no es un gato, es un espejo de fuego: laberinto perpetuo que en el silencio crece. Gato de piel antigua, lámpara que florece ante la suave noche cuando a escribir me entrego. Todos los gatos cantan pero este gato ciego origina sus versos y los desaparece.

Dentro de su mirar recóndito resplandece el oro de los tigres que ansiosamente ruego. Basta pasar la mano sobre su lomo ardiente o descubrir la luna en el templo de sus ojos rebeldes, para encontrar la herida en que reposa. Gato dentro del sueño, tan mío y tan ausente. Estigma cuyos rastros son esplendores rojos, silentes y asesinos como los de la rosa.

BAJO TU FALDA...


PEÑA, CHRISTIAN, (1985).

Tomado de Blanco Móvil. Número 101.


Bajo tu falda abandoné la infancia. Supe de secreciones, del olor que produce el cuerpo cuando aumenta su

temperatura. Mamé la oscuridad entre tus senos. Llené de espuma la oquedad de tu vientre. Chupé el hueso

encarnado del amor correspondido. Incendié el mar contigo: la noche era una hoguera interminable, los barcos

eran llamas que se hundían.

● 

Te escribo en este instante en que la noche aún no es noche y el día es tan oscuro que se le parece. Dibujo tu

cuerpo en la pared y la pared gotea. Digo que te amo y lo que digo crece una vez más por cada eco; lo digo al

lado de tu nombre y la marea sube.

Cuando no estás la cama es una envergadura que de tan dura duele.

Tejo tu sombra a mis pasos para que sepas dónde voy, para que me persigas, para que tu silencio ilumine mi

camino.

Tomado de la revista Alforja de poesía, No. 37, Verano de 2006.

PEÑALOSA, JAVIER, (1981).

ÍCARO

(FRAGMENTO)

I

Acércate,

esta es la última noche en que duerme la fe en esta tierra.

Dejaremos nuestra isla por la mañana.

Padre,

compartamos en silencio el pan y dejemos por última vez que la oscuridad cobije el temblor de nuestros cuerpos.

Dejaremos nuestra isla...

Extenderemos los brazos ante el agua

        y nos dejaremos caer.

Sólo las aves

podrán perdonar el temor

de nuestros torsos expuestos al mar, al cielo.

La luz se aproxima.

Ayúdame, ata mis días y el trabajo de las manos a mi espalda.

El sol anuncia

que no hay más que decirnos.

Es hora de partir.

II

Mis pies no tocan la tierra.

Dime si pensaste

que compartiríamos el llanto como compartimos ahora la fe de no caer, de permanecer volando en el aire.

¿Escuchas? Algo en las alas y en las aguas recuerda que este es el día en el que soy llamado a entregarme a la luz.

No llores,

porque antes de partir sabías que uno de nosotros debía entregarse, y hoy el mundo repite mi nombre.

Al llegar a tu orilla

sabrás que el hijo amado cantará por siempre

desde un punto perdido en el cielo.

Padre,

tu sal pertenece a la tierra, no llores, no grites más mi nombre y vuela tranquilo

y deja que me pierda.

Deja que me pierda en la luz.

Tomado de Aviario, Tintanueva ediciones, (2005).


PERALTA, RAMÓN, (1972).

UNA CÉLULA EN MI CUERPO

Una célula en mi cuerpo se rompe en dos porciones aproximadamente iguales, eso, según los médicos y biólogos es normal. Con la liberación de energía una enfermera corpulenta me bombardea con neutrones. Un globo en el parque se eleva. Dice que visitará mi pasado y que mi esperanza está en veremos. El planeta es azul / y no hay nada que pueda hacer. Veo el paisaje, camino, lo recorro, algo me separa de lo inmenso.

CUATRO CICLISTAS

Cuatro ciclistas se disputan el primer lugar. En el cruce de dos avenidas llenas de gente, la estatua de un caballo. La luna saliendo sobre Hernández, Nuevo México. El estallido de la bomba atómica. Una línea negra sobre un cuadro rojo. Miramos como si algo estuviera ante nuestros ojos. Con el asiento y el manublio, construyó la cabeza de un toro. La mirada de Juan Rulfo apoyado sobre una calavera. Los cuervos descansan los trapos de sus alas en la cima del poste. El futuro es un arpón detenido en el aire. Del barco, un hombre cae al mar. Dos mellizas ciegas voltean en dirección contraria; se toman de la mano para cruzar la calle. Entre dos elefantes, una mujer delgada con vestido de novia, canta y eleva los brazos. Del plátano de la mañana salen moscas. Aquí había una estación de trenes. Me sentí un gallo blanco de pelea. Nada me corona en esta ciudad de muros anchos.

UN MARTES DE LLUVIA

Un martes de lluvia - un martes de lluvia y viento - un martes de lluvia viento y sol - un martes sin sol - un martes de sol y viento - un martes por la noche - por la mañana - por la tarde

● nos vemos - caminanos - un martes - después de la comida - en un martes nublado - después de que los niños salgan a la escuela - en un martes - todos los martes - en una tarde - nos vemos - caminamos.                                                                                             Un becerro bala al oler la sangre de sus compañeras. Gira la cabeza que se le escapa por momentos al hombre que la sostiene. Mira el horizonte, no encuentra nada en que detenerse. Sigue oliendo la sangre, sus patas traseras tiemblan, bailan, se doblan.

ESCENITAS DE AMOR O COMO USTED QUIERA LLAMARLE

I never, never want to go home

Morrissey

Nos cuidamos de las curvas, de la interferencia en la radio, de los barrancos y las piedras, de las luces que iluminan la mitad de tu rostro cuando tocas, y toco tus labios, y los dejo húmedos. Respiro hondo, hondo el amor, parece un barranco, y me pesa que te quiero tanto, tanto, tanto. No quiero ver a la gente, no quiero ver esas luces. Esta ciudad nos espera con las tijeras atrás de la espalda, bien afiladas para lo que se venga. Entonces me tomas del rostro prestado, dices que todo es tuyo, que la música te espera, y desde mi piel se extiende tu reino. Yo, me dejo mecer en un auto de fe y anuncios luminosos.

Qué detiene tu mano, qué puede detener tu mano, si toca el dolor, si toca tu brazo y pulimos un hélice, y está filoso, y corta esta noche, y nos arriesgamos a la sombra de una fila de árboles. Me dices no me vengas con poemas, porque teníamos todo tan perdido. Ahora, creo que por eso nos mirábamos a los ojos, se nos entraban de llanto. Mantenías una mano sobre mi rodilla, le bajaste a la radio, en mi mente reíamos, luego otro anuncio de curva, más rápido, tenía escurrido el delineador, entonces me dijiste……. ….. no me importa, y yo me hice lágrimas en tu hombro.

Más tarde se nos revelaron en el parabrisas todas las cosas, no teníamos mucho por hacer, el mundo estaba satisfecho, me resbalaba con violencia por la portezuela. A veces pienso en ti, contigo hasta una roca. Me gusta verte con tus manos veloces al aire. A veces, créeme, no te olvido, y a esa distancia, con la mirada de los santos, algo me disparó en la cara.

DATOS TÉCNICOS DE: LOS HOMBRES VESTIDOS DE TRUENO

Nosotros pintamos las líneas de la portería con nuestras playeras blancas, jugamos todos los tiros, somos los casi gordos; no le tenemos miedo al tiempo, ni miedo al portero en el penalti y sabemos cerrar los ojos. Nosotros somos los hijos necios que patean los balones en los supermercados y los niños nos miran. Nosotros somos los arrebatados y nuestras piernas valen oro. Conocemos el cigarro y la cerveza fría, pero nunca faltamos a un entrenamiento y descansamos de los comentarios de fin de semana. Nosotros cantamos y cantamos y cantamos y tenemos a la mejor estrella del fútbol, pero eso nadie los sabe. A nosotros nos ven entrar al campo y se crea el silencio porque nos ven viejos y peleamos las esquinas. Nosotros no somos los primeros, somos los once. Nosotros construimos la cancha en cualquier parte. Nosotros no compramos zapatillas especiales. No tenemos entrenador, pero sabemos como jugar en un partido internacional. Nosotros, los de la vida rota en el trabajo, sudamos hasta la risa. Poco sabemos de pegarle a un balón con el empeine y meterlo en la portería contraría; pero cuando metemos gol gritamos, nos abrazamos, nos vamos brincando y luego recordamos que hemos sido los últimos, los sofocados cada 20 minutos.


PINEDA, CARLOS, (1972).

POLVO, CENIZA, CANTO

A mi hermano Omar Francisco Pineda Sumano (1976-2001)Que polvo serán,

mas polvo enamorado, así sea.

Pero, y ¿tú?


Asesinado.


que ahora pronta ceniza...

¿me amas, como te sigo amando?

¿Es acaso suspiro

ese leve movimiento de tu cuerpo consumado? ¿O es tan sólo el aire que se te quedó entre la mirada y los párpados? ¿Es acaso respiro, o el beso que nos tenías reservado?

¿Qué es, Hermano, qué? ¡Carajo! Y este calor de la urna que compite con el de mi mano, ¿es tu sangre? ¿Tu sueño que se resiste a ser amortajado? ¿Es acaso un abrazo, el último abrazo, acaso?

¿O es tan sólo restos del fuego que de ti se ha alimentado? ¿Qué es Hermano?

Escúchame:

¡ni polvo, ni ceniza! ¡ni lamento, ni llanto!

¡Canto!

¡Canto!

¡Canto!

ECUATORIAL

Puntual la heliofagia cardinal: se occida el sol en el Oxidente.

Los zarahuatos girabatean el p

e r f

i

l de la lontananza, mientras la vieja Sensemayá teje lianas vocálicas, guanábanos sones que serán guía de caza para el jaguar.

Cuentan los pescadores la suerte de la red:

tres luciérnagas ciegas y un pez dorado malabar. Apremia el retorno:

las bestias del insomnio planean ya la próxima alba ecuatorial.

Con la pesca en hombros,

engarzadas ya las amarras al palafito estival, se comienza el ascenso por la cuesta:..., /..., ) ..., ( ..., /

Atrás queda la marimba de palmeras, variándose sin su son cesar:

Guiringuín Guiringuingay / Amar la Mar / La mar Abunta / Negra Ñeja / Añil Cañá Se escucha su son cesar.

A lo lejos humea el bohío,

meneando la cadera en el menisco de la bahía.

Silba la brisa guitagrita apretándole la clave al cañaveral.

Queda atrás la barca [meditabunda] levemente embriagada, amacándose con el sedante revuelco de la arena.

Sola, la ociosa negrumbre queda entre la pupila y lo demás.

Sobre la espesa fronda decóral, con la levita desgarrada,

     prosa g l i s s a n d o la luna.

Peina las dunas en busca de algún nido donde pueda desovar. Rueda con el rostro demacrado por la viruela, hasta donde suelen pastar las bestias de arena y los caballitos de mar.

Jinetea entonces entre la bastilla do de ca

                                                           fónica en que concluye toda ola

deshilvanando su helicoidal filigrana de oxígeno y sal. Trota hasta el galope, e hinca los cascos en el acantilado voraz.

Entre tanto trote uno a veces se despierta, y ve a la luna a toda vela bogar.

Todo está en calma. Nada pasa. Nada ha de pasar.

Hay que retornar a la hamaca, y de nuevo: comenzar a soñar:

CONTRAPUNTO DE FAUNOTras del muro aquel que no divide nada, el ansioso fauno levanta prismas de infinitas caras.

Se mira y ve (cree que observa)

laberintos de una línea, pentágonos de mandrágoras.

Canta sobre los andamios de ceniza,

los carmina burana, y dibuja (con las patas) los figurata.

Alquimia trastornada que en su crisol de nada, nada resguarda.

Mal asunto que el fauno éste

(en regio contrapunto con sus asuntos de sal y agua) deje que aquel muro sin juicio, divida, sin provecho alguno, la continuidad de la nada.

MARINA

No es verdad que el agua marina sea salada.

Sucede que cuando nace bajo el horizonte, es dulce y clara;

pero a medida que se acerca a la costa envejece y se amarga,

se enturbia y se sala.

Es por esto que nunca nadie ha probado la dulce agua del mar.

Excepto, aquellos que algún día zarparon… para nunca regresar...

A Samuel Gordon


 


PIÑA ZENTELLA, MARTA, (1966).

AQUALEGRE

Voy a robar

voy a robar una acuarela del Museo de la Acuarela

y a correr por esta calle con nombre de poeta

Tal vez consiga

                         rápidamente involucrar al guardia que no diga nada que se calle que no diga

                  que mira a una mujer que muere

Que se aleje calle y me deje

correr con el cuadro hacia el camino hundirme en el nombre del poeta

Tal vez después vuelva y en silencio le diga gracias y resuenen tan sólo mis pasos en esta calle

O tal vez no vuelva

y el hombre explique a quien le crea que vio a una mujer vagando con un nudo de agua en la garganta donde un sicario hundió su pincel hasta llenarlo de una policromía escarlata

Y luego cuando la calle con nombre de poeta se llene de guardias y un eco sonoro reviva mis pasos encuentren sobre un lienzo divino a una mujer con rostro de poeta

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)


PHILLIPS, JOEL, (1970).

LOS PESCADOS

las nubes eran escamadas               por el frío huían como peces                           heridos

por el petróleo en el valle   los hombres del lago todos                                           en una red de ruidos

cayeron

LA SOLIDARIDAD

Tras las nubes como rejas el sol ha quedado confundido. La luna invade su territorio(alguien te observa en ocasiones en el cielo: Palestina) pero una mano advierte por la espalda -“¡voltee! va a cruzar la avenida”.


Tomado de Pandilla de nubes (1985-88)


PETROPLÁSTICA SOBRE PAPEL

Al cruce de avenidas es semáforo

un niño. Cotidiano el maquillaje, el juego de la mano que se extiende y espera, todo el día, un cambio efímero.

Fiebre de claxonazos, sudor ácido, vapores del drenaje en la garganta,

su boca es un escape que vomita humo en el horizonte harto de fábricas.

Del kiosko caen ecos como pétalos. Tiembla el amanecer entre periódicos.

Tren sin fin la semana a contraluz.

La tormenta despinta su niñez en gotas de colores. El relámpago descubre una sonrisa de mujer.

OLEO SOBRE TELA

Hubo tregua y no volviste a derramar sangre.

Tus pezones festejaban su nueva obscuridad

acorde al volumen prodigioso que los senos adquirían.

En tu vientre los márgenes de la luz se extendieron

para desplegar sonidos primitivos

en su profundidad ya existía el movimiento que engendró a la Tierra

y evocó una forma de vida que al evolucionar llegaría a otros planetas en búsqueda de su origen. Sin saber que yo llegaba más lejos al admirar la expansión del universo en tu vientre

que entonces lo era todo.

Tomado de de Subasta (1990-99)

AFTER SHOW

Abismo de los días circulares, del cenit absoluto del silencio, sordera temporal en la que permanecen reminiscencias del escandaloso éxito.Momento en el que estallas al desaparecer el eje de la danza, nada queda de ti,

sólo trizas y añicos de un público imaginario.


Tomado de 13 coreografías (2000-08)


PLATA, KAREN, (1986).

LOS ARGONAUTAS

por las tardes mi madre se acababa las uñas lavando ropa y nosotros siempre negros y mal peinados salíamos de casa nadie quería ser nuestra madre y darnos leche de soya no éramos como los otros niños que toman leche del vientre de sus madres no nosotros perdimos el horizonte de nuestra madre y nos llenábamos las bocas de espacios vacíos en el mar

Tomado de la revista Alforja de poesía, No 37, Verano de 2006.


POSADAS, CLAUDIA, (1970).

GERMINAL

...se despiertan, como de sí, las formas: yo reconozco a tientas mi morada

José ángel Valente

Se concentra iridiscente la sustancia íngrima pureza en la completud de no existir, intocada por el comienzo del tiempo

y sin embargo su respiración o alumbramiento significan el principio del dolor donde células de sombra han sido inoculadas.

Un grito de soles se pierde entre lo vasto,

aquel grito ahora amortajado en la memoria aunque su eco, su desconsuelo, a veces turban el equilibrio de lo visible.

Se leva errática la densidad,

confusión herida por un frío nunca soportado:

encarnar a partir de esta sembradura que nos mudó en materia de tristeza, ser a partir de ese advenimiento.

El otro principio es de conciencia, mas no la intrínseca al primer temblor sino el sofoco de partículas tomadas por el yugo: estar a partir de sus formas, su lenguaje, su lapidaria construcción de lo tangible, su natural incertidumbre.

Es en este origen donde hierve el magma, donde se nerva la sombra usurpadora del rostro; es allí donde se fertiliza el odio, es la fuente donde fluye el miedo

y de la que brota una savia que oscurece el cuerpo en sí oscurecido.

Podrían haber otras palabras pensamientos más allá del plasma y la conciencia terminales: otra debió ser la simiente, una linfa consubstancial al Padre y Madre.

Pero el gran silencio pesa

como pesa nuestro derrame caótico en el mundo, y finalmente estalla el daño en nuestra médula expansivo oleaje que va paralizando una por una o toda vértebra, intención, y darse cuenta del derrumbe sin que podamos oponernos: la resistencia gutural y última se congela en rictus, en una carne inmóvil, ajena a lo nombrado.

Ser destruyéndose en esta mórula de podredumbre otorgada como un signo;

estar sobreviviendo al relámpago que no pedimos y por el cual soportamos la adherencia.

Ser y estar como una índole que al final es consanguínea, cómo liberarnos de su doble filo, por qué debemos aceptar nuestra derrota y vivir ahogados por el mundo.

Dónde hallar la transparencia en esta acumulación de carne y huesos, en los órdenes infinitesimales que obedecen a leyes ajenas a lo eterno como pequeñas y mortíferas maquinas de precipicio.

¿El fin es un comienzo de la luz, si acaso hay una luz aprisionada?

¿Cómo liberarla?

¿Deberíamos asumirnos como un tributo en la pátina del tiempo?

¿La gracia estará en retornar, siendo otra sangre, purificados en el mundo y la materia a esa quietud inmaculada mácula de donde surge la Visión?

Permanecer, entonces,

tomados por un misterio que nos vulnera,

como una vela traspasada por un fuego devorando su corazón.


LAPIS AUREA

A Jorge Eduardo Eielson

Opus nigrum la ciudad de piedra el lento limo de la furia la acumulación de la intemperie

nigredo

La roca hierve en esta lava donde lo acordado se dispersa en rojo fuego rojo estrella gigante roja la almenara

su triste combustión de magma oculto magma indómito rubledo en su derrotada manifestación los electrones giran giran alrededor de un corazón incandescente la vorágine sublimar o fusionar el odio hasta levarse las almenas almenadas las murallas y el corazón estalle supernova el miedo y nazca el alba

albedo

una lámpara en vigilia es nunca más la ausencia

apagar su luz para guardar la memoria secreta de la luz sean la gema y la heredad la gemación largamente meditada renacer es existir fuera de esta carne atravesando la niebla el velo y la materia

          la materia su dolor su podredumbre su razón que no subsiste más allá Señor de lo invisible en tus moradas Domine donde no existe pensamiento ni luz ni oscuridad acaso otra forma de otra sangre sucesiva y simultánea en tus templos Domine mas allá de estas cárceles esféricas cubiertas por sudarios de poder donde heridos somos desde el plasma hasta morir desechos por el cáncer de este mundo todos muertos todos desde lo Uno hasta la nada más allá Señor de la constelación primera más allá

Credo, Domine, sed adjuva incredulitatem meam Spero, Domine, sed vide afflictionem meam Amo te Domine, sed dilata cor meum *

          Dame el átomo atanor donde nazca otra sustancia y otras sean las células de nuestro nombre invisibles y fosfóricas aguas infinitas y lustrales santo Arcanum del que brota la conciencia que nos es debida santo Grial donde surge al fin la Advocación bajo la cual nos resguardamos bendito Azoth donde la rosa que es un Ser de Estrella y Ser un astro y emanar-permanecer como los astros uncidos en su propia aura todos entramados todos

LA MATRIZ CELESTE

Adoratio amada servitud En el corazón tan alto pulsa el oro un pulsar lumínico el Castillo donde spira el orden constelado la ingravidez de las palabras el sentido del espíritu la muerte de las máscaras la Resurrección en la Torre de Homenaje

Opus magnum la Ciudad dorada el lento limo de la gracia ninguna acumulación de la intemperie bautismada en el dolor acrisolado en Cristo el crisma de la fe decristaliza la cristálida

● Las frases son tres exclamaciones que piden a Dios que las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) se manifiesten en la persona que exclama: Creo, Señor, pero ayuda a mi incredulidad./ Espero, señor, pero ve mi aflicción./ Te amo, Señor, pero ensancha mi corazón.

ANTES DEL SALTO

El último paso del suelo el vértigo pesa en el dorso perpetuo barandal de nombres siglo de oro en la mano verso libre en el pie no bastan para besar el aire.


PUENTE, CLAUDIA, (1975).

Tomado de Antología de letras, dramaturgia y guión cinematográfico

jóvenes creadores generación 2005/2006


QUIÑONES, ALICIA, (1982).

ASÍ SOMOS: UN PEDAZO DE HAMBRE

Me dijeron unas viejitas en la calle que ahora todo es minimalista.

Miro las banquetas, miro los edificios, altos aquí, y no creo lo que dicen. Entro al metro.

La gente corre, camina, deambula.

—Todos deambulamos—

Como el sonar del violoncelo acallado por un pedazo de canción japonesa. Así somos.

Mordemos las tinieblas cuando un pedazo de canción japonesa eleva nuestros lamentos.

Así somos:

un pedazo de hambre,

un pedazo del personaje que otro inventó,

—siempre nos estamos reinventando, así es nuestra naturaleza— Queremos ser otros en nos otros una tarde lluviosa y soleada. Queremos ser agua deslizándose en la banqueta, que corre, corre, baja por las praderas negras, corre y corre, llega al desagüe y entramos a la imaginación de vuelta.

Pero eso es imposible.

Deseamos que lo imposible se vuelva impasible.

La gente deambula en este metro. La veo.

Deambulo con ellos, ¿por qué no?

Me doy cuenta que todos soñamos y que los sueños se agotan de inmediato:

como la perversión que desata la lágrima… ¿efímera?

Si los sueños se agotan de inmediato y nosotros con ellos, hablamos de la fragilidad, del vacío…

Quizá las viejitas tengan la razón en su bolso de recuerdos.

NOS RECORDAREMOS, YA LO SÉ,

Quizá como una calcomanía vieja en el espejo. O estaremos así, como ella:

escuchando pasar día y noche los acordeones tristes:

único refugio del viento,

único lugar donde el viento llora y aplaude o quizá, trataremos de sabernos unos cuantos acordeones amantes, acordeones cincelados,

acordeones suspiros, o mejor aún:

escucharemos un simple acordeón acomplejado: los escucharemos, quizá, con la vida misma o con la misma vida en polvaredas.

Por que tú y yo somos granos de polvo, porcelana derretida, ecos labrados de otredad. Somos —recuérdalo— un tango a media muerte, un recuerdo a media suerte y un oído aterciopelado.

Aún así, nuestros oídos se visten con la vida misma o con la misma vida,

las mismas que nos han dejado sordos.

LO ÚNICO QUE NOS SALVARÁ DEL ESTALLIDO,

de los edificios plastilina que caen con lluvias de años, del Dios mentiroso

—y su manía por arrojar un recorte del mapamundi al sol— del Dios estallado, melancólico, cansado-viejo-sordo, con su cordura recopilada

—tras miles de años—

en una vasija de plástico;

si no estamos sordos

y hemos acariciado alguna vez

—sólo un segundo—

nuestra tierna locura,

la única salida será mirar las nubes, sonreírle a los dioses exiliados,

—y que esperan el fin para su reivindicación— escuchar los zumbidos, cruzar la esquina, y en esa esquina detenernos ante el último aliento de un pianista que quiso ser actor.

CAMINAMOS PARA FOTOGRAFIAR los rostros de todas las vidas.   Caminar significa, también, asumirnos como replicantes de la muerte.   Caminamos como soldados cansados de volver al origen de todas las imágenes: buscamos signos como si cada marcha fuera la de una muerte blanca, transparente:

                      otra de nuestras tantas vidas.   Pensemos, entonces, que caminamos en las mañanas para detener, robar el último concierto de los otros; nuestro aliento.   Aliento donde las centinelas, los árboles amantes y árboles cómplices despiertan para mirar, para poder mirar, para lograr mirarte como otro amante,

como cientos de amantes acribillados por el polvo y los sonidos...

MILNOMBRES

Milnombres pecó.

Dejó un rehilete de historias muertas. Se compadeció y en siete cajas regaló luces muertas con licencias de sueños cuentagotas relojes de arena creyéndose arrugas femeninas agua salada para el hombre ultrajado y soberbia con antifaz de poder.


RAMÍREZ, JOSUÉ, (1963).

PROCURA NO METER EN TUS POEMASProcura no meter en tus poemas los nombre de la guerra; pues así decir es un hacer inoperante.

En el fondo del aire sólo aire.

El objeto que haces con las manos, la mente y las palabras, tienen alas.

El peso se articula: levedad.


Para Edna


Las prendas que nos cubren prendas quedan tiradas en el suelo; desnudándonos.

El miedo se recubre con las pieles de aquellos que le siguen por el suelo. Una turba olvidada mis ausentes.

EL MUNDO ESTÁ POBLADO DE INCAPACES

El mundo está poblado de incapaces como yo cuando abro en la mañana los ojos sin cautela. Desvarío si me pongo primero los zapatos y abandono la lluvia en la ceniza por cruzar en nudo doble la agujeta. Ricos pobres y pobres ricos calzan los pies descalzos para andar su día. El viento nuestra casa sosegada. Las ondas de las voces y la música a través de las capas invisibles del aire las personas las especies no comunican no sino contagian las inquietudes necias del presente.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


RAMOS CADENA, HAYDE (1980).

VAGAMUNDO

Un buscador quiso preguntar a un sabio por su enseñanza en el camino Sufi. El sabio respondió: Si nunca has tenido una pareja en el camino del amor, ve y enamórate, luego regresa a vernos.

Jami

A Mik

Atravesar la montaña junto a la faz de tu cuerpo. El sarong en tus piernas llama a mi delito, apresuro el camino hasta tus manos una cartomancia de un posible futuro.

Tus ojos no borran

del horizonte a los míos Ningún punto en su recorrido.

El ermitaño,

viejo y desarraigado, el sabio del tarot joven andariego, que encarnas la faz de luz en tus palabras.

Las memorias

en tus silencios, antes que tus pasos viajan lejos.

Dibujo tu silueta

en la soledad del Himalaya, en la sombra de mi recuerdo donde mora tu mirada, sin tu cartomancia.


CALCUTA I

Despertar a la mañana en la excitación de la tierra extraña, humedad recorre el cuerpo.

La transmutación de mi piel, la flor negra

atrapada en la ensoñación de las urracas.

Bostezo perezosa entre masculinidad encarcelada,

los hombres de esta tierra son leones sin hembra.El juego cotidiano de la mirada, quieren ver el fondo del vientre, cogerlo lentamente

con el rabillo de la pupila ansiosos buscan la entrada.

CALCUTA II

En la construcción victoriana, la niña tocaba el mardala a la cara roja farol de las calles góticas.

La mujer del escote,

la que trasnochando trenes cuando misteriosa la noche baja el telón, caminaba temerosa.

Entonces …

Maha Chandra —la luna— llamó a dos luceros azules con la fuerza de Surya —el sol—, que abrigaron con sus dos grandes ramas los pechos de la que caminaba.

Calcuta 2005.


 


HISTORIA DE LA MADRE

II

Me enterraste pala a pala, anclaste los pies

al suelo de un católico dormitorio.

Poco a poco subiste a los brazos conectaste a las venas un suero de pesimismo.

Enajenaste la piel

al dolor como religión, el alma un terreno libre siembra de catástrofes, jalaste bello a bello hasta que caí adicta, todo el placer resbaló hasta mis pies. Se difuminó.

Sepultaste los ojos en infamia de un sentir que no era mi odio. Jugaste a enredar la inocencia de la mente.

Alguna vez, quise imaginar

dibujar en casa de niña, la marca con los colores de la propia realidad en los recovecos bosques de enanos

 diálogos de amigos imaginarios. Llegué al final de la niñez.

Intuí que ser madre, era la parte insensata la elección impuesta por el dedo de dios sobre la mujer.

Pensé que tenía que ver con alguna voraz MALDICIÓN sobre la herencia de la familia.

Las mujer sacrificada en algún altar de su casa, con las manos sobre el sexo intentando sacar la daga, como mujer vampiro, vampirizada. Y en el desesperado grito de ayuda, cobijaron a la niña para aprender otras maternidades. Qué azares reuní bajo que cielo para elegir tu vientre, agallas para crecer y renacer, de laberintos escribo verdad y mentira, dos realidades, el diablo y dios en una persona.

Tomado del libro Una transeúnte.


RAYA, JAVIER, (1985).

1. 

No buscaba cobijarse, la tañida rumor de carros por lo que se llevan se ha ido una a una palma de solloza. Ensortijada.

El grito es carencia; paloma ceñida al borde de su santo

el vértigo es tañido la parsimonia la estampa narrativa sus ojos están volando las tres de la tarde en los callejones. Se rompe la jarra de vino que no pidió

nadie el nombre es siempre nadie como embarcando con aroma romero, sal estrella trasatlántica, lo venablos del ajuar se quedan restallantes la tibia cintura supo

de vértigo el dominio fluida languidez

de sus piernas en el aire,

la chalina salada, sin vértigo el oleaje.

2. 

Dificultad de concluirse, de darse como se da un traspié por terminado. Hasta en eso es uno imbécil: el embarque no se vuelca, la demasiadas soga enrarecida, seca la garganta asume el desprendimiento, las vigas con calambre insectario no columpian, o el cañón estaba viejo, dicen que estaba viejo, dicen que su padre hizo blanco en el 57 sobre el dormido y no se reportó ningún defecto de fabricación.

Lo imprevisto

es siempre hollín y tira de hierro descompuesta en los oficios del óxido respiratorio, por lo que es natural, lo más natural, naturalmente.

O puede ser que la subida del río, por la lluvia siempre en mal momento, irrupción inesperada y el clavadista no se asoma a su momento, va de vuelta al aire con una gota de pez expulsado, cáñamo. Malo es matarse en México

porque los piadosos en la cadena del escapulario, a escondidas, porque es cosa condenable, y mira mira el avemaría,

y eco eco el padrenuestro,

con exigencia de veladoras para llorar lo oscuro a causa del cañón que asumiera su canto propiciamente para lo certero, no se sabe dónde paran seso, ojo, ojo, cabello quemado.

Textos tomados de la revista Oráculo, revista de poesía; año 7, número 25, Verano del 2007


RICO MONTOYA, ANGÉLICA, (1973).

DEL OTRO LADO DEL MURO el dolor aturde mis oídos repletos de silencio.

Incontenible amarga, dejando sequía en hombres y mujeres rotos. Ojosaurora ante un crepúsculo que irónico fenece.

Triste dolor de Gaza con suavidad curas tu piel de otoño envejecida por penas y por rabia...

Pozo joven de rencores, tu equidad nos humaniza, nos recuerda, mundo que la vida es más que batallas de seres ajenos que se encuentran y se pierden en el odio navegable de la sangre.

El dolor del tiempo se desgasta en sombras.

Tomado de Hasta el cielo llora, Tintanueva ediciones, (2007).


RÍOS GASCÓN, IVÁN, (1968).

DIARIO DE EVOCACIÓN

¿Qué es mayor o menor que un tacto?

WALT WHITMAN

Digamos que una isla te robó en la arena. La partida se transformó el espacio en un desfile de estatuas y de sombras y de nubes derruidas:

nacimiento y muerte de lo que somos, el suspenso en una línea, la arquitectura del sosiego.

Digamos que mi boca es el olvido, la fracción ausente en los labios del aire.

Por qué no decir que el tiempo es tierra y mar. Reconocerte sólo por las frases que dijiste.

Figuraría tus pechos en la bóveda de números, de signos...

Encallaría la última noción del vértigo y el caos; pensaría tu ardor, tus ojos, tu eterna desnudez...

Transitaría el recuerdo, haría de tus olvidos una contemplación.

Te escucho y te imagino.

Vuelvo a dibujar tus ojos y tus pechos y tu ombligo y dejas de ser tú misma:

el diario de evocación que se ha convertido en otro, en un cuadro, en un espectro que no podrá reconstruir la inmensidad de haber acariciado el sueño que duermes sobre la piel.

  Tomado de Espacios liminares


ESPACIOS LIMINARES

Los senos son las dos grandes lágrimas

que llora la belleza por ser tan efímera.

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Siempre he pensado que en tus muslos hay pintado un sol.

En la suave, vaporosa infinitud de tu entrepierna hay una imagen que disuelve al día y la noche, que regula al tiempo en deseo y magia y sensaciones: un desfile de elementos que se roba al tacto, que rebalsa al mundo con el fluir intenso del licor de tus pezones.

Tienes la forma de una nube al morir.

Eres básica y celeste, olor y parpadeo;

tu cuerpo se deshace en cada umbral de piel y musgo: eres tierra y árbol y aire y luz, la forma liminar de un sueño prendido de tus pechos. Alguna vez te dije que el orgasmo deconstruye. Que viajar en ti es como hilvanar el principio y el final del mar y el viento.

La maravilla de percibir, de poseer tu desnudez, inspira la absoluta permanencia en el rincón tras el que explotas, el proscenio donde nace y muere el abandono de tu sexo.

Y fue allí, donde mi lengua era el pincel de los labios en tu vientre, cuando en lágrimas y besos

imaginabas que yo era olvido y memoria de tu carne, el sitio en que te dije que navegar en ti significa vértigo y caricia, silencio, inmovilidad:

para penetrar tu imagen hay que recobrar, reconstruir y reescribir la contemplación mecida en tus espacios.

Tomado de Espacios liminares


RIVERA, MARÍA, (1971).

FIN DE FIESTA

Adiós, adiós, me voy.

Dejo para ustedes la tertulia y la cantina, la negra modelo

y la modelo negra que nunca vino:

sus largas piernas, sus pezones de fresa. Les dejo su sombra entre los vastos y el brillo de sus rizos. Yo los tuve entre los dedos como hebras de luz mortecina cuando la madrugada abría las piernas, sangraba el sol sobre la acera.

A ella, la más pura, le dejo esa noche en el centro, las piernas de los hombres, la rockola y el amargo terciopelo del asiento. Le debo sí, cincuenta pesos y un amanecer límpido por donde resbalaron los amigos como piedras.

A ti, mi sombra, mía en la pierna del mundo te dejé sembrada (cómo te amé despavorida, despavorida, ida de mí), a ti, querida, te dejo en el hotel de paso esa torre de Babel de los sentidos, allí en el bidé, entre el cloro y el vómito, en su gloriosa fuente de la vida.

Tomado de Antología de letras, dramaturgia y guión cinematográfico.

Jóvenes Creadores. Generación 2005/2006.


RIVERO, XITLALLY, (1985).

REDENCIÓN

Es ella, la otra, la que olvida

la que huye

la que mata.

Es ella quien ríe ávida en la cama

la que no puede contra el ansia y se lanza a las uñas a los gritos     a los gatos

a golpear ideas lejanas contra las paredes. No soy yo.

Los días se pierden en el éxtasis de la tarde

cuando la luna gime

y ella come el viento y ella insiste.

Terriblemente llena de vacío, se cansa de sí misma y corre a ningún lado. Tengo que soportarla porque no podría estar sola. Vivir sola.

Y es ella la que mata.

En la noche la arrullo con lágrimas,

las convierte en estrellas y se ríe de mis lágrimas. Ella no llora la muerte Ella es la que puede la que deja la inconstante y terca. Me despierta su risa, su incontenible deseo de búsqueda —Ella le llama búsqueda a la huída—. Huye de nosotras porque odia el ruido y yo no entiendo su silencio.

Ella es la que rompe la que incita la que habla.


SOY HEREDERA DEL HUAPANGO

Soy heredera del huapango

de la lluvia de lagartijas

Nací en el son del viento que llora la plata entre empedradas y cerros

Mi voz falsete

guitarra barroca

sueños bordados al cuello y a los pies Me arrullaba el pespunteo en noches frías que abrían conejos Agua miel

flor de campo

nostalgias de un pastor y cantos rojos pintados de octosílabos que hablan de manos curtidas por el sol

polvo de minas y atlantes anónimos.

GIRO

¡Giro!

Esta marea de luna

este rumbo sin rumbo y andar, andar Es que el viento se cansa y me enamora ¡Rompo! ¡Tumbo!

La risa de las rocas                          (desvarío) La luna llena de espuma la costa suave        el arrullo Esta casualidad de encerrarme en una concha enredar con estrellas y corales Duermo, gimo

La arena de mi almohada  (extravío) ¡Giro! ¡Rompo! ¡Tumbo! Giro Esta marea de luna este rumbo sin rumbo de andar y andar este encerrarme a solas perder el grito en caracolas

El canto de la lluvia            (desatino) Y giro Esta marea de luna este rumbo sin rumbo por andar, andar…


CREDO

Creo en tu lengua.

Creo en el surco instantáneo que recreas      tembloroso. Creo en cada sombra que se pierde en tu regazo. Creo en la sima inalcanzable de tus manos. Creo en la esquina

en el vértice

en la orilla.

Creo en las diminutas estatuillas que destruyes cuando me nombras. Creo en tu risa escasa       inesperada                        incomprensible. Creo en el rito olvidadizo de quererte. Creo en el sueño, en el arco insomnio de soñarte etéreo, Creo en la estúpida creación que es abarcarte. Creo en el hondo vacío de mi cáliz. Creo en tu nombre, en el escaso espacio entre tus dedos y mi gloria. Creo en mi vientre, en la mala costumbre de llamarte a gritos            en las sombras. Creo en la pálida locura de perderte.

Creo en tu esperma                          fuente imprecisa creo en la llama inaudita de una orquídea. Creo en tu lengua.

MARAVÍLLENSE:

Voy a intentar hacer un salto que recorra temojurias e ilusiones que no sé a dónde me llemuestre que sigo estaré aquí estará siempre todo, aquí. Aquí.

Un salto.

Y al final a donde estoy.

Pero seremos lo no mismo.

Habré encontralado la huella cero, imposible original siempre único. Habré triunfado.


ROBLEST, ALBERTO, (1962).

DOS CUADROS SOBRE IMPUESTOS DE GIORGIO DE CHIRICO

Digo desolación / y veo un cortejo de árboles sin hojas y raíces secas un mar estático y una superficie negra / los vasos derribados y las sillas

después de una pelea / la comida / en el piso mezclada con la mierda Digo desolación tan fácil como decir: agua / y la primera hace jaque mate al rey / degolla peones / acompañada por un escuadrón / de Black Hawk que escupe bombas / lanza fuego

y deja miembros de seres humanos por todas las calles / a su paso y sombra

AGUA y nada pasa / Digo desolación las noticias del día

arrumbadas en pilas de un gran sótano / desolación dice muerte dolor ergo lagrimas

No digo Desolación / ella dice / maldita sea / un edificio ardiendo en llamas

un hombre muerto bajo el foco del interrogatorio / ciento sesenta chiquillas prostituidas por militares

los escuadrones de la muerte atacando en la noche / las policías secretas -sus secretos crímenes la amenaza de la bomba y de la guerra / biológica visual / Digo desolación / y me inunda una gran pena /

el mar se pone en picada y miles de peces mueren / listas de desaparecidos arden en llamas

y políticas encubiertas protegen a criminales / Digo no cuando digo si digo do sal on / yo no digo / decirla es perecer / ella dice / vive ahora / cae / germina se me enchina la piel / me da asco / vergüenza / pánico / insomnio / dolor / furia / sonido / tiemblo

se me estrangula el alma / me da diarrea / desolación / camisa chica para campos sin vida tumbas clandestinas / infamia hambre mercado negro / los siete jinetes del Apocalipsis vestidos de empresarios arrasan una cultura / encadenan la dignidad / y mientras / violan a las mujeres comen la carne de los niños

No la digo / de… / no la digo / pasa ahora / es una pieza de teatro

vísceras / secreciones Ano / lo más básico / jeringas con sangre / piezas de pan / lo elemental

no la digo pienso / Digo desolación / y caras se difuminan / desaparecen gente que conocí camina a mi lado / y no me acuerdo / alguien a quien ame y encontré muy vieja / los amigos muertos o decrépitos / caras a una velocidad inusitada en movimiento / como fotografías mal enfocadas / rayones en la cinta / una película velada / sobre expuesta Estoy en el Zócalo de la Ciudad de México / los jirones de una tela descolorida ondean en el asta bandera / no hay nadie / ni en las aceras contiguas / ni debajo de los arcos

ni en las ventanas de los edificios / ni saliendo o entrando al metro

nadie en las calles ni autos / ni un solo vendedor ambulante

un solo fiel saliendo de misa

un vago un desempleado un ama de casa / nadie/ estoy sólo en la plaza de asfalto en el centro / para ser exactos en la parte trasera / de las habitaciones de Moctezuma

ni aquí ni allá

NADIE

giro la cabeza 360 grados / el silencio más absoluto

como el de la noche de Tlatelolco / la noche de la caída del Imperio Azteca

Nadie de verdad

ni un alma.

Fragmento de Ortografía para piromaníacos. En el sitio http://www.torrevisual.com/ortografiaparapiromaniacosp.htm


RODRÍGUEZ, ILIANA, (1969).

OTRO VIDENTE

Los vapores de la noche han cubierto con piedad mis ojos. Veo el concierto de los astros, la luna en esplendores, los volcanes y este valle.

Y la urbe entre las sombras

y en la urbe, un laberinto, y en éste, sus reductos: ese patio que espera con gardenias y una alcoba, además, en su momento.

Y en la alcoba veo un espejo, y en el espejo, una figura:

la magnificencia y la miseria, monstruo en la mitad del laberinto. Llora el monstruo porque sabe que es la rosa y es el polvo.

—Antes estuve en las tinieblas; ahora claramente veo.

LA CASA DE LOS SERES

En la casa de los seres no hay portones:

sólo largos pasadizos como anhelos, sólo mustios aposentos de la espera. Un rincón para asentar despojos, una pared en que atisbar designios. Moramos tras estos grandes ventanales que proponen sus praderas. Codiciamos la salida sin saber si fuera es otra casa con los mismos ventanales.

Acechamos:

nos quedamos acechando.

EMBOSQUEDe lo oscuro las raíces. A lo oscuro los follajes.


A Rosario Covarrubias.


Todo ciervo mora en bosques: todo bosque lanza sombras: toda sombra transverbera: ay, sombras sagitarias, este ciervo por el bosque.

Como herido de las cifras. En la senda de los vientos.

LAGARTOS

En el reino de las sombras, los lagartos crecen. Desde las grietas quieren señorear la angustia. Vigilan.

Saben esperar como las piedras.

Vienen de lo más recóndito del hombre. Salen del pecho del durmiente. Le insuflan sus visiones.

Ahogados con su peso, nos entregamos al delirio. En este reino de lagartos, nuestra sombra crece.

NOCTURNO PARA HABLAR EN SUEÑOS

Esta noche preñada por los signos, en sueños he de hablarte.

En sueños te hablaré de esta locura, corona de estrellas castas en las negras sienes del sensato.

He de hablarte de esperanza, manantial de leche y miel, nutricio en la sed del mustio valle.

Y hablaré también de luces, inaccesibles en la cueva de las sombras. Hablaré de la oquedad presente. Del pasado, te hablaré, fantasma en la pantalla de mi anhelo. Y del futuro como nunca jamás que para siempre se posterga, inalcanzable en su inminencia. Del caos que amenaza a todo cosmos.

Del cordero que nos mira. De los lobos en acecho.

O del nítido fulgor de las espumas en su lucha perpetua con las rocas. De arenas, sin número, en legiones. Del corazón irredento de los mares y los bosques que devoran ciegas urbes y los cielos que persiguen vanas torres. Del hidrógeno, además, violento.

De un imposible ser absurdo: idéntico, en el otro, de sí mismo. Y del antiguo sinsabor de las especies.

Podría hasta hablarte del camello, un delirio más azul de los desiertos.

Del águila vidente y de los hombres, en la celda de sus huesos, pesarosos. Puedo hablarte de un atisbo.

Y puedo hablarte de temores.

De los oscuros corceles en mi sangre, de mi sangre estancada en la vigilia.

ESTA CARNE

Hoy quiero agradecerte toda gracia. Las áureas armonías de los mares, la nieve en los volcanes afiebrados, la altura en que los árboles te buscan, la pureza del perfume en blancas flores. En esta desnudez sin tregua, mi carne avergonzada de su sombra te agradece el delirio y la delicia con este corazón a contratiempo.

La lluvia que redime al rostro exhausto, el brillo en la mirada de los justos.

DESIDERATA

Para las luces negras de tu sol herido y mi quebranto con indemnes lunas;

para las sombras escultoras y los polvos plañideros de estas calles;

para el perro ubicuo y las moscas adversarias; en fin, para la rosa —obligatoria en el jardín del mundo— y aun para el espejo de los ciegos voluntarios,

pido un verso que los nombre, que los cure y que nos salve.

PAISAJE CON RELOJMontes en azul, árbol como nube.

Ráfaga en la altura, el cielo alcanza.

Estas luces perseveran. Mas un lago anuncia: reloj de soles, signo a la vista de los seres.

A Guadalupe y Armando.


 


RODRÍGUEZ, SOFÍA, (1964).

REPASO DE LA AUSENCIA

I

Sube la luz de la memoria, canta con ojos entreabiertos, con un velo aparente de sagrada calma. Al viento explica:

su vida va perdiendo. Escaleras se derrumban, tres líneas quedan de montes y selvas, tímido el pensamiento fluye a la mas pequeña parte, un círculo que muy pronto cierra con polvo la boca.

Tan asombrado el abismo al viento explica el dolor de la parte más abatida, la más pequeña parte

que por efectos naturales se retira, se parte con la nieve tan asombrada, débiles ojos que corren como un retrato de viento.

Y yo estoy sola

ceñida por ese retrato de viento y sombra, atrapada en el árbol de la sangre donde se canta sólo a especies interiores que por efectos naturales al viento explican en lenguas desiguales.

Pero

todavía

los deseos corren, un cuerpo se fatiga

en la invención de la belleza, se derrama se abre desde el ensueño que toca todo con su mano durante la huída.

Ésta es la invención del mito donde se canta a la forma que se mueve en las luces de la memoria, al retrato de agua, a los extraños lugares donde el redondo vacío se derrama con toda la pasión o sin ella. Soy inocente de inventar este sueño continuo huyendo entre las canciones, entre el aire de las frutas que bajó por libros instruidos en las montañas. Soy inocente en éste mar del tiempo revuelto de besos y palabras de gargantas descubiertas de la tierra en el minuto extático que hace visibles los colores, máquina voluble que rompe la corteza entrega todo y se va, tan asombrada del dolor, de la más pequeña parte que en tres líneas cierra el círculo de la boca.

¿Qué nos queda de aquellos colores deslumbrados, retratos de viento y agua

floreciendo en la boca de todos los inicios? ¿En qué playa estará la huella donde caerán de nuevo las imágenes a mis dedos líquidos de flores de las formas que cantan y los deseos que corren? En tres líneas abatidas sella el polvo la boca, tímido el pensamiento al viento explica:

su vida va perdiendo, débiles ojos deslumbrados de señales exteriores, cuerpos opacos en lenguas desiguales, deseos que corren por el retrato de sombra.

II

¿Por qué este año, desde que empezó se está muriendo?

En todas las mañanas del invierno lo indecible, terriblemente grande se abrió paso, derribó columnas destellos y silencio.

Los fantasmas huyeron con los nervios entumecidos.

Estaba

lentamente

la blanca pared el natural vaso la ventana nocturna el tiempo de después, y en todas partes los juguetes desnudos,

tus pequeños ojos que miran las cosas con el amanecer de los pozos, los juguetes desnudos en insolente exceso recibiendo heridas de lagos agitados, todas las mañanas del verano, porque éste año desde que empezó se está muriendo.

El mismo esplendor se desvanece pierde perspectiva en estos muros blancos por donde bajamos navegando con la palabra verde colgada del aliento.

Y había lentamente

ésa caída de piedras en el vientre el tiempo terriblemente grande de después, los destellos y el silencio que derribó columnas, los nervios ardientes que en insolente exceso se consumen el amanecer de los pozos, mis alas aprendieron a tener miedo en todas las mañanas del verano y después.

III

Se apaga ya lo que ha nutrido los profundos lagos y no queda nada por decir ni runas que descifrar, lo que nutrió se apaga ya en negras migraciones,

no hay memorias que se puedan invocar en este infatigable desatino.

No hay infierno que se pueda invocar en el sonido del cuerpo que en toda huída se deshoja pálido y seco por la luz del relámpago.

Y con cuantas cosas no me atrevo en esta tierra aturdida por la búsqueda inquieta de sus hojas, regresa, habla de nuevo nacida sombra:

¿Quién es la muerta de los profundos lagos? ¿Quién mueve el viento de sus cabellos en la misma ausencia del viento? Qué cansada estoy y qué desnuda, me he disuelto en un redondo vacío de agua, por momentos quiero confiar en la luz pero no me limpia, mis brazos me persiguen con almohadas saturadas de palabras. Con cuántas cosas no me atrevo por ejemplo, los pájaros con sus gritos terribles, o salir al cielo borroso con los pies, aún todos rotos.


SALAZAR, NORMA (1968).

CATÓN DE HOJAS

Las hojas de llanto cubrieron el vacío y crecieron árboles de ya no tiernas palabras sino duras expresiones, cimientos de Antares Eterna.

Las hojas permanecieron bajo la niebla del olvido, alhaja de la memoria. Alguien o algo escuchó su débil transpirar. Alguien o algo tomó la voz de cada suspiro destilando su esencia en Letras Antiguas y guardó cada hojagua en pliegos de amate y papiro.

Así nació Catón de hojas. El olvido se disipó, el bosque de la añoranza fue habitado por Ninfas del Norte que danzaban cada pasaje del libro. Los hombres podían escuchar ecos del lejano baile. Palabras, pasado, presente de Murales Inconclusos, el Catón reposaba entre el girar de cantos en un claro del bosque hasta la llegada de la Impertinencia. Con sus burdas manos tomó el libro oscureciendo el lugar.

En busca de la luz abrió sus páginas y la voz de Antares Antigua reclamó con vientos profundos. El amate, el papiro, las runas antiguas y las lágrimas se perdieron en el piélago de estrellas.

Se oyen sus recuerdos al cavilar por el ventanal de la serenidad al nocturno Cauro. Los murmullos quedaron vedados al estrecho espacio del hombre. Del Catón de hojas quedaron nueve pasajes que la impertinencia trocó bajo el nombre de cartapacio de la Imprudencia.

HAY SUEÑOS DONDE LAS PALABRAS SON INEXISTENTES, les dicen paisajes de ensoñación, duermevela, a veces letargo.

Son lugares donde la vista sólo es un reducto, una rejilla insuficiente para percibir el ir y venir de lo indescriptible.

Hay sueños en los que el mar agobia y el cuerpo desvanece, les llaman marejadas nocturnas, tifones inconscientes, lugares donde la voz es inútil para la ayuda.

Para uno u otro hay sólo una guía a través de intrincados caminos: tu sensibilidad.

EL TRANSCRIPTOR

Conseguí ese tapiz con minucioso detalle, podía ver el rocío de hojas esmeraldas o huellas de la hormiga en la arena. Busqué en recónditos lugares, tan lejanos que habían sido olvidados por la emoción de haberle encontrado.

Ahora podía soñar con mundos inimaginables mundos no soñados.

Al llegar, tapé con tela labrada bosques y desiertos: el tejido se transparentó palmo a palmo dejando ver un cuerpo vacío, hueco y vedado.

Los paisajes del tapiz nunca fueron tan hermosos como la exótica sonrisa del vendedor o su niñez en los prados.

Habrá que encontrar un fragmento del tejido en lugares donde no haya estado.

Éste es un libro donde las palabras dejan de ser letras, para consumar tiempos y voces dignas de ser oídas.

Éste es un libro donde uno no lee sino aprende a escuchar palabras que para otros sólo son vacío.

Éste es un libro para que uno oiga su voz interior, sólo contemplándose a sí mismo. Sólo andarás por intrincados rosales, cantarás a lo oscuro.

Oculto verás sombras de la luz cuando sienta en tu nombre ligereza de días pesados que soplen sobre firmes embarcaciones de ahora para navegar riadas venideras… muchos recuerdos, inseparables vidas propias. Tales añoranzas como telarañas nunca crecen solas, se entretejen con vidas compartidas: eres quien vive en mi baile memoria.

Las palabras navegan en un mar de ideas, imprimen al aire preguntas y respuestas, hasta llegar a la cascada de esencia, donde cubres espuma.

Sólo en la cueva, cubierta con velos de agua, madura el diamante de tu existencia; sólo en líquidos cristales de la aurora, se gesta madreselva tu presencia; sólo en la raíz de la loa acuática se aguarda el secreto de tu nombre:

Noreste.

EL HILADOR INMÓVIL

Mira

vuelvo a mí

te digo que no soy

Exhorto a mis entrañas a mis manías enmohecidas.

Soy extranjera deshilo

el canto de los grillos.

Muerdo el anzuelo de la turba incivil a ras de orgullo dejo arlequines.

Necedad ignominia Instintivo silencio Ilegible calma Sibilina expiación.

Desembarco en las campiñas los versos de prosa apolillada, pocos podrán sentir la voz del cancerbero con ojos de serpiente.

Gruñir al

Hilador inmóvil.

Me aferro como alma de cigarra, soy un libro de buhardillas, con días de dibujos de aquí y de allá. Imploro un vino que pinte la vida fecunda de retoños de sal, de sombríos tapices en la tierra.

Donde el artesano

invite al lóbulo de la oreja a la verdad. Dolor y penas indelebles a lo espiritual. Mi historia efímera sonrisa de incredulidad aristas de un cristal.

SALMONES, MARISOL, (1960).

HABRÁ EN EL AGUA

Habrá en el agua

a pesar de tu nombre y mi ventana la inclinación del golpe.

Hay luz de oscuridad que finge y a pesar de toda ella

una mirada nos repartió las copas de los árboles.

LA ÚNICA RAZÓN

Entre las horas vueltas resistencia mis ojos se volvieron campo mudo imagen vela la única razón que no tenía palabras

tu inmensidad reveló los colores las distancias y por ti aprendí a ver respirando entre hilos el tejido del sueño

y ver se volvió todo reposo recorrido plenitud y silencio.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)


SÁNCHEZ, J.A., (1974).

UN SEGUNDO, UN SIGLO

La duración de lo prohibido no es directamente proporcional al momento en que la mirada, sin una réplica de fuego, se evapora;

al momento en que el tacto, una vez suspendido, se convierte en memoria;

y al momento en que la pluma, sin sangre que decir, se despide de la hoja.

EL HOMO VIDENS PIDE LA MANO DEL TELEVISORAfianza el cable, ven, cásate conmigo amado mío;

eres la alta fidelidad con la que siempre soñé.


para Giovanni Sartori


Tomado de Blanco Móvil. No. 101


SANMARTÍN, JUAN PABLO, (1985).

INSTANTE

Nos encontramos:

yo capturé el silencio,

           túme aguijoneaste.

Tus ojos

me invitaron una copa, más opté por un solobeso.Las nubesolas

nos acariciaron

y con ello

ascendimos al cielo...


Tomado de Soliloquio, Tintanueva ediciones, (2008).


SANTA OLAYA, ANGÉLICA (1962).

LA MOSCA

Soy la única mosca

                     merodeando este silencio me poso en la piel ajada de una fuente solitaria bebo un sorbo de sudor amargo y sacudo de mis patas los ajenos restos de esta tierra mientras un hombre de ojeras insomnes se asombra de mi sed.

SIN CONSERVADORES

No tengo senos de plástico ni uso zapatillas de Cenicienta pero mis pezones florecen al concéntrico tacto del deseo,

no soy talla cero

pero mi pubis reverdece ante un cayado de redondas intenciones

puedo modificar la órbita de los planetas a cambio de un orgasmo con alas de libélula

no necesito un anillo de diamantes ni una firma que ponga candado al vuelo de las azules esporas que germinan en mi vientre

mi sudor no sabe a silicona ni tiene conservadores porque la carne con cadenas termina siempre por oxidarse


¿PARA QUÉ?

¿Para qué mancillar el silencio con palabras de humo?

Ceniza que ensordece el rumor de las aguas que sin presunciones

anuncian el final bajo las cloacas.

Prefiero el perfume de la tinta al hedor de la verborrea.

MARIPOSA CON LUNARES

Abre los oídos

un perro ladra en el horizonte de concreto líquida frontera que se oculta tras el negro disfraz del día

Cierra los ojos

una mariposa agita sus pétalos de gamuza suplicándote que secciones el tallo que sodomiza su vuelo

La flor de antenas doradas olisquea la libertad en un jardín de bytes megacinéticos


OASIS

Rascas el barro dócil

 de mi carne alada,

tus dedos de mar merodean el laberinto donde el minotauro bufa.

Catorce granos de arena agonizan

en un oasis habitado

por dos palmeras doblegadas al viento

y el maullido de un gato —con nueve mesiánicas vidas— sobre la barda del patio trasero.

TODAVÍA

si en una esquina

se oculta

el garfio de metal que rompe con sus uñas el ojo del recinto alado

en la otra repta la mano que insiste en descargar su chorro clorofílico homofílico demofílico sobre el iris desvirgado de los siglos


SANTA-ANA, CLAUDIA, (1974).

EL MUELLE

La noche corre cubierta de hojas. Tengo en los párpados el oleaje pálido de una barca oscilante. La lluvia punza en la luz

fría en que he nacido. De ella he hablado antes: de las sustancias que el dolor anima entre bestias apacibles a merced de la niebla.

Niños dejan la embarcación

con ojos devorados. Caminan sobre la arena. He tenido que ocultarme.

Oler mi propio acíbar bajo la madera.

Encorvarme como una rama cubierta de hojas agitadas.

LA ALFARERA

Ha venido la infancia a sentarse a la mesa. La he visto comer pan y deshacer un terrón de azúcar.

Sus ojos brillan donde el vino ennegrece.

En las manos sobre la madera se oscurece el barro: su rostro pequeño gira en la primera esfera. Me observa tras una lluvia cóncava y breve.

EL ANDANTE

A Jorge Fernández Granados

Aun cuando lo advierta volver,

aun cuando no posea más penumbra que la ausencia, llevaré las manos al temblor de mi cuerpo: el rostro retraído de mi infancia.

Recorrerá otra vez los vestigios, la memoria con el brazo sepulcral del faro en la península de la Andrómeda sumergida. Vendrá porque a veces despierto en el corazón desleído de la niebla, porque me balancea en la noche lo mismo que a la péndula de un puente antiguo.

Cuando lo advierta

pondré oraciones de por medio

como quien deja un puño de arena sobre el agua.

LA ELIPSE

Una mujer observa la forma de la lluvia en la artesa. La elipse de agua es un gesto en la luz que agita su rostro. El viento inunda de mercurio el valle. En la cerca los pájaros curvan luminosos hilos de acero.

Girar a la derecha las aguas con los dedos es una herida que rodea el fulgor amargo de los ojos.

Girar a la izquierda las aguas con los dedos es una herida que rodea la voz del hijo no nacido que del monte llama a los animales huyendo cuesta abajo.

El rostro silencioso tiene el peso de un sable en la noche. Beben de sus ojos las bestias confusas. Llueve y brotan en el cielo las primeras formas de la nada.

● 

Tensa el viento la luz en los huertos. El lindero de la tarde se aleja con los pájaros. La lluvia ha dejado en la era sus semillas misteriosas y el esfuerzo de las últimas gotas que penden en las vides. Las hojas pequeñas rodean la caída de la estrella madura.


SANTANDER, GABRIEL, (1961).

BESO

Al besar escuchamos un hueso de fruta cayendo en una cuenca los ojos miran a una bestia salir de entre los vellos todos los sentidos cotizan la humedad en la boca se hace de noche en los labios de día, la lengua es dragón y nube el paladar, corazones negros palpitan en tus párpados, olas de lágrimas en tus oídos cantan pues sin sentido del tacto el gusto de la piel, al devorarse la embocadura y el cardenal, y es que aquí, sujeto de un agujero, sabrás que el placer es más hondo que el dolor.

LA FLOR ORGÁSMICA

Al morir regalamos de una vez el sexo a la nada, así quiero ver tan intenso al sexo y a la vida, como si tú que me lees ahora mismo supieras que más que intensidad hay vacío

desde el primer día que jugaste con tu clítoris o tu tienda de jugos que los pasmados llaman pene, suponiendo, que alguien diera el indulto al tiempo, apenas tres o cuatro segundos te bastarían para darte cuenta que la vida borra, en el acto, la alucinación de una piel incapaz de avanzar postrada en la estatua del placer creyendo que el viento es un huerto de alas, y la luna un atún histérico de amor.

Si el lenguaje algún día dejó de serlo

fue el momento que alguien dijo he ahí el orgasmo

te diré que el postre, el anuncio o la consolación serán tus ojos, hay exactitud en ello, al mirar de verdad sólo puedes ver el orgasmo o la muerte, o quizá el mar.

Cierto que uno no se la puede pasar cogiendo todo el día, pero también es cierto que no hay mucho que ver, que sólo cuando te arropa el vértigo del amor, sabes cuánto falta para alcanzarte como la estrella que muerde su cola de luz astro más ciego que muerto casa de un pájaro más sangre que pañuelo, se lleva tu cuerpo la luz cuando la boca es un cometa glandular y el atardecer un tapiz de ombligos.

Todo lo que hay antes y después del orgasmo es un formulario así de mal funciona el universo como esa flor que no existe porque su aroma mataría a los pájaros de amor dormiríamos con ella en el regazo, no habría ambulancias ni tijeras;

el imperio de la vida tiene un defecto, un silencio atroz, un mecer de cuna en el abismo, un espejismo más cristal que cocaína.

De ese temblor,

más bahía de angustia que mar helado,

brota el pecado bañado en miel reloj de corazones tu pulsera

cilindro de abejas la verga buscando flores.

La flor cierra después de eyacular un arco y una trampa.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


SARAVIA, EDUARDO, (1977).

LA DURMIENTE

Soy el sueño de la mujer que amo: despierto cuando duerme.

Cierra los ojos y me encuentra, tendido en una cama, a su costado;

nos levantamos a pasear por donde no hay caminos, no existen palabras que alcancen al silencio. La mujer que amo es una sombra blanca entre mis manos, la noche desnuda me la entrega. Sabe que al despertar morirán las cosas que tocamos juntos, se perderá lo andado. No despierta, pero ya siente que la luz del día comienza a interponerse entre nosotros, ya siente que me alejo.

Tomado de La luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última de México, (2007).


SAUCEDO, LORENA, (1979).

EJE CENTRAL

Llegamos sin merecerlo al lugar indicado, somos cuatro y cada quien arrastra sus mitades. Nos dan una mesa a tres metros de la madrugada, a dos metros de la rockola. Somos los únicos clientes y dueños de todos los sonidos, de las voces, de la risa, de los ruidos que escurren por la pared, de más de mil quinientas canciones. El tiempo se queda afuera, camina por la calle marcando el paso de las horas que preparan en la oscuridad el día.

Nosotros hablamos de palindromas y viajes, nos ensuciamos las manos y el sentido, intercambiamos prendas de vestir buscando reconocernos.

Todas las canciones dicen la verdad: con la voz rota canturreamos, hoy nos basta el pormenor que somos.

Pronto dejaremos de recordar.

Lo que suceda de aquí en adelante

será un secreto que a nadie habrá de pertenecerle. Cuatro dioses bailan adentro de nuestros cuerpos en medio de la pista, sobre el piso sucio de su paraíso.

Salimos a la calle en el momento indicado. No merecemos el mundo pero salimos casi absueltos, casi esperados, casi lava.

El mundo dio una vuelta sin nosotros. Salimos y el último escalón nos eleva a la certeza de que jamás seremos mejores de lo que somos ahora:

sombras bajo el hacha del mediodía.

Tomado de Pliego 16 No. 7. En el sitio: http://www.fundacionletrasmexicanas.org


SILVA ROSAS, SONIA, (1971).

ETERNO RETORNO

A esta hora

todos hemos envejecido lo suficiente

como para soportar el eterno retorno de las cosas. Los días caben perfectos entre los dedos y encuentro a Nietzsche crucificado, pregonando aún la muerte de Dios, este Dios que resiste el final de la historia.

A esta hora

todas las palabras se han dormido.

Algunas lo hacen ancladas al rostro enjuto de los ancianos, otras, sin más ni más, en los labios infantiles que buscaban descifrar algo nuevo.

A esta hora, señores,

todos ignoramos que Dios nos señala, nos amarra a la penumbra y con su dedo índice nos perfora

para arrancar las hojas de ese gran árbol que llevamos dentro. Para cuando termine de las ramas penderá el corazón y las palabras asomarán entre los huecos, los días lanzarán su último hilo para tejer en la mano abierta de quien los sostiene algún atardecer que haga mutis y guarde santo y seña de lo sucedido

mientras tanto envejecemos

A esta hora

Nietzsche continúa pregonando la muerte de Dios y Dios ríe a carcajadas grita “corte” y nos obliga a repetir la escena.


MARIONETAS

Para Ricardo Garza Rodríguez

por su inexplicable partida

Atardece.

Alguien corta los hilos

que hacen colgar a los pájaros del cielo y con espinas enumera las palabras que se escucharon durante el día.

Con esos mismos hilos alguien ata nuestros huesos:

ya cansados se dejan hacer, se dejan pintar la noche

y adormecidos contemplan la fina danza de las sombras,

exquisito desangrar de la luz

sobre el asfalto.

Y la tarde ya no es tarde sólo noche,

ese lado oscuro en el rostro de Dios

poblado de soles pequeños a punto de extinguirse.

Ya en lo alto,

—desde los hilos—

uno ve pasar la vida como el humo del cigarro, uno intenta contenerla pero el viento bien hace su trabajo y la vida se va, se marcha a través de ventanales y rendijas, se llena de soledad el rostro porque ciertamente solos nos vamos quedando, solos y marchitos, con los versos hechos nudo en la cabeza hasta ese momento, ese minúsculo momento, en que ya no vemos a los pájaros colgar del cielo.


CUARTO MENGUANTE

Para Francisco Magaña

II

Todo comenzó cuando enero jugaba al cuarto menguante. Hasta ese momento mi madre nunca dijo que debía pagar por ver lo que me esperaba detrás del espejo

cinco monedas por la realidad

—me dijo—

cinco monedas por lavar tus heridas y cuidarte de la noche, cinco monedas por tragarme tus tardes y sobar la joroba de tus días muertos,

para entonces guardaba yo sus palabras en bolsas de plástico, —una sobre otra— y a la cuenta de cinco las ataba con un rayo de luna:

enero veintisiete, negación enero veintiocho, mentira enero veintinueve, abandono

para cuando llegó el treinta mi corazón asomaba por este hueco que sus dientes me heredaron, serpientes por ojos, pulmones de plástico

y es que cinco monedas son más que suficiente para cubrir la paga por el dolor que se me ha destinado, cinco monedas, un agujero en el pecho,

tarde mutilada

—ruega por nosotros— hija de la noche

—ruega por nosotros— herida no sanada

—ruega por nosotros—

de las lágrimas de mi madre —escóndanme— en los brazos de mis hijos —purifíquenme—

no permitan que el dolor me reviente las entrañas y la carroña del tiempo me desfigure, no permitan que la noche se derrame sobre los árboles sin mi presencia y que mi sombra quede prisionera en el rincón de los suicidas.

Cinco monedas, más que suficiente para mantener los ojos abiertos.

No hacen falta las bendiciones cuando se tiene el infierno ganado, tampoco los Eneros con sus menguantes ni las promesas incumplidas de mi madre

no hace falta el tiempo y su triste memoria ni contar los rasguños de las horas ni gritarle a Dios ni soportar su burla

cinco monedas son suficientes

—cinco—

para ver detrás del espejo.

SED

Dame de beber tus lágrimas María de Magdala, muéstrame en cuál de tus gotas permanece

derramado

mi corazón.

CANTO AL SILENCIO

Caer

caer en el silencio,

así,

      lentamente,

reventar los oídos con el mazo de los días y en la boca

sabor a silencio,

a palabra muerta

¿ Mueren acaso las palabras?

Silencio,

s i l e n c...

Caer en él y desmembrarse.

SILENCIO DE LUZ

Mi madre nunca dijo

que pronto llega el atardecer cuando se le ignora, simplemente dejó de hablar, se llenaron de luna sus ojos y brotó de su pecho un enjambre de sombras.

Sombra, silencio de luz, pausa en la mirada del tiempo

mutis en el escenario que se reconstruye calle que nos ve pasar a la ceniza de la tarde al luto de la noche

      y de nuevo al alba

navaja de luz en la yugular que late resignada, en las pupilas que se abren y buscan devorarlo todo

—todo—

porque saben que cerrándose no habrá marcha atrás, sólo ese silencio de luz por los cuatro costados y el triste recuerdo de que siempre fuimos cadáveres vivientes.

FUGITIVA LUZ

Gota de luz en la inmensidad del paisaje, caprichosa, cautiva, en el asfalto y entre los árboles con sus hojas de óxido,

fugitiva luz

entre neumáticos y en la mirada ausente de quien sobrevive

gota de luz

caprichosa, fugitiva en la inmensidad gris del paisaje.


SODOMA, ARTURO, (1977).

CALLE POÉTICA

 ¿De la calle se puede recoger poesía? Ricardo Rocha en entrevista al grupo de Rock “La Barranca”De la calle se puede recoger polvo Se puede sembrar silencio y cosechar sangre Se pueden recoger rocas Sueños Ciempiés Papel picado Fotos              fotos mudas

Se pueden recoger borrachos Demonios Hombres que se tapan la boca Mujeres que se tapan los ojos

Se puede recoger poesía


fotos de colores


fotos vagabundas


y estirarla hasta comprobar la ley de Hooke Palparla como papaya madura

Morderla                              sentir su jugoso cuerpo entre los labios

Pisarla cual cucaracha

                                     que truene

                                                       que manche el piso Azotarla hasta que grite porque la poesía grita llora y mendiga la comida

Se puede recoger poesía de las aguas negras las 24 horas de la calle

En la mañana como baba de almohada en la tarde como estrés de oficina en la noche como puta sin destino ni maleta en la madrugada es la resaca la resaca de la vida de la vida en la calle de la calle que es poesía

Se pueden recoger hojas notas musicales Saxofones en la oscuridad

Hojas secas        hojas nocturnales Golpes de odio golpes de amor Preguntas y explicaciones Viento contaminado El perro callejero que ladra: God            god                       god La señora que mata viejitas porque no tuvo madre

El río de las palabras El río Mixcoac El torrente de Paz El torrente sin agua El torrente de las letras El torrente de la soledad

Los espejos rotos

los charcos que se quiebran con las gotas del cansancio El testimonio de las avenidas que a diario cuentan leyendas de transeúntes opacos

De la calle se puede recoger el pan de los muertos el que lleva azúcar en los huesos El pánico de los vivos los que llevan en las venas la desolación de la historia

En la calle hay metáforas Arquitectura en movimiento Piernas que son sinalefas Bocas que son aliteraciones

Pies morenos de ensayos prolongados o pies tímidos descalzos Remolinos de pantorrillas en el sendero de los subterráneos

En la calle se pueden recoger toda clase de flores La flor del no me olvides La amapola de la tristeza

Se puede recoger un poema en cada cuadra a cada metro de pavimento letras y letras polvo poético

El polvo de la desilusión urbana el polvo de la calle.

Tomado de la revista Lenguaraz #8

MANOS

Tengo las manos tristes y vacías

Intento reposar el dolor de mi alma en la sombra de su cabello

Quisiera besarla en minúsculas porciones de agua cristalina

A lo lejos un niño muerto la mira

Tengo las manos tristes y vacías.

Tomado de Ausencias, Generación Espontánea, 2006, México.

FRÍA

Fría como el infierno en los ojos de los seres divinos. Fría como el color de la sangre de las aves cuando sus nidos caen en la tempestad del cielo.

Fría con ojos enormes y dolientes,

Negros como la sombra de los parques que duermen.

Fría de amor y fría de miedo, de soledad de mí, y de mi olvido.

Fría como la blanca desnudez de la nieve, como las estatuas de los santos colapsadas mirando el infinito.

Puedo decir que la amo, pero ella es fría como la muerte.

Tomado de: Lágrimas Difuntas, Tintanueva, 2004, México.

SOBRE LA VOLUNTAD

Voluntario de los tulipanes monocromáticos, de las espigas de trigo, del llanto de los enfermos, de las sonrisas de los perros rabiosos.

Voluntariamente he elegido el camino sordo, la callada boca de mujeres eclesiásticas y las patadas de elefantas en brama.

Voluntario de todo,

de las vacunas antiestrés, de los cielos hermafroditas, del fomento a la lectura religiosa,

de los miércoles de plaza, de las hormigas que se alimentan de sus hijos, de los hijos de las hormigas que alimentan a sus madres, de la noche que llora canciones de amor, del amor que llora en la noche.

Lo único que no permite mi voluntad

es el silencio de los pasos cuando te alejas de mi vista.

Voluntario de todo, menos de tu partida.

Tomado de Ausencias, Generación Espontánea, 2006, México.


SOLER FROST, PABLO, (1965).

AUN CABALLISTA MUERTO EN UN ACCIDENTE DE AVIACIÓN

Me pregunto si recuerdas los sudados flancos de la bestia o si en las largas playas de la muerte has visto a Darío a quien coronó un relincho,

a cabalgas por los pantanos y brezales de Dios. No te nubla el humo de un lejano incendio. No corres célebre a apagarlo.

LAS PRADERAS

Mientras juegan los Bills y los Redskins se oye una muesca en la llanura. Es un chotacabras en la noche pétrea. Pienso en familias de hombres pintados. Pienso en los osos recónditos que terminan en pieles remendadas con paciencia.

Y pienso en el mariscal de campo que corre por la acertada llanura en una tarde de resina. Y en tambores.

LA BREA

Has visto los colmillos

y más colmillos que sacaron de La Brea. Los huesos y más huesos, las plumas y las garras.

Es que cuando los animales se daban cuenta de estar atrapados, excitaban el hambre de otros.

Entonces, los animales se dan cuenta.

Así es.

Hmmm. Hermoso concepto.

CALIFORNIALas vidas de todos se las lleva el cine.

Un asesinato en la calle lo vi en el cine. Esos gritos los gritó De Palma en la palma de oro del cine.

Esa sangre bosníaca salió en el cine.


¿Y Nerón y Amenofis y Carlos I y Goya? Se los tragó el cine.

Cine son las tetrarquías.

Beethoven es un perro y Donatello una tortuga ninja en el cine.

Y Andrés Soler echándose un tequila.

CLAN

Fuimos los que fuimos.

Ea, vengámonos a las manos, dijimos.

Y el tiempo se encargó de darnos una paliza.

Pero hubo ángeles que sonrieron.


A Juan


Tomados de Pablo Soler Frost, La doble águila. UAM, Col. El pez en el agua, Núm. 3. México, 1997.


SOLÍS ARENAZAS, JORGE, (1981).

DECLARACIÓN DE LA MEMORIA

quiebra el lince su esquife negándose la arena de la orilla: dios es la memoria y en su quietud se conocen los vocablos: sólo una cosa existe: es el olvido

Tomado de la revista Alforja de poesía, No. 37, Verano de 2006.

ESCOLIOS

Nada que escape al fuego de las sombras: las horas, los ciclos, la voz, el sesgo de la página que precipita los días —inexistentes como el so—. Nada que pueda romper la quietud deshabitada o los giros ciegos de la rueda.

La historia no es más que la zaga del árbol. Lo que calla en su cuerpo es el cuerpo —rotos los signos, vencido tras las horas—.

Nada que no ceda la palabra sin la historia. Sólo el olvido que escribe en el tronco: el miedo al tiempo no borra el miedo a tus ojos.

: no sé si —excepto la parte inferior— esta página permanezca en su blancura. No sé si exista el espacio sin alteración. Ayer leí que «ese tiempo era ya pasado».

No lo sé: no conozco este tiempo, no conozco otro Tiempo. No conozco la página, nunca he visto la historia. A veces veo la merluza destrozada: A veces... Pero no conozco ni conocí el instante de la página ebúrnea. No se si —excepto la parte inferior— esta página se conserve en su silencio original. Tampoco sé —salvo en algunos momentos que se me escapan— si las hojas del albaricoque se muevan de oeste a este: sólo sé que no puedo evitar su caída.

Tomado de Los mejores poemas mexicanos 2006, (2006).


TAFOYA, ADRIANA (1974).

ANIMALES SENILES XII (BARRO TIBIO)

Cuánta belleza carga Susana

es difícil decidir de sus reflejos el más bello

Un hueco, la cavidad de la voz el arco del pie la luna del dedo

Su piel es espuma de nata su vello, una sombra al carboncillo

                                           Regreso para besarla

Camina con la canasta seca de las frutas que sostiene el teclado de sus dedos y un teñido vestido con la fresca tinta de las frambuesas vaporoso la envuelve

Bella es Susana

le lagrimean los cabellos

Pero se traga el viento las hojas y caen muy delgadas las aguas

El fruto es la unidad de lo finito y los pájaros de tan maduros revientan

Se guarda Susana y tiene miedo

presiente rostros oscuros y añejados como aceitunas negras se abriga de soledad en el recipiente de su casa escucha resuellos, murmuraciones

el sonido es el golpe de la violencia de las cosas

Grita, insulta

pero la palabra sólo rasguña

Siente que un mar sucio, espeso la rodea, la aprieta

lame las lunas de sus uñas

             le pasa el dedo por la planta del pie

la manosea

con numerosas manos la unta

con la tintura de un sexo que se vuelve una bestia de ojos cuajados

Un racimo de testículos la aporrea, le rellena la boca

Ella, se calla (enmudece)

(No hay nada más frío que las claras yemas de una novia)

Susana es un arroyuelo de cabello

                             Los ancianos le miran y son verrugas hinchadas de malicia

Para besarla ya no regreso

Susana se deshace y desaparece

ANIMALES SENILES XX (ANA)

Mis ojos tuertos ardorosos y las voces sus prodigios, la muerte se llevó mi seno, mis senos, la muerte succionó mis senos, succionó mi seno y lo engulló como una enorme yema de huevo, mira que me evaporo, pero camino dulce los pechos espontáneos y estoy paralizada, por dónde te abordo anciana, si no te amo y hay que cuidarte, mermo, te succiono te bebo, como beber de un pozo de agua caliente, me pides maquillarte dormida, acojinarte los algodones nasales, podría ser algodón de azúcar, ponerte el vestido blanco con broches, el tocado suave, tejida la zapatilla blanca, pero me pides maquillarte dormida Ana, llenarte la nariz de algodón de azúcar, la jícara, Ana, llenarla con vinagre y cebolla, bajo la caja, me pregunto por qué si no quiero tengo que velarte, cerrar tus tijeras como piernas abiertas y secarte el sudor bajo los senos, el sudor sobre tus pezones, par de gotas dilatadas, tomarte Ana, el cuerpo frágil de carne transparente, torneado de bordes delicados, doblarte, depositarte con cuidado en tu caja, Ana, eres un vestido, un labial, un perfume, una cama, qué sola estás entre tantos hombres, duerme Ana duerme que el dolor te acompaña, me pides que te quiera, ¿cómo quererte si te mueres?, ¿cómo quererte si me espantas?, ¿cómo me acerco al guacal que eres?, cómo amarte, Ana, si estás vieja, acabada, y me besas, besas mis ancianas, todas las ancianas y sus bocas, pero el prejuicio como el dictamen de la supervivencia; lo descubres, me descubres, terciopelos no palpados, me miras, Ana, embárrate del mundo, Ana, una vez te grité te estás ganando el asilo, Ana, pero debo tomarte con cuidado, acurrucarte entre las piedras, el cuerpo sin zapatos, las manos entre gasas, niña anciana, el bisturí el resorte, vístete de novia anciana, un vestido blanco, calado con broches, cuerpo despojado de sus movimientos, acurrucado entre las piedras, cuerpo sin zapatos, Ana, serpiente de piel vieja, carne agua, agua carne, espiral, remolino, feto. No puedo amarte, Ana, sólo te beso, besarte Ana besarte sólo puedo cantarte hasta que te vayas. Duerme Ana duerme, que el dolor te acompaña, dolor de los parásitos, bautizarte con tu bacinica despostillada, el orín de los muertos, el excremento del atropellado, con tu cabeza abierta como la urna de los secretos, qué sola, Ana, y te enlodo los pies, te empapo las manos de aceite aderezado, de agria manteca de cerdo con pulpa seca para que no te vayas, Ana, el jugo que sale de tu caja, dolor de gato bajo tierra Ana dolor a boca abierta Ana no llores Ana que te diluyes llorando Ana, como el aleteo de un puño de pájaros bajo la alfombra.

Poemas extraídos del libro Animales Seniles, Coedición Círculo de Absenta Editores, Editorial Andrógino y Editorial Versodestierro. Colección Las cenizas del Quemado. México, DF, diciembre

2005. 

EL TABLETEO DE LA SÁTIRA

I

Suelto cabriolas desgreñadas sobre las alfombras del paisaje arqueo mi cuerpo rodeado de ciruelas, crisantemos

                           un morado de flores resecas y el mordaz sabor de los arándanos

busco camorra

                            salto

                                       arranco cerezas desangro ramos en el vello de la tierra crecen dedos suculentos los corto de un tajo caen los dedos y aún en el suelo se agitan con el ahogo del llanto

            troncho los fetos recién florecen mato los pájaros

II

Jadea el viento

se inflaman las mareas el mar mortecino se moldea en azulado abismo suelo comerme las sirenas sirenas rojas enroscadas en las costa de escamas sombrías como las ojeras las arrastro lejos de la cueva de los sátiros al vapor negro de las sombras donde el musgo es de mojado tabaco se desangrarán docenas de ellas quedarán secas disecadas por el viento condenadas a quebrarse al quebranto sobre la sucia tierra

III

Yo la pequeña y dulce cara de niño soy la dama de espesas crines una cabeza en la ventana de carne y pelos la miel de la piedra soy el sátiro y la vellosidad hiriente de todos ellos

el vaivén de los perros sobre las caderas

los lengüetazos

          perros y sus testículos golpeando entre las patas

 aún no hay música para mi canto aún no hay flores para mi boca ni laúd ni ocarina ni arpa soy un violín de gruñidos oxidados creo en el silencio vivir bajo el tablero en espera de la nueva guerra

IV

Se descarna la mañana

y de pronto me encuentro sin memoria sólo oro quemado ante las arrugas del cielo se me rompen los pasos como las tostadas hojas de los árboles muertos

nada sabrán sobre mi

no sabrá nadie sobre mi sexo aunque todos lo conocieron

en esta tierra manchada con excrementos de las moscas todo lo que olvidamos nos hace existir menos todo lo que se olvida nos hace existir menos menos soy cuando menos recuerdos tengo soy menos cuando menos recuerdo

                no recuerdo soy menos

                no recuerdo

       Todo lo que fui se esconde bajo las hojas

Poema extraído del libro Enroque de flanco indistinto. Editorial Mezcalero Brothers, México, DF, febrero 2006.


EL MATAMOSCAS DE LESBIA

Regreso agitada y burbujeante presionando con los dedos el cuello del cristal que envuelve al vino

Regreso redonda y satisfecha frondosa y perfumada con las carnes tambaleantes y envinados mis sabrosos frutos

él dijo:

me molesta tu perfil

de gesto seguro y suficiente sólo eres una mosca gorda mosca negra peluchuda e inflamada de siniestros pelos

Ruedo por la inmensa cama Me desprendo de una tela entallada y descocida le confirmo que soy negra y sucia negra de carne dulce carbón de azúcar mosca exótica con vientre acústico forrado de terciopelo una cajita pequeña de resonancias

Confirmo que soy negra y deliciosamente gorda

y que en alguna parte olvidé las pantaletas

él dijo:

me enoja cuando bebes

arrogante elevas el meñique de tu mano eres perra añeja que provoca carnívoros deseos dan ganas de hacerte tierra y cocer un jarrón de tu barro

Sonrío

me acomodo y le reitero que soy negra y mala

negra de labios gruesos,

que la forma de la hembra madura se impone y concentra la elegancia de lo abundante, le da poder al cuerpo

que tengo los pezones zarzamora                   que estoy desnuda y se me dibujan grietas que adornan mis nalgas con la textura del satín

él dijo:

me haces falta

Adormilada

abro las piernas

que atesoran mi sexo oscuro

      inflamados sus pequeños olanes magenta

en esta flor clava su lengua

no me molesto con él sé que tiene hambre

Poema extraído del libro inédito Sangrías.


TAIBO, BENITO, (1960).

BRUNO

Tener razón

pica en la garganta nubla la vista, quema las plantas de los pies.

En el Campo de Flores la multitud, sin pizca de recato, come manzanas, jalea se apeñusca buscando ver de cerca al condenado.

Tener razón sin duda duele. Y no hay al final

ni el más mínimo atisbo de aleteos de ángeles que suelten las amarras.

En el Campo de Flores las rosas brillan por su ausencia.

El hombre desmadejado, roto lleno de sí mismo, ha perdido hasta la última letra de es pe ran za.

Tener razón

es, estar equivocado

(a menos que seas salamandra). En el Campo de Flores El humo denso, acre, negro.

obliga a que la noche caiga como un golpe. Al centro de la plaza un resplandor maldito ilumina sin quererlo todo.

Tener razón es no tenerla nunca.

Al final

acabaremos todos

junto a Giordano Bruno en el centro mismo de la hoguera.

Pavesas en al aire ascuas, escoria cenizas polvo y por fin, sólo por tener razón seremos hombres.

Tomado de http://apuntessilvestres.blogspot.com/


TAPIA GONZÁLEZ, ALMA ROSA, (1968).

VESTIGIOS DE UN INSENSATO

Caminas ojos ciegos al pantano Cargados de agujeros los bolsillos Bolsillos de pantalón descosido, descontento del mal zurcido

Duermes esperanzas en el abandono,

¿Con quien dilapidaste el tacto? Disipando el olfato ¿En qué camino?

Anulando el apetito Desnutrido existir desnudo…

De reclamo intestino llorando Incendiando entrañas en hoguera

Pariendo muerte Preñando olvido

Concibiendo desarropados sueños

¿Qué suelas gastadas en bares pisan tu cabeza dinaminatada de cabellos?

¿Qué zapatos charol marcan tus pasos suicidas?

Verdugas manos arrojan bocados de pizza con sabor a muerte… y aún das gracias…

¿A dónde marchas insensato sin permiso? ¿A dónde escapas de las ganas sin destino?

Sentenciado de Dios a puños cerrados Sin disyuntiva conturbado

Aglutinado en autodestrucción Con vestigios de hebras desprendidas

¿A dónde me arrastras necio? ¿A qué destino incierto?


CAUTERIZA EL CORAZÓN

Levanta la mirada frente a ella Nada temas ocultar

No te arrincones en los recovecos del ayer, haz crecido, ya no cabes Permanece sentada en la mesa de frente , no cedas y des la espalda

No riegues con los ojos las plantas del temor No mojes al anochecer los recuerdos

Porque de ti brota melancolía Porque tus brazos abiertos para ella y para él están

Ya no arropes el pasado con penas

Traición es vivir sin amar Traición es negarse al amor Traición es doblar bajo la almohada el arrepentimiento para eso no hay disculpa

Porque de tus brazos brota el amor para ella y para él abiertos están

Cauteriza tu alma Cauteriza tu espalda

Rememora sonrientes canciones, Abre los ojos a la reminiscencia

de arlequines unidos danzantes en tu cincuenta y cuatro aniversario

Somos marionetas unidas jugando para ti Solo para verte sonreír

Extiende los brazos calurosos para ella y para él Cauteriza el corazón


TARRAB, ALEJANDRO, (1972).

PREGUNTAS ESENCIALES HACIA LA PROPIA FAMILIA

(FRAGMENTOS)

LOS COLORES SON UNA ALTERACIÓN

si te acercas a este azul intenso que se ve hacia la orilla parecería que te llama va tócame entera va tócame con los ojos y aún más sumerge de mi sangre en realidad es un color quemante color llamativo del veneno va guarda no vengas a mí va soy así sobrecargada como la distorsión fluorescente refulgente luminosa va no te acerques y tú guardas distancia admiras desde un cerco los colores pero no te guardas de recrearlos de postproducirlos desde tu impaciencia va verde remake verde intenso para el verano si nos miramos en esta quietud verde va la piel cetrina la melancolía de un perderse va ojo a ojo el uso del mundo no es una brisa el azul una brisa que dé quedo en la cara que limpie tus palabras va enturbia lo más dentro no hay antídoto para este azul metálico (no hay un pantone de estos tonos en la familia/ todo se recrea en la naturaleza/ directo/ en el dolor de un paisaje permutable/ el paisaje no es un campo apenas un camellón con las palmeras/ troles que de a tanto se atascan con un juego de descargas por los aires) aunque no es malo envenenarse salirse como la tocada con ese amarillo me visto profunda va tócame entera va toca este remedo de niñita que ya derrama va palpa este amarillo reluciente después me explicas los colores la alteración que pica los ojos como un resquemor se puede decir que una sustancia se quema en una llama gris no conozco los colores de las llamas de todas las sustancias ¿por qué entonces no sería posible? después harías tu propio playlist unas veces en el canon otras en desvío e incidencia de tu propia herida va me refiero a ti padre-madre de la más

qué demonio

LOS COLORES SON LO QUE SON

los tonos de la orilla van claros es ahí donde perteneces los tonos del fondo mira son oscuros miedo de perderte miedo de entonar un nado hacia la cicatriz hacia la pulpa así la serie de brazadas una- dos una- dos respiro una- dos una- dos respiro abre los ojos dentro del agua los colores son lo que son serie de torceduras serie de temples que se meten con tu ánimo revisa siempre el color de tu orina el amarillo dice el cuerpo elimina toxinas el cobrizo da indicios de enfermedad lo muy oscuro es demasiado se podría decir de dónde vienen ciertas flores por lo saturado de sus colores una- dos respiro una- dos respiro una- dos la agitación de las tonalidades así dadas para ti en tu niñez los colores son lo que son pero ese son no es el mismo para todos los colores están enfermos tú estás enfermo el universo está cargado de falacias causas falsas preguntas complejas

el universo es culpable


LA DISTANCIA ES UN SENTIRSE ABANDONADO

cruzaron la luz del camellón lleno de palmeras los miraste cruzar hacia lo que sentías lejos habías despertado sin nadie en medio de la luz buscaste su rastro corriste a la ventana la distancia es un sentirse abandonado te miraste llorar en el reflejo de cristales vertido como una lluvia desviándose a través de la transparencia ¿te habituarías después a viajar a vivir solo? ¿a hacerte el café y sentarte dolido en tu mesita americana a soportar el frío? leerías simplemente algo así lleno de miedo como un mamífero recién nacido pequeñísimo cordado y pulmonar indefenso dado entre miles para la preservación así solo y boca arriba en la oscuridad

acabarás tal como estás ahora

LA ELASTICIDAD ES UN MODO DE SALVARSE

no lo preví así salté como una bailarina de teatro tour en l’air salté con toda mi familia por los aires los bailarines son atletas de dios pisamos lo inmaculado de cielos de esta ciudad dando dentelladas como fugas de algo eléctrico como demonios ágiles de luz serpenteamos por todo lo profundo no sospechamos entonces cómo se torcería al volver

el llanto para todos

SEGUNDOS ERRORES DE RAZONAMIENTO

en cierto punto del colegio una oración para los enfermos

la escuela de la comunión

fue durante largo tiempo un hospital

en este espacio ahora anegado

se pronunciaron posibles para los enfermos

los terrenos de descanso del otrora hospital hoy son patios de árboles sintéticos

mentira

lo que antes fueron árboles en un espacio de descanso hoy son palmas plastificadas sembradas en jarrones

plantas artificiales de punto cinco por uno y medio de largo ordenadas en los patios de la escuela

no-árboles repeliendo los martirios de esas plagas la leucemia

las oraciones para enfermos resuenan en las inundaciones de esta explanada donde se dijo cristo no-enfermo hoy se dice cristo no-enfermo con una voz algo más grave como una repetición más profunda en estos terrenos santo cristo doctor una cruz en forma de aspa

comulgo cristo en silencio

comulgo cristo sin haberme confesado porque soy judío

digo judío como decir ateo como decir nada en una confesión en los patios de esta escuela

porque da pena hincarse en el recinto de los sacramentos sin una religión porque da pena esparcirse como una plaga para los enfermos

pronuncio nada en oración en un contraveneno enfermo pronuncio plaga en esta eucaristía

digo intervención de una enfermedad digo calamidad sobre las florestas artificiales como una realidad algo distante

repetición de cristo mantra de krishna bajo una fronda adulterada desde esta inundación renuevo hoy los martirios

revulsión

concatenación

lamento

una oración de nada para los enfermos

un propagar el eje de la voz para estos contagiados

De Litane (México, Cuadrado Negro, 2006/ Lima, Zignos, 2007)

VARIACIÓN A UN PASAJE DE WALTR BENJAMIN

El tedio es un paño cálido y gris forrado por dentro con la seda más ardiente y coloreada. En este paño nos envolvemos al soñar. En los arabescos de su forro nos encontramos entonces en casa. Pero el durmiente tiene bajo todo ello una apariencia gris y aburrida. Y cuando luego despierta y quiere contar lo que soñó, apenas consigue sino comunicar este aburrimiento. Pues ¿quién podría volver hacia fuera, de un golpe, el forro del tiempo? Y sin embargo, contar sueños no quiere decir otra cosa. Y no se pueden abordar de otra manera los pasajes, construcciones en las que volvemos a vivir como en un sueño la vida de nuestros padres y abuelos, igual que el embrión, en el seno de la madre, vuelve a vivir la vida de los animales. Pues la existencia de estos espacios discurre también como los acontecimientos en los sueños: sin acentos. Callejear es el ritmo de este acontecimiento. En 1839 llegó a París la moda de las tortugas. Es fácil imaginar cómo los elegantes imitaban en los pasajes, mejor aún que en los boulevares, el ritmo de estas criaturas.

Walter Benjamin

MI PADRE ENTONÓ EL SUEÑO DE LOS TEDIOS.

Sacudió los cabellos de su mesa de trabajo todas las noches. Mi padre tiñó las órbitas de la caligrafía; escribió el signo de las cruzadas en mi cabeza. Yo replico esos tonos en su nombre. Me envuelvo en el mismo paño cálido y gris, con visos de seda ardiente, con que él se cubrió para soñar. Sueño, como el embrión que emprende, desde el santuario de la noche, la vida de los animales. Para volcar de un solo golpe el revestimiento de los días. Entonces me siento a escribir y entono las visiones grises y aburridas de mis antepasados, que son las visiones de mi cuerpo y de mi pensamiento. Miradas deslucidas de caminatas largas por la ciudad. El pulso acompasado de los pasajes donde compramos, por decir, una tortuga de pecho quebrado. El desaforado pulso con que observamos ese animal recluido, para después salir desaforadamente a encarnar otras visiones. Con el pulso siempre de estas criaturas

quebradas y rollizas.

MARCAS

Arrancarle maslatón. Quitarle

maslatón al apellido. ¿Las borraduras del lenguaje son lesiones, miedos de seguir? ¿Miedos de?, ¿cortezas relegadas? Cuando llego a cierto punto, por decir un retén de policía que pregunta por mi nombre. Replica mi nombre y ese efecto rasga el aire (lo rasga porque lo abre con frialdad) usted Terán. Teherán, usted Terrán. Simule un rostro ahora, una extremidad. Camine así con este pie ladeado, apuntando hacia la abreviatura. Disyunción. Uno embiste con su línea quebrada el desapego. Cuando repito mi nombre en la oscuridad. Cuando digo Alejandro en la pieza callada, digo Tarrab sin decir maslatón, sin decir una piedra puesta sobre la tumba, sin decir piedra que daría permanencia. Cuando digo esto sin decir aquello, lejano y seguramente más allá estoy cortando. Rajando la tela. Los colores, por decir un verde tenue de la piedra sobre la tumba. Al decir esto sin decir rostro o vaso desechable, sin el largo retrato de rabinos a quienes desconozco. Cuando ceceo, modulo sin las claves, sin los métodos de caso, las secuencias de aquel relato repetido: piloncillo en la bolsa de tus abuelos, voy rajando. Lo que no dice sufijo, esto preanudado, anteapellido al nombre, corazón. Dejo para después sobre esta mesa: un montón de papeles numerados, una estaca recta de araucaria, algunos nombres como lecturas posibles o con mayor precisión un frasco de lágrimas artificiales, celofán de unos cd. Algo, desvanecido, como tendiente hacia otro orden, algo. Voy tajando. Violando sin la voz que me entrega o que me entregaría, en condiciones favorables, una genealogía mucho más salvaje. Cuando digo esto Terán, preanudado, apuntado como un rasgo transmisible. Maslatón, una marca dada al diablo, que se carga a la chingada, que se carga más, miedo. Miedo de. Decir más, allá,

decir piedra.

FOTOCOPIADORAS

Recuentos del acervo,

elementos intercambiables de una ruta en desuso: novotel early breaks, antología de ideas para las generaciones, la imagen de una mano empuñando un erizo, oscuro erizo marítimo, profetas de la violencia pasando como héroes, volverán los gabinetes del tarot, los adivinos de hoy para hacerme olvidar, artefacto, fuiste una res oculta en una sábana blanca, sábanas, órdenes de viejos repertorios, posición de un animal emulando el sutra, apuntes página 32, archivos de conducta escritos a mano, lexemas, zurcidos invisibles, nave, fotocopiadora. Fingir facilidades. Repasar en negativo: “vendo”, una odisea. Tracción, cuatro y seis cilindros. Puedo tornar el erizo más y más oscuro, engrosar sus espinas, quemarlo en la página. El esqueleto, el corazón calcáreo, dispone el veneno. Imagino un campo de fotocopiadoras como pinchos negros. Cementerio de lámparas y tambores: los elefantes cederán sus osamentas. Puedo copiar y de hecho copio una adaptación del acecho, una geometría ya sin aura. En un afán de reproductibilidad, de sentir el aura yo mismo al entonar las máquinas. Expongo también una flor, una porción del cuerpo a las descargas. Fotocopiadora: juguete de ejecución. En la réplica, ten years continued, un hombre llora al ver la bandera de su territorio conquistado. Yo también convulsiono, tenso y par los cristales. Error 0172. Entrarás en un periodo de indolencia. La misma carta pero en orden suspendido. Error. Al ejecutar la paginación, me veo en mitad de ese campo de batalla. Sé para mí que tales copiadoras son trampas. Arrestos de un dispositivo. En todas las pantallas es el objeto lo que se entrega en potencia, copio. Hemos reunido para usted esta contienda, esta región minada de aguijones. Podría tornar, como película, hacia los créditos finales. Prepare, combine otra instrucción para la fotocopiadora,

ajustar o recortar las márgenes.

De Degenerativa (inédito)


TÉLLEZ, DANIEL, (1972).

8

Fuera de tus vísceras deja la amputación del escrito

que las manos cargantes reproduzcan el peso del reptil cuerpo lleguen dos congojas a mi oído cuando el olor membrillo de la tarde sea y vuelen en parejas hasta ti mis dulces cuervos casamata de polvo en dos mejillas asfixiadas.

Alza los ojos cuando te veas caer en la recámara un niño con fiebre repetirá tu nombre de memoria velará la aladrada frente de tu mujer de selva celará la nada de tu polen de arcilla.

11

Cómo siembra la lectura de luto. Cómo herrero de casa nueva cómo todo, cómo océano de desnudas lomas cómo limitas abrupto espinazo mis antojos cómo hombre de taller de vidrio campeas en Seminario cómo culminas anhelos viriles cómo la brava poesía tejida en cuerpo fuerte es el azar del perro y el león de carne. Baste cazador de pumas de 1947.

En tus trampas no cae ninguno, ni una zorra de fuego. El ruedo familiar se nutre de tus cuentos.

Lautaro Yankas te reescribe traspuesta la Frontera.

28

saben a manzana los alveolos de mi padre/ emerjo gusano de sus pétalos caídos/ nada difiere la luz de lo profano/ nada transmuta el desvelo de su aire/

32

envainada su mano mi padre creaba espantos/ mano mojada como adormidera para los niños/ cartílago para el escepticismo/ fardo ligero en la fornicación sobre la niebla/

44

ahí el donde padre la sangre celacanto vierte veneno

tequila en las aortas de una isla de ciegos

45

antes el que padre nonato albatro mira el arcano cuadro

muere en la alcoba de calina negra

(De El aire oscuro, Fondo Editorial Tierra Adentro 2001, 2ª, ed. 2004)

VIII

Sabe que por encima del cuerpo nada. Qué han de saber los animales que alaban cerca de nosotros que beben. Mira el reloj gaviero de los verdores. Después se liberan las hormigas la mirada de Zeus y Naomi –me diceel sillón es un campo de béisbol los viajeros tornan.

Alguien habla de la hiedra, la última del año.

Algo sigue acariciando la arena entre las piernas.

Enloquecen los periquitos australianos cuando rubrican el timbre de la puerta.

XI

En la arista de los labios floreo.

Danza el florecimiento por los ensayos en la trampa por los párpados tatuados antes que diciembre expulse el azoro antes que la risa violente las mejillas cárdenas que el carbón —dices— turbe el cortejo la fiebre del escorpión que los demiurgos conduzcan legiones de batracios a tu cama que la golondrina acierte a entrar a la jaula que habita en medio de nosotros.

XXIII

No necesitar la palabra amor

—nunca hemos de decirlo— como la Otilia húmeda de la pantalla no ser la limpia sed ni todos los bemoles la bitácora que abre el reino de los cielos la ganzúa que abre el diccionario (justamente) así se piensa en la página donde se halla la palabra buscada palíndromo de Roma

el miedo de caerse al suelo y se rompa la usura de las definiciones.

XXV

Para no desaparecer asido de las escaramuzas colectivas indecisos pues de la manzana dices —dejáramos— la raíz secreta alcanzada en la navaja de las batallas:

         era caer, digo caer por no decir desierto          digo luz por las campanadas de la pérdida (el tiempo, las huellas de sus ojos, por supuesto) yo era el aire por aquello de la sima física yo era un yo por aquello de la continuidad y las aguas y los asideros y las ruecas.

                                       (De Asidero, Instituto Mexiquense de Cultura, 2003)

(FRAGMENTOS)

*[vuelo]

angelical he ahí mi resto vocablo granizo inminente

                                            los contornos son redes

redime el gallo

                         y seco el día sin embargo la realidad saca provecho de las alas

6 [ojos]

                                                                         la tierra es un niño que sabe muchos poemas

                                                                                                                Rilke

un hombre con ángel en la mano. un poema con ángel en la mano. un ángel claro con hombre. un hombre un ángel un poema hondos ojos inducidos por el ángel inducido sobre el mar en calma el mar no el azul abierto entre el hombre y el ángel un poema entre el poema y la pluma unos ojos

7 [vapores]

El ángel en el juego malabar de ritmos que vuelven loco al dios de la música de los vapores Dale dale a la arena del invierno al día a la pantalla de la niebla Toma al colibrí de la semilla en lo alto del ala caída y descalzo sopla corre desgaja la idónea pluma del fresco Carbón poroso en la memoria de este extravío El dios de la música de los vapores también sonríe vapor también dios

      (Cartografía de un ángel, en Séptimo Maratón de Poesía, tunAstral, 2005)


v

no me exijas la hurracarrana no solicites porque en ello hay absoluto amor la posición no es para dos, tan diferentes

si arrancamos la médula espinal que sea por amor en cualquier filo de la casa adentro no en trapecio ajeno

viii

no asistas al otro en su lucha, de veras déjale en su sangre, no prolongues su savia, no

apremies al azar la sanación de sus llagas

nunca le asistas

al húmero rudo que tiene ánimo y un par de albas mañas para matar dos cucos: el amor y la ceguera

                   (De Contrallaveo, Pliego de Poesía de La Colmena, UAEM, 2006)


TÉLLEZ-PON, SERGIO, (1981).

DE LA ILUSIÓN A LA PUTREFACCIÓN

[FRAGMENTOS]

IV

A Gaby Torres

La ciudad derruida, poco a poco carcomida por el salitre oceánico, de oscuras calles hediondas: olorosa a orines, sudor y tabaco, exhalando vapores de sus cloacas, con el orgullo que aún guardan estas edificaciones desvencijadas;

después de pasearse dando tumbos por las paredes pálidas y descarapeladas, de haberse vomitado en las esquinas, los borrachos, vestidos sólo con algunos harapos, irremediablemente vienen a caer a las alcantarillas.

V

LA DESNUDEZ DE SU BELLEZA

A los mingitorios siempre llegan de prisa, por lo regular.

Con esa misma rapidez

se instalan frente al mingitorio: olvidados de las premuras, con la mayor placidez desenfundan sus portentosas vergas veteadas y al mismo tiempo que sale el primer chorro, sueltan un suspiro

—la intimidad permite ese gesto orgiástico.

Están también Los Otros:

los que observan con astucia los miembros de quienes mean y a quienes sólo les excita oír cómo cae el chorro de orín sobre el mármol fino que hiede

—también apestan los que son de fino acero;

estos, en cambio, imitan bien la elegante blancura del mármol.

Cuando por fin han terminado, con un ademán de suma elegancia se sacuden su majestuosa verga: con esa misma elegancia con la que los gatos se lamen.

A Los Otros ya les han regalado su orgasmo.

VI

POEMA DONDE SE UTILIZA MUCHO LA PALABRA VERGA

A Juan Carlos Bautista

Dicha así, con la levedad de quien la utiliza con frecuencia podría parecer inocua; sin embargo, ella sola, salida de unos candentes labios carnosos, puede provocar las más inesperadas reacciones;

va despertando curiosidades internas que la siempre débil piel no podrá contener.

Dicha así, con la seducción propia de su sonoridad, con la característica suavidad de una boca y de la sensualidad de un cuerpo apolíneo, cerca de un oído ávido de escucharla mil veces y una más, no es cualquier palabra:

su sonido es parte de su belleza exuberante.

Generalmente busca una oscuridad aún más profunda que la ya proporcionada por la noche y su espesura. Nada es una distracción ante las pulsiones íntimas que atraen a cualquiera de los concurrentes al bar.

Mientras se pronuncia,

deslizas lenta pero lujuriosamente tu mano hasta su entrepierna:

algo tiembla debajo de su bragueta.

Y afuera la lluvia vuelve a azotar.


TREJO MENDOZA, ALBERTO, (1982).

REGRESO A LA SAUDADE

(FRAGMENTOS)

1

Debe ser la ventana abierta,

sonrisa del árbol ue se hizo primavera; o esta sensación de nocturna carne,

o el sabor a distancia de los ojos que recuerdan, o la lenta agonía de un recuerdo, que no termina de morir lo que viene todos los días al café de las mañanas.

2

Porque tendría que platicar contigo

de una mirada que iba a las ruinas de una ciudad atravesada por los siglos, porque nunca volverá a ser diciembre en esos ojos glaciales, porque hoy no es un buen mes ni día para mirar mi foto o el lugar de la foto porque esa fotografía tal vez tampoco exista.

5

Porque tendría que escribir

de los once siglos de soledad de Palenque, de estas ruinas llenas de turistas, de mi vida contigo, de tu ropa mojada, del olor a luciérnaga en tu cabello nocturno, de la soledad de los glifos mayas, de mis veintidós años de vida, de mi oscura palabra interior, de mi sensación de árbol para tu pequeño cuerpo de niña. Porque tendría que hablar, escribirte una carta, hablar.

Porque todo esto es polvo inevitable: tus oscuros ojos, tu ropa interior mojada en el baño del hotel, tus senos en un espejo de diciembre, tu breve falda, tus orgasmos en mi boca, el amor, el sexo, tu casa con tu cuarto y tus libros o tus libros y tu casa y el amor y el sexo y tu cuarto y otras pequeñas muertes mañana.

En fin, la lista de cadáveres no terminaría. Y sí, inevitablemente somos arena de un reloj que se acaba.

Tomado de la revista Alforja de poesía, No. 37, Verano de 2006 (fragmento 5) y de Los mejores poemas mexicanos 2006, (2006), (fragmentos 1 y 2).


TRUJILLO, JULIO, (1969).

REVELACIÓN

El moho esperó siglos y me dijo, cargado de vocales esponjadas: moho

ESOEn ocasiones he visto la cifra (no sólo en la retícula de hojas que gustan de exhibirse para mí no sólo en lo fatal de la belleza;

la he visto recortada por las cosas, espacio entre dos árboles, navaja de los párpados, blanquísima elocuencia en el acceso de asma, costura entre dos nadas, trenza vacía y ensimismada:

figura circular que no tiene final ni tiene origen -floto, en el centro floto-), pero nunca he podido pronunciarla.


Para Bernardo Trujillo


Tomado de Blanco Móvil. No. 101


CELEBRACIÓN DE LAS COSAS

Y las cosas se apoyan en mí,

como si yo, que no tengo raíz,

fuera la raíz que les falta

Roberto Juarroz

Dispuestas en la mesa las cosas se enarbolan, la mesa se enarbola con las cosas. En un segundo espléndido se colma el lomo de ávidos emblemas buscando el ojo que los cifre y los detenga.

Blanden su cuerpo estricto,

danzan la danza de su forma persuasiva, se inflaman hasta el filo de sus lindes y hacia adentro, hacia su corazón de cosa ilusionada. Me cortejan.

No estoy aquí sino en la cosa, la doto del impulso de mi sangre y la echo a andar hacia su centro; la cosa crece alas, vuela en el cielo íntimo y preciso de su carne, celebra coincidir con ella misma, corresponder al ritmo de su ritmo, ser la armonía, el centro de las cosas.

No existe afuera ni mañana ni porqué, todo es las cosas reinando en el instante, el cántico de estar y pronunciarse, lo más pequeño y su pancarta: el alfiler altivo en su menudo coto de dolor, el clip solícito, la astilla saltimbanqui, el feo pero tenaz pisapapeles.

Todo es lo que los ojos manifiestan, y todo lo demás desaparece.

Tomado de Generación del 2000, Literatura Mexicana Hacia el Tercer Milenio, (FETA-CONACULTA, 2000).


URROZ, ELOY, (1967).

RESPUESTA A SONS AND LOVERS

Es como Dios: secreta

Una mujer es yo mismo y aquello que no soy lo que no soy de más perfecto Queda aprender a ser mujer La vida es conocer a la mujer que llevo dentro

UN RÍO ES UN RUMORI

Un río es un rumor Un río rumor oscuro

Su corriente arrastra el mundo En mis venas su rumor de arcillas sedimenta

II

Bajo las blancas linfas un barro grávido se asienta:


A José María Lugo


el Tiempo Vertical en la conciencia

III

El río está dentro de nosotros dios pardo sin Tiempo Sempiterno jamás procrea este río: consustancial a él mismo

El mar se crea recrea es cíclico

El mar marea: pleamar y bajamar nos hunde nos hunde

Inmóvil

el río transcurre

(The Dry Salvages)

A LO OSCURO DEL MAR

Hermano,

es una cosa terrible en la realidad:

cuando estás allí cerca, mirando, lo sabes: al inclinarte sentirás la infamia que supone mostrar el secreto del mundo por dentro, su herida que es piel macerada y ufana; olerla anticipa un miedo abisal, si la abres sobrecoge a los dedos su hondura y cunde su peste añosa y salumbre. Piensas que es abominable esta realidad y te le enfrentas y hay fatiga, y la debes lastimar con la verga, la lengua, la alicaída voluntad. Sí, no es tu cuerpo —ese peso que es deseo cansado, no feraz; la penetras por la voluntad. Entras por odio; es mentira siempre que te digan que es amor. Hermano, Ella es la Inconciencia, la carne que te envidia, la inmisericorde llaga que se ofrece Y palpita. Adentro hay nada, hay pura angustia, ardiente soledad; desapareces, no eres; no hay piedad y hay menos fuerzas.

Es meterse sin Dios a lo oscuro del mar.


A UNA DAMA

Oh dama, hembra, pulpa, grupa muscular, músculo maravilloso en que me ahogo, descristalízame, hazme una impía mariposa, rompe esta crisálida y vuélveme un sujeto en mis dos partes, sujétame si puedes, tómame en mis ardorosos insitintos subcutáneos y cutáneos. Si es necesario, ¡ponme alfileres! Ahógameeeeee como a un becerro con tu lácteo sentido del humor, resucítame hasta que veas que muera, oh forma nativa, reposada actividad desacralizadora de amapolas y otras cosas en vías de extinción, depredadora del mundo y de su aureola de mujer profunda mente puta, mujer lavios de orangután tan tan. —¿A quién vusca? —A la vagina.

—Aquí no es… —con falso halago responde Nadia quien inventa los arpegios de una madre rin tin tin. Macérame, cógeme, dama, te lo ruego, oh poder primero que mancillar busco nomás el latifundio lúbrico, el deseo to témico, la antigua ardilla ardiente de mi pecho, el goce colosal, el puro dolorosal mustio, soloroso:

último reducto sintón izando el huevo.

Ahora prístinas llevo por desabrocharme y derribar el pub is, arribar al ámbar sin bujía ni luz, ni nada ni alma, Ir más rápido que él. Comprendan: llevo prismáticos para originarme en sus vegetales comestibles, en sus estupefactos rostros limpios, con agua y jabón mi artefacto lavo diario —no deben preocuparse. Oh amarga, soñolienta soledad del Orinoco, inmóvil soledad de herrumbre.

—Dame lumbre, amor. Dame, te lo ruego.

Tomados de Eloy Urroz, Yo soy ella. Marsias, México, 1998.


VALDEPEÑA, AÍDA, (1976).

CAMPOS DE DISTANCIA

Estar lejos

Es hacer del recuerdo una gran roca Donde caben nostalgias. Toneladas de angustia Van de ventana a ventana En algún cuarto frío Donde habitamos hoy Los ojos y los miedos. Estar lejos Es entretejer pasos Con hilos de ausencia Y surcar soledades Con hectáreas y hectáreas De recuerdos.

Voces desérticas

Se enamoran de ecos momificados Que genera el tiempo Y juntos Viajan Disfrazados de noche-piel Entre nuestros amuletos.

De lejos el viento sopla lento Y las pasiones palpitan boca arriba.

DEVOCIÓN

Más allá de las sombras de los ecos Me he buscado.

Caminando sin pasos Mojando los recuerdos En gotitas de amaranto. Acostada en mí misma Me he salido de mí Para observarme Desmoronando mis pasos Con las manos mojadas.

Entre los ecos que quedan Me sacudo el destino.

Destierro mi centro de mí misma.

Llevo este cuerpo a una tierra ajena Donde los huracanes se ven por dentro Y ahí me quedo, varios años, varios momentos.

INCERTIDUMBRE

En el mundo debe haber un lugar donde haya arena de colores Pero tengo mis dudas Un lugar donde el agua corra paralela a la sed Pero tengo mis dudas Un sitio donde sea obligatorio enlazar las manos Pero tengo mis dudas Un lugar, un sencillo lugar donde gritar sea obligatorio Pero tengo mis dudas Un lugar donde se puedan esclarecer todas las dudas Sin duda hay un lugar así, sin duda

NOMBRO LO QUE DESEO

No necesito aire Para pronunciar aire. No necesito noche Para tocar la noche. Con la palabra paso También voy caminando. Al nombrar una estrella Ya estoy en esa estrella. Aun estando sola Unos labios Me tocan si los pienso.

COMPAÑÍA

Yo olvido mi soledad Pero ella no me olvida. Me guarda una distancia Pero nunca se aleja. Doy un paso y camina, Me detengo E intuye silenciosa A dónde me dirijo Para seguir andando Tras de mí Cuando la necesito.

PREGUNTAS SIN PREGUNTAS

La palabra respuesta No me responde nada. He descubierto ahora

Que el viento es quien nos guía. Que las nubes Son un ligero indicio De camino Para viajar hacia lo insospechado. Que un ave imagina emigrar Y ya está en otra parte. Que la música Es un paréntesis De silencio y memoria, Y que cada que un hombre olvida, Una estrella se fuga A otra galaxia.

VIAJES

Uno no es más

Que el propio recorrido de sí mismo.

Somos la cantidad

De estrellas observadas,

Los litros de aire que comemos, La luz artificial de todos los faros Que nos han alumbrado.

Los años debieran contársenos Por los reflejos de luna Ante nuestra mirada. Somos la ruta oculta De futuras escenas Que estemos imaginando.


INSOMNIO

Caigo a un rincón de la cama Buscando preguntas A todas mis respuestas.

Una audaz somnolencia Me descubre

Oculta entre seis mil almohadas.

El sueño huye de prisa Tomando como centro el cruce de mis noches.

REVERSO

Quiero agarrar del pico a un ave fénix Y mantenerlo vivo Hasta que su belleza se nos cuele Como ceniza blanda.

Agazaparme en la fortaleza De nuestras pupilas Hasta que el tiempo avive Las neuronas dormidas. Atarme el corazón Con venas de cordero enfurecido. Rodear la noche Cuando aún sea de día. Medir en pestañeos Mis mentiras.

Derramar vasos sanguíneos. Reconocer tu cuerpo Con mis falanges rotas.

Voltear la noche para vernos dormir.


VALENCIA, INGRID (1983).

EXTRAVIÉ MIS OJOS

en la flor que vi crecer y la cortaron en el puente hacia otro mundo que soñé

Hay plumas de aves en el suelo por el drenaje los hilos de un rebozo entrelazan serpientes que huyen de las águilas

Las calles me desconocen

           no hay esquinas para vender el alma los semáforos en rojo seducen mis raíces

pero no hay tierra

sólo un continuo exilio hacia el pasado ríos de sangre quetzales en prisión templos dibujados con las uñas de hombres escarlata Llueve, hace frío los dientes del reloj se encajan en las manecillas

La tarde y sus sombras en movimiento con su tic-tac de gatillo cubren mi rostro apuntan hacia los edificios más altos hasta vencer al sol.

A PESAR DE MÍCamino sobre lo que ya no está pero puedo sentir en mis manos la lenta agonía de un grito, pisar cadáveres como espinas y reconocer ese olor azul en mis labios

Sé que desaparecen como yo en ellos aunque el líquido soplo del día lo niegue

una mancha gris lo cubre todo también mis pies

A pesar de mí

nada queda en los ojos de la calle.

Los pies son el rostro del alma


 


CLEPSIDRA

I

Las plantas de mis pies absorben los gritos de hojas secas que arroja el viento

Sé que desaparezco

aunque la vitrina del aire me refleje y la luz anide rostros en mi piel

Estoy en la carretera contra la muerte No conozco un atajo hacia a mi origen.

II

El inquilino en mis huesos perfora el sueño del árbol hasta podrir sus raíces

Puedo tocar su respiración confundirme en ella y hasta creer que soy sus manos en mi cuello

sus pasos

son un reloj de agua que me desborda

III

Tocar tus labios

sobre el espejo roto del agua hacer mías tus cicatrices hasta que los falos intactos floten se alejen.

DÍAS

Dejaba de pertenecerme

La inabarcable sombra en la Ciudad

El permanente exilio de los pájaros azules

La ventana rota de una garganta a punto de encajarse en un mar que se ennegrece

El infinito descansando en el borde de una pregunta El sabor de un paréntesis Dejaban de pertenecerme las cosas muertas

 Los días

 Las cosas muertas.

DESPUÉS DEL MUROHasta que no quede duda Lees etiquetas de coca cola Coleccionas botellas de vidrio Mientras la gente en la televisión Te cuenta cómo enfrentarte al espejo

Después del muro

El sabor del miedo Camina por tu garganta

Podrías escupirlo

Pero las voces solitarias bajo tu piel Paralizan tu boca

Tu madre no lo sabe: Desde hoy Siempre será de noche.

ESTA ES LA TARDE

Esta es la tarde

en la que cierto olor a podrido penetra por los orificios de puertas y ventanas

¿A dónde va la luz?

¿Bajo qué párpado habita Dios?

Nunca supe del cansancio hasta hoy que los objetos se han vuelto ruido que mi otra piel ya es anciana.

A José Luis


A José Martín Vigil


VALERO, ANGÉLICA, (1966)

SI REGRESAS APAGA LA LUZ

Si regresas apaga la luz

no sepas nunca de mi piel en otro

Para olvidar

no bastan las traiciones o transgredir recuerdos mentir la cama borrarlo todo Carajo Para olvidar sólo una frase que niegue la memoria

LA MEMORIA DEL SUICIDA

Como las olas La vida llega a puerto se repita Cabañuelas que recuerdan la razón sin esperanza

I

Los muertos reclaman a sus muertos al cauce de las horas Dios emerge en silencio y nos reclama exige nuestro perdón o nuestro olvido

Cuerpo al patíbulo

Crucifixión en la entraña de mi duda

Transcurro al filo de una idea

II

La niña no nacerá de nuevo porque olvidó rezar porque nadie reclama su llanto porque sus manitas no aprietan la sorpresa

El pecado es el estigma

                         la fuerza de la plegaria

Se pierde

III

Nadie supo dar razón de su partida El responso transgredí Huyó huí ¿a dónde iba?

IV

El azar y su deseo

Justicia para la piel un domicilio Nadie hablará por nosotros Nunca fue suya la historia

V

Al borde del precipicio los recuerdos ¡Que se ahoguen! ¡Que se sepa la verdad y que se diga!

VI

Ayer memoricé un panfleto

Hoy pregono libertad y encarcelo las razones Una cana El espejo no sabe resignarse

VII

¿Con qué me quedo?

¿Acaso me inmolaré en la nada? Emparedarme sí Como en otras resurrecciones insurrecta ¡Que no surja! ¡Que se calle!

VIII

Volver a reandar los pasos ¿A dónde llegar? Muerte niña La vida me ha negado el habla

IX

Dime Dios ¿por qué juegas conmigo? Soy la Caridad vestida de payaso Sin Fe Sin Esperanza

X

Seguí los misterios del Rosario

Sacudí mi ropa y no pasó nada porque de amar a los demás la camisa no se mancha Igual no es lo mismo para todos

El búho canta canta

XI

¿Hay alguien ahí?

Alguien viste mi sudario

No puedo aconsejarle al miedo un Padrenuestro Apuro cada gota de mi muerte porque la oración es ciega y

XII

No se culpe

Soy consciente

                     y sin remedio

Hablará la memoria la historia

              el silencio del suicida

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)


VALERO, SERGIO, (1969).

LOS ANALES DE LA HISTORIA

detrás de cada esdrújula un mundo nos observa como aquella burbuja sin brújula epidérmica quizá no es el ombligo sino la obligación de medir con la mano lo sano del escándalo lozanos entregamos el rayo de los párpados y el celo de unos pájaros de vuelo desmedido espectáculo inverso de un tímido agujero por donde asoma el sol que dio sombra a sodoma es un culo o un verso de rima subterránea y unos pocos milímetros como todo perímetro acaso centimétrico si es balance de dos y el balbuceo de un dios debajo de la lluvia esa ronda en la cúspide que sostiene el aliento del náufrago que insólito amarra entre tus islas las ínsulas colgantes del peso de tus hombros como la línea rota y rica en minerales cuando el tiempo se parte donde se aparta el viento pendiente de tu cuerpo el relámpago explota para tapar lo fétido del poso de tu entraña romántico desliz del aire más sincero del que nace en el cero donde concluye todo

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


VARELA, LEONARDO, (1971).

LAS RAZONES DEL MÚRICE

Las razones del múrice reposan, como entonces, debajo de tus aguas. La mano que las hurtó a la sombra no podrá sustraerlas del olvido. Nunca más serán púrpura tus labios, ni cruzará tu risa los cercados para exhalar la brisa que acontece más allá de este puerto. Como estatua de un dios decapitado yacerás en mis fondos coralinos. Miles de peces habitarán tu asombro. Yo mediré tu ausencia por millones de brazas.

EL MAR EN EL ESPEJO

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Debo dormir al cabo, con la cabeza apoyada en el umbral de tu mirada. Debo cerrar los ojos simplemente. Ya vendrán los jinetes del silencio. Veré la yegua blanca galopando por el llano, levantando a su paso una inasible tolvanera. Dime si tú también estás despierta, contemplando este mundo hecho pedazos que algunos llaman simplemente deseo, pero desde las altas cumbres del insomnio tiene nombre de fuego u otra cosa.

Debo mirar el mar en el espejo. Debo cerrar los ojos para que el mar acuda a mis orillas inundándolo todo. En el cenit del agua yo lavaré tu cuerpo como quien se prepara para el día, pero el mar no vendrá. Tú serás la primera luz del alba, la isla que duerme arrullada por el rayo, el barco que navega hacia el corazón del remolino.

Tomados de Las razones del múrice (Editorial Praxis, 2003)


VARINIA, FRIDA, (1960).

ADVERTENCIA

Luna de abril

luna llena de mayo

luna de lunares acabados luna de lunares heredados luna velando caracoles enamorados Nada hará que la recuerdes estoy en tu espacio lo lleno todo con cada destello que reflejan mis manos son pararrayos abiertos que construyen paredes enormes donde puedan pintar las futuras fauces de un nuevo dragón encerrado en un solo fuego.

AMENAZA

Si te agotaras en mí si en mí te detuvieras a pesar de huir entre raíces de luz volverías a mí en un declive profundo y nuestro como un baile final de apagadas voces resucitarías de noche en cada sudor que tu cuerpo asome en cada despojo de tus licores hallarías mí nombre encendido por ahí en la memoria azul de todos tus amores.

Tomados de Grimorio (Recetario de brujas). (Editorial Praxis, México, 1991).


VÁZQUEZ, RAQUELA, (1975).

EL PAN DE CADA DÍA

I

Un niño de la calle

hace piruetas en la esquina para ganarse el sustento y hundir en el sopor sus pesadillas.

II

¿Es posible inventar la rebeldía y borrar de nuestros labios el silencio?

III

Hacer gritar a la poesía,

es emboscar con delirio a la muerte para ganarnos la libertad.

Tomado de Ventanacielo (Tintanueva ediciones, 2005).


VEGA LÓPEZ, JOSUÉ, (1976).

LA CIUDAD ADENTRO DE MI CASA

Me escondí del rumor de la gente, tanto ruido, tanto polvo allá afuera.

Pero ahora vivimos unos sobre otros y los coches, el tren, los perros y la lluvia están adentro de mi casa: los tengo en la ventana, en la mesa y hasta en los libros.

¡Qué lugar hemos construido para apilar nuestros cuerpos!


VEGA ZARAGOZA, GUILLERMO, (1967).

CANTO PARA ABLANDAR A LAS ROCASNo es fácil

hallar la orilla del canto, la causa de tanta voz rasgando la oscuridad.


Pero yo sé su nombre:

roca, le digo, y comienza a ablandarse.

Eduardo Lizalde.


Canto porque no entiendo. Canto para entender. Canto para no perder la voz. Canto para no perderme.

No es fácil

hallar la razón del canto

cuando no hay más que sinrazón.

Canto para ensuciar las alboradas. Canto para desmanchar el cielo.

Canto para acercarme a la punta de mis pies. Canto para ganar el pasaporte a tu piel.

Canto para inaugurar las cosas, como tu corazón, por ejemplo, pero me hacen falta dientes para ablandarlo y comerlo.

Ya está:

me hundiré en el silencio para ver si así me escuchas.


ZOOLOGÍA POÉTICA

Before I sink

 into the big sleep,

   I want to hear

 the scream of the butterfly...

James Douglas Morrison.

Esto es lo que entiendo: Para ser poeta

tienes que convertirte en un animal, adoptarlo como tema, sin importar que sea el más deleznable, el más traicionero, el más terrible, el más salvaje, el más ponzoñoso, el más desgraciado, el más ingrato, el más amargo.

Conozco tantos poetas como animales. Un cocodrilo, un tigre, una zorra, una pantera, un maxmordón (no es un animal, pero como si lo fuera). O puedes ser un dinosaurio, una cebra o una llaga (llaga dije, no llama, pendejos), un animal con el costado herido.

Pero yo escojo ser el más ruin de todos, del que todos huyen, al que todos temen, del que nadie habla, el que al final se queda siempre solo.


TRANCE POETALCOHÓLICO Y DESCOYUNTADO DESPUÉS DE LEER A EFRAÍN HUERTA

Ahora comprendo

por qué pluralizabas a las flores, cocodrilo:

eras hijo de la ciudad del alba. Nunca viste las acacias pero pisaste San Juan de Letrán. No conocías los alcatraces pero hiciste letreros de asfáltica ironía. No supiste distinguir a la azucena, pero intuías que fuera del Metro otra era la vida.

¿De qué más podías hablarnos si te la pasabas construyendo barcos en las playas del Acueducto, sentado bajo la enramada de un poste, mirando el vuelo de pájaros metálicos?

Nadie puede reprocharte tu ignorancia, porque la poesía también está aquí, en los alegres malabares infantiles, en los monstruos que se arrastran, en el vaivén de muchos senos, en la presión lasciva de muchos miembros, en cada ladrón de amaneceres, en cada poeta pordiosero.

TE HABLO DEL POETA

Escribir es alegre.

Uno puede escribir

alegremente que se va a suicidar.

Georges Perros

Voy a hablarte de un hombre pero no de ése que escribe con caligrafía palmer y sueña a ser montaña para tratar de conquistarte. Te hablo de alguien al que no le basta soñar con ser montaña. Él es la montaña.

Te hablo del poeta, un ladrón, un forajido,

que sin vergüenza hurga en tus secretos. Te hablo del poeta que no renuncia a tu cuerpo, al que le tiemblan las manos cuando traza la agonía de tu perfil, que muerde y ya no suelta cuando lo tientas, que se arrastra para lanzarse desde el precipicio de tus senos, el que más que tu esencia desea la fragancia de tu centro, que te sostiene la mirada y puede morir bajo el peso de tus párpados, el que blasfema y maldice y al final se quedará siempre solo, el que traicionaría a Dios para descifrar el misterio rosado al final de tu espalda.

El que recuerda todo porque lo sabe todo.

El que no dibuja con luz pues él es la luz.

El que no cree en señales

ni cambia tu nombre en la primera cita, el que te conoce desde el principio porque él ya era antes de ti. El que hurta y arranca vidas sin remordimientos, el que habita en la soledad de tu cuaderno.

Te hablo del poeta,

el hombre con hambre de nombre, el ser más desgraciado, que medra, se arrastra, traiciona y se agazapa. El que no tiene amigos ni te tiene a ti.

el que sólo tiene palabras para sobrevivir,

aunque las palabras no sirvan de nada.


DESDE LA BAHÍA DE LA MUERTE

Un sombrero verde flota sobre la bahía de la muerte.

Una mujer madura se levanta la falda y desaparece en las fauces del agua.

A nadie le importa.

Nadie trata de salvarla. Rostros fanstasmas

se enguajan el sudor de las olas. En esta bahía forjada por infinitas glaciaciones los marineros no saben nadar.

El sombrero verde sigue flotando. El sol de la tarde escudriña el mar y yo pienso en los amigos que dejé al otro lado del Atlántico. Pienso en mi país donde los monjes adoran sus jardines y las cabras se comen los claveles rojos, donde las niñas de cabellos largos, libres y al viento, arrancan al aire soledades nuevas.

Pienso en la nueva esposa que voy a tener y en las esposas que pude haber tenido.

A todas se las tragaron las fauces del agua. Es mi cuerpo el que flota bajo el enmohecido sombrero verde.


VÉLEZ, GONZALO, (1964).

PARED

lo que designa el muro es cuestión del muro y no del arquitecto que afiló los ladrillos y les selló los labios con cemento.

lo que designa el muro es lo que no se puede decir del muro porque dejaría de ser sino éter o tierra para futuros ladrillos. necesito una palabra que atraviese la pared: nombres que sobrevuelen la estatura del muro: invento muros con cada palabra que apilo.

tomo mi pared

y la recargo contra el horizonte y así la pared es el piso y me pongo a mirar ese piso que mis pies no pisan cuando descanso la frente en el antebrazo de mi nada. queda de pie un espejo de pino que no arde:

una especie de televisor: lo que hay es un reloj que da la hora que le da la gana. estas paredes van desnudas: es bien sabido que los espejos se alimentan de gente.

cada yo es un muro cada yo está separado por un muro:

hay enigmas muros: mudos muros:

hay enigmas de bronce como el busto del prócer en el patio de la espera.

ALAS

manos moneda: hoy en el mañana dos manos que tocaron ya la mierda que también alcanzaron las estrellas dos manos que subieron a la altura de los ojos: dos manos invisibles invencibles veloces abanicos manos que son vampiros por la noche estas manos abiertas a los clavos ofertas a las puertas y al candado estas manos que no son manos muertas que no son manos negras letras canto que no son manos alas para sueños ni tampoco cobijo contra el río manos que no son manos mutación las manos turbación más turbación manos para las minas entrepiernas manos que vuelan: ramos de miradas: trozos de barro: dedos de los árboles son dos manos mirada material estas manos de puntas pararrayos estas manos que son conversaciones las manos como teclas del pianista las manos que son dados en los dedos de Dios

YO COMO ÁRBOL

Esto es mi tronco

firmemente afianzado ya

en las torturas que lo configuran; soy ya un tronco establecido un tronco con arrugas en la piel con ramas fijas con raíces que endurecen asentadas cada vez más sólidas en mí acentuadas cada vez más nítidamente en el follaje que juguetea allá arriba; soy un tronco con ramas fijas sentado en el lugar donde lo plantaron tengo dulces hojas cada primavera personas que anidan en mí otras que han hecho de mí su refugio definitivo; los rayos del sol se diluyen al pasar por el tamiz de mi follaje se rasgan divertidos yo respiro mis hojas y mis plantas danzan en la fiesta de la vida en el sol que silba su melodía de color sobre las cosas sobre todas las cosas;

el aire lleva el ritmo de las aves el verde vagar del viento desperdigando su partitura de polen: florezco entonces de las ramas brotan flores de las flores salen mieles regocijo deleitoso para los habitantes de este bosque; árbol con ramas fijas árbol cerca de otros árboles en un confín enramado.

SIGLO VEINTIUNO

con certeza tiene que haber algo que nos diga que esto no es un fraude ni el engaño de un engaño de una codificación de signos trucados

donde todos somos símbolos y ya

significa tu significado

                                   con lo que te de la gana significar

y abre paso que ya vienen muchos otros nuevos signos similares a ti detrás de ti te expulsarán al pasado en otra monótona órbita de la rueda de la humana fortuna mientras el mundo mira sin ver

tiremos un par de torres y que todo comience de nuevo decidió alguien que todo comience de cero dijeron allá al cabo que esto tan solo es un ajedrez con decenas de centenas de millones de peones sacrificables con caballos que hace mucho que dejaron la caballería con alfiles habituados a correr en casas de bolsa pontificando y con reyes y con reinas como coronas magníficas de decoración

vimos comerciantes mercando al día siguiente con la memoria de los desdichados políticos jugando a los dados con los destinos de todos nosotros vimos venganza

supimos de incontables bombas que cayeron sobre muchos otros tantos miserables que no existieron nunca pues jamás los vimos en pantalla

masacres y matanzas al alcance de la mano y además en vivo y en directo desde el lugar de los hechos y a través de la imagen de una reportera atractiva pero circunspecta

y el periódico se dobla

y el televisor cierra los ojos

y la red ofrece distracciones infinitas y maneras múltiples de convertirse en piedra en algo parecido a lo contrario del insomnio

VERGARA GARCÍA, IVÁN, (1979).

(SIN TÍTULO)

No importa si es un grito o muchos gritos, la niñez se esfuma

como el vapor - ahora inexistentede aquellos barcos que surcaron el Mississippi.

No importa si este grito es un llanto en caída, se repite a un lado y entonces hace lo mismo en el otro lado, todo grito siempre es un eco, que nunca será perdido. Que nunca se detendrá.

(del poemario: Montañas de Aurelia)

06:08 HRS

a mis abuelos

Aquella mañana se abre la tumba que compartiría lecho conmigo, libera gusanos e hijos de gusanos y larvas e hijas de larvas.

Un licor a vivo descompuesto riega la tierra y cae borracha y se fermenta

y no se enamora

y acepta ser madre

—a fuerzas—.

Aquella mañana se abre la tumba que recibiría mis restos a no ser que ya no esté en ellos, que haya abandonado

-cobarde

los restos de mi carne

y sea otro y sea el mismo,

a no ser que huela extraño

y no extrañe lo vivo y lo resplandeciente

y aquello que despierte como si nada cuando sea verdad

que ya todo ha ocurrido.

Y es cierto, se abre esa tumba que no es tumba

y no estamos ahí,

nos entierran juntos, semicompletos en un relato firmado por mi

antes de nacido,

y es cierto, que me acerco a esa imagen

desde esta alcoba rodeada de llantos

que no se dedican a mi

sino a mi abuelo

que es enterrado por la tarde

en aquel monte de cruces que son todas

las cruces cuando ya no quedan vivos.

Y es cierto que camino en la comitiva

escoltando este cuerpo que me ha traído desde un sueño de alcoba

que me tenía mejor vivo.

Aquella mañana enterré mi cuerpo disfrazado de mi pariente más querido

y no lo notan, no se esfuerzan, todas las coronas son Leopoldo Magaña y ninguna Ivan Vergara,

presido mi sueño y en

cada sombrero de fieltro me siento aureola, y en cada niño me siento ángel de fábula, y en cada beso robado al cuerpo frío me estremezco y todos los abrazos que me otorgan me obligan a despertar, a mirarme al espejo para decir que no, que no soy aquel del féretro, que no son mis manos las que levantan la cúpula y salen volando con campanas de fondo, que el atrio no es un rezo a nosotros, que somos pareja y que esta noche somos esposos, que el vientre tuyo se convirtió en cueva de vida, que no es cierto, que no crece Polo en ti, que es un sueño de reflejo el que distrae la comitiva y los hace voltear, que lo que veo es mi barba disminuida, una navaja en filo y un respiro cortado que sale de tu boca, que es la primer palabra de tu vientre, que me llama el sueño.

Aquella mañana termina con una oración y lo que descansa en paz, como nunca lo ha hecho, son nuestros cuerpos, exhaustos, gloriosos, inquietos por el desvelo y el rígido despertar. Inquietos abrimos los ojos y nos miramos sabiendo que no lo sabremos.

Abrimos las puertas, construimos futuros cementerios.

(del poemario: Larga contemplación de la ciudad)

BAJO TORTURA

a Laura Misrachi

El verdadero azul es la noche que se entrega al resplandor, el verdadero azul es la luz ahogada en lo profundo, lo verdaderamente azul escapa con el alba, lo que es azul transparenta los cuerpos desnudos.

El verdadero azul es la azotea eclipsada, el verdadero azul es el aroma del mercado de flores, lo verdaderamente azul sangra con pena y tristeza, lo que es azul no se ve en los ojos, se refleja en ellos.

Lo verdaderamente azul es lo inútil

la poesía se me acerca roja, pero se que es azul.

(del poemario: Bajo tortura, el rojo es sabio)

LA MUSA INSPIRA A UN INVÁLIDOEligieron no nombrarse, a conocerse como robles

y tímidas gotas que alimentan.

Eligieron olvidarse,

a contemplarse en la vastedad de lo poros que cicatrizan la piel.

Sin nombre,

como ciegos en un abrazo o como amantes sin sudor.

Sin memorias,

como cintas vírgenes ahuyentan las manos que buscan sus cuerpos.

Eligen fallar

las direcciones postales

● sin remitente

y los correos electrónicos

● sin memoria

Eligen nombrarse, como tortugas

a Juan Carlos Gordillo


 


tatuados en la coraza que es hogar, tatuados en lo extraño como tierras que nunca jamás

(del poemario: Evocaciones, mascotas y miedos. Alegoría de un mito)

TIERRA DE HOTELES

Iré olvidando

que te has impuesto con golpes perfectos, cascadas perfectas.

Iré diciendo

que me engaña el viento una gentil brisa que me duerme y me deja en la tortura.

Diré

que es en la alcoba

donde descansa tu sombra, diré que mi espalda carga tu soplo y en el escalofrío tu cuerpo de espuma espuma en mi aliento.

Iré olvidando

habitaciones de peste

nido de sudor exigidos hasta en sueños ajenos.

Iré diciendo

que me engaña mi alma, que el ansia no basta cuando estallamos en vuelo, fuegos artificiales.

(del poemario: Bajo tortura, el rojo es sabio)


14: 14 HRS.

Realiza un quejido al tomar la primera:

secuencia endiablada

que imita fragmentos cuando alcanzamos lo real.

Realiza un desenfoque

que nuble la distancia, cada encuadre,

cada

¡imagínate!

¡que se sale la vida!

Un click:

se realiza el milagro de obligarnos a encerrar lo que llamamos bello.

(del poemario: Larga contemplación de la ciudad)


VILLAMAR, JANITZIO, (1969).

LOS LABIOS

Se rozan. Se rozan.

Los labios se desprenden, se agotan, se integran… Dentro de sí evolucionan.

Los labios se desprenden de sí mismos, se desprenden. Los labios.

Los labios temen a la inmanencia, la temen.

Los labios florecen por la mañana y se humedecen, uno al otro se humedecen,

los labios se desprenden.

Los labios se agotan de sí mismos, se agotan. Los labios se agotan en cada latido de la boca. Se agotan,

se agitan

se agrutan…

Nacen pétalos de sangre que envuelven la llama de la rosa. Nacen llamas de pétalo que sangran la rosa….

Nacen rosas de sangre que encienden los pétalos de la llama…. Nace la sangre de la llama y del pétalo y de la rosa y enciende…

El beso se esparce, se esparce.

El beso se agita dentro de sí mismo:

es embrión y nace.

Del beso nace la tensión.

Del beso nace la álgida corona:

caen de la boca las gemas, el oro, la plata.

Se bebe la nostalgia, la espera, la despreocupación,

la prudencia.

Del beso nace el equilibrio que tira cuerdas, que arroja sobre la muralla la enorme escala,

sobre el pozo la soga,

la mano que se tiende…

Los labios de sí mismos se desprenden.

De sí mismos se desprenden.

Se desprenden. Los labios se desprenden.

Los labios intercambian labios. Los besos intercambian besos. Los besos labian.

Lo labios se desprenden.

Caen.

Se agitan.

Se desprenden.

Mis labios caen,

mis labios se desprenden:

estás aquí,

tan cerca, tan calladamente beso,

tan calladamente labios.

Me agito.

Me agoto,

se resquebraja en mí el beso

y te beso. Te beso.

Te beso.

Te beso para siempre en este instante.

REVOLUCIONES

Hay revoluciones que se gritan, revoluciones que sólo son mirada, revoluciones en que la guerrilla sale y rompe el silencio de la madrugada.

Esta revolución deberá ser la más ruidosa, la más alta y quejumbrosa.

Tendrá que ser la revolución sin barbas, ni puros ni estrellas ni reportajes.

Esta revolución se llamará como se llamaba; como el eclipse eclipsará la Tierra y cuando la revolución deje de ser revolucionaria, su nombre será el de la revolución futura.

De caudillos podrá llenarse el mundo,

y de la cima de la montaña a la costa ilimitada habrá fusiles, mosquetes, tanques o bombarderos, pero la revolución de los cimientos no podrá pararla el mar ni la cúspide de la montaña.

Nunca la imagen llenará el mundo, sólo la palabra, la añeja y vívida palabra que traducirse pueda: acro lar cía g oc ire def, como trabalenguas en dos mil y por tres las lenguas, como grito desesperado en medio del desierto, como el canto del pájaro de Darwin: “pin-pin... pin-zón”, como el cieno que llena la urbe de hierro, como el baile del gitano y su hispano ritmo, como imagen velada de poesía nunca interpretada, como imagen de la poesía del poeta ilimitado, como imagen de tronera que polvora el estallido o nombre de poeta, nombre de cantor... Así la mancha perforará la gruta, la arena, el hielo, la selva y todos los parajes que de pampa y bosque, tundra y llanura a la mente acudan para taladrar en la corteza más dura la palabra que revoluciona, la revolución de la palabra, palabra misma.

EL CERCOEl cerco lo estableciste tú, víctima de cerco y el del diario pudo atravesar el cerco. Djelfa era un cerco y tú, víctima de cerco al fin dejaste el ardiente, terrible cerco.

Para Guevara, el cerco fue que lo ignoraran y la muerte el rápido escape, la llave de salida. El cerco, para Guevara, fue roto muchas veces. A él escaparon Diario, entrevista, ideología

y el rostro que ahora se repite tantas veces, tantas veces bajo tantas formas.


“A mí me gusta mucho relinchar”... “¿Cómo era aquel relincho americanos?

Aquel que empieza ¡¡Justi-í-í-í-í-cia!!”

León Felipe


Su rostro cuaja hoy en cada mancha de sangre latinoamericana. Desde Panamá y su canal Torrijos

hasta el Paso y Nogales,

hasta la Patagonia y la Tierra del fuego, cada mancha de sangre se torna Guevara, el rostro que reconocemos como Guevara.

¡Que caigan los chorros de sangre latinoamericana en tierra, sobre piedra, cemento y acero, que caigan y formen el rostro Guevara!


EL RAPTO DE EUROPA

Europa en la mira:

la Europa de Jove y Zeus y el Júpiter tonante,

el taurino toro bovino.

Por la fuerza, Europa fue violada

¿y qué digo?

¿cómo más podría ser violada?

Por el blanco toro de cuernos lunares,

de Tiro o Sidón a la taurina Creta,

Europa, montada, fue violentamente arrastrada

al Radamántano-platamantis

de hojas perennes por esta causa,

constelación y joviana luna,

satélite, cuerpo flotante en la marea del espacio.

Europa a través del catalejo:

en el momento de la victoriosa huida,

en el momento del éxodo inmigrante. Europa en la guerra, bajo las bombas. Por cada gramo de tierra:

cadáver sobre cadáver envueltos en llamas,

llamas del volcán de la desolada amargura,

llamas del profundo abismo de la memoria, ignominia a cada paso.

Europa que se desangra a chorros,

Europa que pierde su memoria,

Europa en un tocón sobre el Atlántico, balsera, tocapuertas, refugiada.

Europa a tiro de fusil:

en alas del gitano de los aires

a ella nos dirigimos, montados en cómodas balas. Europa, Europa, la vieja Europa. La de la cultura griega, Europa, la del imperio macedonio y el romano de Julio César,

Europa. Europa impresa en cada espacio:

en la be de la violencia

y en la be de la violación.

Europa violenta y violentada, la vieja Europa del sufrimiento.

Sangre irrigó sus campos, sangre alimentó su cuerpo.

Nadie blasfema al proclamarla sangre envuelta en sangre. Tanta sangre en sus banderas, en sus palacios, en sus museos, tanta sangre en sus prados, sus callejas, sus prostíbulos.

¡Tanta, tanta sangre!

Pero de la sangre bebida en cuencos amargos,

entre las manos hechas cuencos,

de los cuénquicos ríos encarminados,

los frutales cuencos de escarlata jugo,

la cerúlea lluvia cuenco,

engendra paz, Europa quiere paz.

País de larga historia, país de prolongada tierra. ¿Habrás aprendido al fin

que tu historia es una sola,

que por momentos te eriges monumento,

que en ti miran América Latina y el África

y el Lejano y el Cercano Oriente

la única luz de las tinieblas? ¿Habrás visto la paradoja de la sangre,

la falacia de los cuerpos que mueren lentamente

su malgastada vida tras su prematuro fin? ¿Habrás visto el triple rapto:

el de Júpiter torocretense,

el que expulsó a tus hombres de su patria,

el de la Europa modelo humano?


VILLASEÑOR, JAVIER, (1977).

EL QUE NO ESTÉ LIBRE DE PECADO QUE TIRE LA PRIMERA LETRA

Hablar, tal vez hablar en los devoramientos del alba, en las cenizas frías, en las constancias que no ha de leer nadie…

José Carlos Becerra.

Ponerse a hablar así, en voz baja con la noche desde la lengua, el papel y la alcantarilla sacando telarañas de cualquier rincón

para tejerse un abrigo cualquiera sacando letras de cualquier rincón

para tejerse un nombre cualquiera Hablar con la noche acariciándole la frente mirando tu reflejo en los ojos de la noche sosteniendo el libro en blanco entre tus manos anclando tu corazón al borde de la mesa

Hablar así

para cortarle la lengua a los crepúsculos Hablar así vaciando de sangre a la ceniza que nos vela el sueño

Hablar con la noche para amamantar los cementerios Para limpiar y blanquearle los huesos a la muerte Nos ponemos a hablar así, envenenándonos el paladar cuando decimos la palabra muerte, con la luz escondida bajo la cama como un niño asustado con la luz escondida bajo los párpados como un deseo asustado Nos ponemos a hablar así, con voz de óxido y tabaco y con un hormiguero que crece bajo las sábanas

Hablar de la ley y la condena, del índice de sal que dicta sentencia Imprecar a los jueces de dientes podridos que cargas desde tu nacimiento Y sólo atinas a saborear el polvo de una frase Y sólo llegas a pronunciar una frase de polvo que huye como ave herida al regazo de la noche:

El que no esté libre de pecado que tire la primera letra

Y sabes que no es cuestión de poner a hervir la sangre cuando despiertes

Y sabes que no es cuestión de roerle el hueso a la madrugada hasta gastar tus encías Porque ya no es posible otra cosa que cerrarle los labios al verano ahora que quieres dar tu confesión a la noche y salir a orinar las calles con poemas y cálculos renales

Y te pones a hablar así,

sabiendo que cada ola es la medida del mar que cada palabra es la medida del hombre que cada herida es la medida del hombre y que la noche no tiene medida porque es una mujer insomne y cubierta de fiebre y que el tiempo no tiene medida porque es un actor deforme con mala memoria borracho y desnudo en el centro del sueño borracho y desnudo en el centro de tu propio escenario Hablar entonces con ese estribillo que te inventas todos los días cuando la luz que de tanto darse mordidas se acaba a sí misma Y te disuelves en ese laberinto de frases de polvo Y escuchas de nuevo salir de tus labios la frase, igual que un muerto que sale de alguna fisura del tiempo agitando banderas:

El que no esté libre de pecado que tire la primera letra

Y te pones a rascarle la cabeza al olvido como a un perro manso gestando el error y la mentira en el vientre, mirando de reojo al fracaso que pasa vestido de traje y sombrero y se sienta a observar cómo te pierdes en este laberinto de polvo

Y sólo esperas el estribillo que ha de llegar como una plegaria Y miras el estribillo que te llega como una mortaja después de haber gastado palabras haciendo tu confesión a la noche Y la voz al fondo del vaso entonces te dicta sentencia El dedo de sal te señala y te dicta sentencia Retomas el estribillo como un escudo contra la espada como el héroe de historieta que toma su capa:

El que no esté libre de pecado que tire la primera letra

Nadie te dijo que hacer confesiones era sangrar un poco que tu vida era luz en el útero de la noche cubierta de fiebre que los poemas que habrías de gastar eran la expiación de tu condena

Y así hablas con esta noche que viste de negro como todas las noches que visten de negro Así hablas, así te confiesas, así purgas la condena que tú conoces con las palabras y el estribillo que la noche conoce

La noche que en algún lugar te espera siempre La noche que te espera con los ojos y oídos abiertos y tú con dolor y poemas seduces lentamente la noche que huele a noche y te espera con las piernas abiertas y tú con amarga soledad, desde hace años, penetras dulcemente.

EL LOBO Y LA CARTA

A veces llega un alba de ladrillos a darnos gracias por la espera… Sentimos por las noches el martillo de óxido y la angustia La brasa en la garganta, el cigarrillo liado con el polvo y el olvido Y no tenemos ya palabras para andar sino descalzos Y no tenemos ya ni el miedo de cobre en el bolsillo

Entonces me levanto de mi propia niebla Y ando por el salón dos o tres veces Para ser de nuevo un lobo herido

Y no tengo sino garras para asirme a los minutos que se arrastran Garras y encías y colmillos para acechar el recuerdo de una risa

A veces no hay pan en la memoria

Ni un beso dispuesto a ahogarse al fondo de la copa A veces no hay más que la luna metiéndose entre las sábanas

Entonces me desnudo para parecerme más al olvido Y voy como el lobo por el umbral de sombra

Por el umbral del miedo

Y entonces tengo sólo huesos y sangre y sueños

Pero esta noche hay ojos donde llegarán a romper las olas Y la libertad será un tronco podrido traído por las mareas

Y entonces ya es tarde

Ya es tarde

Ya es tarde para lamer las tumbas

A veces en el horizonte, que en el salón imagino, Se levanta una corona larga, del color de la desesperación A veces, entonces, será mejor lamer el llanto azul de la puta en las aceras

Esta noche me llegará una carta sin anuncio Una carta infecta de su propia blancura Se deslizará por debajo de la puerta como una blanca lombriz reptante

Esta noche llamarán a la puerta para darme una carta sin anuncio y escucharé el llamado como un lobo al que le crece una larva en los oídos cuando esta noche en esa carta sin anuncio me escriba la ausencia, con sus tintas y ácidos, para declararme todo su amor infinito.

ORIGEN

Te miro y encuentro un páramo de plata Te miro y el silencio

se vuelve cascada y pedregal

Te miro y me disuelvo en un espejo que guarda nuestros nombres de agua

(desde antes que los páramos fueran de plata y las cascadas escribieran en su pedregal)

EL MURO

Llega la noche gastando tu nombre. Veneno y polvo, ceniza, abismo.

Te llama ese muro, siempre el mismo, Y en el muro te escribes y eres hombre.

¿Y fue del muro el nombre que quisiste? Fuego el muro que gasta tus lamentos: La tierra no dicta nacimientos, Pues fue el muro y el nombre el que perdiste.

Cuando el aire te diga su agonía Dile al muro que llore despedidas: No eras tú ni el poema el que partía.

Sé el agua y sé la mar como medida, Porque la noche siempre teme al día Y más allá del muro está la vida.

EL ARMARIO

Una afilada astilla de roble con olor a naftalina entra en tu corazón…

Esta noche

la soledad

te espía desde el armario

SED

Un soplo sediento

se diluye por mi sangre.

¿Cuál es su nombre cuando bebe

—cada día un poco— las palabras de mi cuerpo?

Tras su sombra, se arrastran

mil relojes detenidos.

Alguien dice que es la muerte.

NOCTURNO AGUA

Yo soy esa gota

que derrama insomnio cuando me caigo de las columnas del silencio.

Fluyo en el destierro

y me anego entre las aguas de la noche diáfana

        sin sueño.

NOCTURNO MURO

¡Cuántos muros vacíos

hay en este desierto del insomnio!

Para dibujar en ellos

las sombras enfermas de silencio, con el pincel de la soledad salada

que nos quema dentro.

O pintar un grito en esos bordes donde el eco es un fantasma que hiere nuestras pieles

y nos muerde el nombre en los costados.

Levantamos nuestra sangre derramada y en la oquedad de los muros de las noches escribimos epitafios para el sueño.

NADA

¿A dónde voy en este espejo de la nada? ¿Sobre este río ingrávido, que sólo de intentar palparlo, se congela?

Ningún puente colgante sobre el tiempo.

Tan sólo barcos muertos.

Sobre los mares de estas páginas, mi gélido reflejo.

EL PUENTE

Mira el puente que sale de tus ojos líquidos y tus bóvedas de aire.

El que arqueado sobre los silencios se levanta con la lengua.

Grita con tu voz

—hecha con el polvo del camino— ese nombre que te cuelgas al cuello.

El eco sobre el puente mudo ha de llevarte hacia ti mismo.

LLEGANDO A PUERTO

¡Cuántos marineros mueren intentando pescar palabras!

A las arenas de un silencio se dirigen ahora los barcos vacíos.

CERTEZA

Mi silueta se escurre de unos ojos, el viento derrama sílabas en labios, vive una palabra que arde en otra boca

¿soy yo?

El perfil se me dibuja con miradas y a copiarme juguetea mi sombra

voy del miedo hasta el espejo, a conquistarme cada día cuando me miro con silencio.

Si tengo nombre, todo es cierto.

(De El viaje a los espejos)


ZAPATA, JOSÉ FRANCISCO, (1962).

CIRCULACIÓN PESADA

Sangre, cuánta sangre derramada diario, seguido y terciado, cuánta presencia sanguínea fuera de cauce, sucia, maldecida, y sin brillo divino corre desde el pasado hacia el futuro, cuántas manos y conciencias ensangrentadas recorren los caminos pregonando limpidez cuántos misiles y “bombas inteligentes” manchados de penosa sangre fresca.

Países, qué países todos sangrantes hasta la triste noche de fiestas patrias, más el paisaje, los ríos, los caminos, de siempre sangrar planeta pálido, sin honor por santísimas cruces sangrando y los ojos sin tiempo para lavarse las lunas y sábanas manchadas de rojo, toda la urbe sangrada hasta el pánico por metódicos mosquitos y vampiros transnacionales, (nada nuevo bajo el sol pinche sangre pesada).

Milimétrico torrente, majestad del cuerpo, a la maquinaria del día y sus crepúsculos sangrones, luz roja en el cabaret de la vida, madre del movimiento, al hocico babeante de la bestia-ojera ojete.

Sangre fría mucha de veras que sí un chingo necesitamos pal’rito, pal’rato, pal’roto y pisotearla, quemarla, volverla castrante costra, ceniza negra, hacer moronga pa’los dioses, pal’ mercado y demás chingaderas que jamás podrán lavar tanta hermosa sangre derramada tanta.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


ZETINA, DANIEL, (1979).

EL AROMA DEL VIENTO

I

La carne cuando choca duele;

bienvenida sea la sangre de los que caen, los atormentados que desayunan despacio, quienes pasan delante de todos y no ven nada, los que muerden los puntos de la aurora; los mejores y los desaparecidos.

Ven,

vamos a la casa del refugio,

por miel que abre todas las puertas, en los perímetros de la casa a oscuras.

II

Las ventanas acercan cada segundo el viento. Nos quedamos mirando, de pie, la carne.

III

Dejo el camino

y tomo la vereda más grande y pura de tus perlas de agua.

Que se vayan todos los que no estuvieron despiertos, que se vayan.

De este pecho no mamarán los pobres ni los cobardes;

vamos a incendiar el viento para ver nuestro horizonte. Venceremos.

Venceremos y seremos vencidos, y seremos cadáveres, ejes vencidos por el tormento.

IV

Se acerca el día.

Vamos a quedarnos mirando de pie, la carne.

Las piernas muerden el espacio.

Me llevo en tu pelo la nostalgia.

Tu carne es el mejor olor del viento.

(Tu sexo renombra el tono de la carne, toda).

V

Espérame en la esquina del espejo, voy a regresar a decirlo todo y voy a huir, como tú, al pecado, al fuego.

Cuando ya no tenga sangre refugiaré la herida en las almohadas.

Dormiré tranquilo, tal vez, pero aún con miedo: la carne cuando choca muere;

los hombres desnudos ya no hablan;

tu risa cruza, eternamente, la madrugada;

los pasos quedarán marcados, por siempre; la carne es vigilia.

VI

Ha sido descubierta la locura en nuestros cuerpos. Anidaré en los matices de tu nombre.

La carne es más pura que la piel, la sangre resucita todo el año.

Cuando se encienda la luz del cuarto voy a perderme y te miraré cantando.

VII

Recuerdo que tu olor es la mejor carne de todos los vientos.

Tomado de Acequias. Año 7. Otoño 2004. No. 29


ZURITA ZAFRA, MOISÉS, (1967).

NOTICIA DEL FIN DEL MUNDO

Tengo un pez de colores cinco canicas en la bolsa y dos amigos

Sueño en las noches

pero un sudor infame inunda la cama no quiero morir

Eduardo dice que caerán bolas de fuego dolor y muerte desde el cielo

El fin de los impuros que ayer fue con agua será un dulce recuerdo

¿Y mi hermanita?, dice Luis

la abraza y llora y no tiene palabras, sólo miedo

En la escuela me han dicho que el sol es un anciano que morirá pronto

En mi primer insomnio me pregunto si la noche será eterna y es cierto, tiritan azules los astros a lo lejos

Pienso en mi madre, morirá también y lloro Estoy solo en medio de la noche y en silencio

No quiero despertarla,

no quiero que vea que lloro por su muerte

No despiertes, le digo al oído

y ella sigue así, dormida para siempre.

Tomado de Anuario de poesía mexicana 2005. (2006)