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Del silencio hacia la luz:

Mapa Poético de México.

POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO

1960 - 1989

VOL V

Jalisco - Nuevo León

Adán Echeverría Armando Pacheco

Compiladores

Ediciones Zur

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Catarsis Literaria El Drenaje

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Mérida, Yucatán Agosto de 2008 Del silencio hacia la luz:

Mapa Poético de México. Poetas nacidos en el período 1960 - 1989

Vol. V. Jalisco - Nuevo León

1a. Edición. Agosto de 2008.

Adán Echeverría Armando Pacheco Compiladores

Ediciones Zur

Catarsis Literaria El Drenaje

Este es un documento de consulta, su propósito primordial es la difusión de la poesía que se escribe y publica en México, pero también busca contribuir a la formación de la capacidad de apreciación y escritura poéticas de los lectores. La compilación de los poemas fue obtenida de dos formas: por el envío de los propios autores vía correos electrónicos y de las fuentes documentales, mismas que aparecen al pie de los poemas cuando se da el caso.

832 Del silencio hacia la luz: Mapa Poético de México.                                                                       Echeverría, A. (2008).

Hecho en Mérida, Yucatán, México.

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DIFÍCIL ES HABLAR DE ALGO COMÚN EN LA POESÍA TAPATÍA. HAY DIVERSIDAD DE TEMAS Y UNA INFINIDAD DE VOCES POÉTICAS. - L.C.

52 autores

FOTOSEMÁNTICO

I

Siempre he considerado que hablar del término “antología” es un tanto difícil. Si aceptamos la definición propuesta por la Real Academia Española como una “colección de piezas escogidas de literatura” me hace pensar ¿cuáles son los parámetros para incluir o dejar fuera esas colecciones de piezas escogidas de literatura? Claro me queda considerar que los antologadores necesitan delimitar las piezas, en este caso “Mapa Poético de México. Poetas nacidos en el periodo 1960-1989” se enfoca únicamente en aquellos poetas nacidos en esos casi treinta años, y claro me queda que la labor de hacer una selección de las mismas es una ardua tarea.

No profundizaré, a ciencia cierta, en los problemas existenciales que siempre me ha causado la palabra “antología”, sin embargo es imposible no pensar en la importancia y la responsabilidad tan grande que conlleva realizar una antología para asiduos compradores que procuramos adquirir ejemplares de ellas en ciudades o países lejanos para conocer lo que se produce ahí, y saber que el riesgo es muy grande, porque grande es el mundo poético y, al igual que cualquier mapa geográfico, siempre quedan lugares que no se alcanzan a ver, porque siempre quedan poetas fuera, porque siempre hay quienes trabajan bajo el suelo y sus poemas no están incluidos en dicho trabajo. O hay quienes, por mera causalidad, no están aquí.

II

Muchas antologías de poetas se han hecho en Jalisco. Imposible no recordar aquella intitulada “Poesía viva de Jalisco” en la cual fueron reunidas 142 voces que fueron seleccionadas de un total de más de 250. Muchos investigadores han realizado, incluso, diccionarios de escritores vivos de Jalisco. Sin embargo en todas han quedado poetas fuera de dichos proyectos, poetas que reunían los “requisitos”.

III

Después de revisar con minuciosidad este mapa poético de Jalisco no pude evitar descubrir que faltaban algunos nombres como Abril Medina, Patricia Mata, Marco Antonio Gabriel García, Carlos Cortés, Angélica Maciel, Paula Zulaica, Elizabeth Salgado, Alejandro Zapa, Angélica Pérez, Felipe Ponce, Fernando Toriz, Juan Cervantes, Lucía Rostro, Fernando Carrera, por nombrar algunos, que podrían estar, pero no están aquí, luego algunos de ellos se encuentran en otras antologías y entonces hay otras ausencias. Por ello es que considero que una antología no debe ser la única guía de lectura, sino un eslabón que nos lleve a la búsqueda de otras cadenas para encontrar otros poetas, porque toda antología apenas puede ser un ligero trazo de la Realidad. Hay voces como la de Adriana Díaz Enciso que la geografía nos delimita, sin embargo su voz alcanzó a llegar a este mapa. Hay voces como las de Melissa Nungaray en donde el tiempo nos delimita, pero que vale la pena revisar.

Estoy segura que muchos se llevarán una grata sorpresa al leer el Mapa Poético de Jalisco, pero más sorpresa se llevarán si se atreven a indagar sobre los poetas que no se incluyen aquí, porque dicen que en Jalisco se encuentran poetas cuando levantas una piedra. Y, como dicen, para muestra basta un botón. O, mejor dicho, una palabra.

IV

Podemos considerar este “Mapa Poético de México” como la silueta de las voces que por causalidad se encuentran aquí y, a partir de esas lecturas, considerar la ardua indagación de otros autores que se reflejan en sus voces porque ellos son las principales fuentes para conocer a otros que están trabajando poéticamente.

V

Difícil es hablar de algo común en la poesía tapatía. Hay diversidad de temas y una infinidad de voces poéticas. Y en ese sentido la pluralidad de sonidos no debe escatimar la posibilidad de encontrar otra nueva. En este conglomerado de voces encontraremos el eco de nuestra ciudad y su rutina; la oscuridad y la falsedad de un posible amor; cigarros y botellas; el amor y la esperanza.

VI

No podría dejar fuera lo que alguna vez advirtieron Dante Medina, Jorge Souza y Raúl Bañuelos al decir que la poesía de Jalisco puede “compararse al fuego de una chimenea que arde con llamas desiguales pero alimentando una misma hoguera; o quizás a un lago agitado en donde las ondas proceden de innumerables sitios, y las crestas y los valles de las olas se encuentran en constante movimiento”. Nuestra poesía es el mismo fuego que se convierte en el mismo tono del agua, un caleidoscopio de emociones y nostalgia que nos atrevemos a suspender en la palabra.

VII

Quizá es la intención de toda antología, reunir en sus hojas algo que se me ocurre llamar fotosema, imprimir con luz las palabras y sus posibles significados. Mantener un diálogo con los autores que nos presentan y recorrer la historia de quien nos interese conocer. Entremos pues, a este enfrentamiento de silencios y de luz; de imágenes y de sinsentidos, de sonidos pausados y de movimientos estridentes. Porque a los 52 poetas de Jalisco reunidos aquí nos une el mismo sentido de pertenencia, el deseo de ser permanentes: es ahí en donde se origina nuestro canto, la diversidad de posturas, todo lo que se edifica cuando escandimos nuestros sueños.

Leticia Cortés. Guadalajara, 5 de agosto. 2008.


AGUILAR, JULIO CÉSAR, (1972).

TRANSPARENCIA DE LO INVISIBLE

(FRAGMENTO)

III

Cómo decir que muero porque me estoy muriendo sabe quién de qué…

(Qué insidiosa enfermedad la del morir a diario. ¡Cuánto fastidio, qué asco! ¡Qué deslumbrante estupidez la de aquél cuya palabra es la daga —certeramente atroz— con la que se aniquila!)

VI

Las parloteantes palabras

tanto tienen que decir

que de tan apalabreadas

y ya sin voz

mejor calladas se quedan.

VIII

De qué oscuro suceso llegando vienes tú, llegado ya a ver nacer tu nombre ennoblecido por ráfagas de rabia y ventiscas de miedo.

Dime qué callas, qué claro silencio con tus palabras mudas has de fundar así en medio ahora de un reino de palabrerías sin fin exaltando su propia bajeza.

Oh Señor de lo inacabado y roto de la grandiosa miseria del mundo éste tu misericordia dale —sálvalo ay de las tinieblas de cuanto olvido acecha— a tan triste y tanto mortal verso.

IX

Esto que un día fue solitaria planicie la sola tan en blanco página inexistente poblándose de pronto ver-ti-gi-no-samente está de signos de invisibles palabras mudas de ocultas constelaciones.

distraído en tu ceguera que por aquí pasas ¿algo miras?

XIII

Un poema sí

justo como un latido

sangre embistiendo a la herida que nunca cesa… siquiera un nítido verso que se parezca a ti.

Un poema río

de silencios francos que todo lo cante y diga y de muy callando alúmbrenos bajo su ciego estruendo.

Ventana, camino angosto y puerta el poema un cielo abriéndose terrenal para la vida.

Oh sí un poema (sólo el poema) tan semejante a ti.

Tomado de http://www.margencero.com/poesia/poesia5/julio_aguilar.htm nº 5 - Segunda época noviembre/diciembre de 2007


AGUIRRE, RAMIRO, (1960).

ACUMULADA PALABRA, DEL NACIMIENTO a la muerte somos lo que escribimos. Eterna realidad, milagro, se basta para defenderse o explicarse el poema Nada le muestran sus visiones, sabe apenas nada lo que escribe el poeta:

ignora por qué lo escoge el poema como el árbol ignora por qué frutan sus ramas.

¿Debe de explicar la caña el sabor de su savia? ¿Qué demiurgo desde el fondo sin fondo de la piedra teje el brillo del diamante? ¿Qué puede explicar el poeta al relámpago que desgaja la noche que no esté dicho ya en ese vertical instante?

¿Cifra un sentir o existir el poema? ¿Hay alguien ahí?

NADA TE DARÁ ESCRIBIR UN POEMA.

A ningún lugar llegarás.

No hay Ítaca. No hay camino. Habrás de inventar el tuyo.

No alivias el aburrimiento de los días, ni conquistas la estima de los otros, ni el amor, ni el pan.

El mundo no cambia, y nadie defiende tus versos.

No ahuyentas el cansancio de tus hombros machacados ni entiendes el lenguaje de las olas; los pájaros no cantan para ti porque hubieses escrito un poema.

No evitas tu muerte.

La poesía no hace nada por ti ni por los tuyos. Nunca retribución obtendrás: abismos.

Te señalarán: “ese malparido escribe poemas”. Cuando estés en medio de la noche solo con tu alma y sientas tu respiración al ritmo del universo entenderás lo único que la poesía puede darte.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php

ALMÁDEZ, MARTÍN, (1970).

ULTIMÁTUM

Hemos sido llamados para atestiguar la caída -así lo cantan las campanas y lo dicta el relojdicen que la voz llegó con la aurora gritan que el árbol se pudre entre sonatas celestes las calles han desdoblado sus esquinas llorando el azar de los transeúntes

todo se contempla desde el orificio de la tumba donde duermen plácidamente los ojos de la luna

se ha estremecido la lira la mar baila el son de laureles

y los sexos complacidos guardan la llave del umbral

el polvo nos ha convertido en su nombre.

LO MÁS MISMO

A Silvia, por compartir este desafío

Decidimos apenas se consume la palabra cambiarlo todo, trajiste tus cuadros contenedoras ventanas

medí el espacio y el mueble quedaría en su justo volumen;

preferiste lámparas blancas y circulares por aquello de la fuga de energía. La casa nueva se levantaba cada noche, caminata o llovizna; deberían ser muebles de todas las edades compartidas, viejos dijiste, viejos dije, seremos dos viejos entre las anchuras de estos muebles —recuerdo confesé— y echaste a reír frente a la mesa resignada a lucir el centro de una sala tan ajena distante de la calle vacía.

Una chimenea intocable alumbrada por las viejas cosechas de la cava la cava, dijiste, la cava que en otros tiempos hubiera perdonado y que a cada paso blanco y tinto fuiste llenando.

Quién hablará de esta casa que cuando estamos se queda sola,

que la lluvia se vierte en óleo magnético detrás del cristal por nuestros ojos deslumbrado.

La casa con fervor se construye, un teléfono la suena y la hace suya

las sillas tan pensadas y elegidas me alertan que habitaba ya desde antes, desde atrás de la noche esta casa que se construye contra la voluntad del tiempo sola y tan llena conteniendo la sonata de Mozart que se estira y desliza por la tarde de sábado donde hemos decidido apenas la palabra se consume cambiarlo todo hasta lo más mismo.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1970-1979.php


ARCE MEJÍA, NADIA, (1978).

QUEJA DE NINGUNA QUEJA

De lo que tienen otros de lo que a tantos les falta no voy a quejarme

Cuantos muertos cuantas desgracias

que a mi no me importan

De la burocracia

de la incompetencia gubernamental no voy a quejarme

Los muros plaqueados los parques abandonados los niños que piden una moneda

los padres que obligan a que esos niños pidan la moneda nadie me importa ellos no me importan de ellos no me quejo

Del dinero robado en los impuestos de las muertas de Juárez de los diputados y sus bonos de los funcionarios y sus viajes (y sus viejas) no voy a quejarme

Me valen

no me importan que pase lo que pase no puedo quejarme

Los salarios incongruentes los sueldos mal pagados

las amas de casa con doble empleo el tráfico y los congestionamientos

No me vienen ni me van en estas letras no son protagonistas

Tengo ganas de quejarme de las quejas de los que se quejan y no dicen nada más que a su vecino o su madre

o al maestro Quejarme

de su forma de decirlo

tapando la cochera del vecino haciendo un desastre en casa no llevando la tarea por rebeldía Me quejo de la postura incansable del hastío de la pasividad contagiosa de los brazos cruzados y de los dedos que señalan

A mi no me viene la política no es mi talla

A mí me desconciertan los que manejan a matar los que trabajan a morir los que se cansan de cansarse

Me estoy quejando

de los que hablan estadísticas siendo números rojos

No me quejo de los que no ayudan sino de los que te hacen necesitar ayuda

Me quejo

de las ganas muertas por votar de la apatía por reclamar lo nuestro de la falta de interés por leer el periódico o de siquiera dejar el canal de las noticias y enterarse

Me quejo

de los revolucionarios sin revolución vamos a la marcha vamos a la huelga vamos a quejarnos de nosotros mismos

De los que se quejan sin inteligencia con odio, con palos, con dolor de los que se cobran a lo chino su desgracia y cambian cheques al portador con la angustia ajena

Me quejo de los que piden paz haciendo guerra

De los que nunca ahorran de los que beben y beben

de los que de pan y circo sobreviven tan solo sobreviven no viven de los que se quejan me quejo soy una queja reventada quejumbrosa

Y por último

me quejo también de mí por escribir sobre esta queja.

QUIERO

Quiero ubicarte entre mis recuerdos rojos Abarrotado Quiero degustar tus razones exactas Conquistándome Elevarme quiero, con tus brazos Espumosa fuerte, quiero

Hacerte En Con Por Para

Dentro Profundo Naranja carmesí Ahogado Perverso Lleno Hacerte quiero

Camíname la piel Humedéceme toda Empezando por la vista

Corre conmigo Es lluvia roja Roja Resbálate en mí

Estoy queriéndote distinto Abro extrañas rutas Para encontrarte Comulgo Agradezco Reitero que:

Tanto hielo se derrite

En el espacio hueco

De nuestras manos amarradas

Te Quiero

No sé con cuantas ganas Ignoro con qué permanencia Pero es un hecho Hoy:

Te Quiero

Sábete mi nombre con mi piel Sumérgete mi espacio con tu vista Encuéntrame desnuda de palabras Con tu boca desvísteme los miedos Y rómpeme en todos tus abrazos

¿Quieres?

CAFÉ

De aromas rojos De caliente platica

De tiempo sin manecillas

Café

Sin improvistos

Con caudales de palabras conversación Sin faltar a la cita a ciegas

Sin pedir jamás la cuenta

Café

Que envuelve otros colores Con aroma líquido

                    Sabor negro

Café

Que tomamos

Con las huellas de los labios Y abrazamos Con las palmas de la manos

SIGO DE TI, CONTIGO

Sigo de ti,

Contigo

Sigo estándote Permaneciéndonos Continúo las líneas

Cada letra

De esta historia

Sigo-de-ti

  Contigo

Esperando

   Serenamente

Observo estos atardeceres de palabras Hilo susurros de ti Hilvano caricias como colchas Me cobijo de tu aliento Cierro mis ojos con tus parpados Subo la temperatura del interior que me recorre Amarro tus palmas a las mías Aunque no me gusten tus condiciones

Detesto armoniosamente Y con tanto placer Contar una y otra vez Todas tus pestañas Aplasto lo que sale de tus ojos Lo doblo, lo guardo en el cajón del centro Copio al pie de la letra Todos tus nombres y apodos Corrijo tu mala pronunciación A mis oídos Le doy una importancia no igual a cero A todo lo que sé que haces Conmigo Cómo dejas y olvidas hacerlo Me gustan mucho tus acentos Y el agua que tienes como raíz Verte turbio Aclara mis razones Saberte helado Calienta mis sentidos Algún día habré de más quererte Algún día podré guardarte en el ropero Meterte en el refri Sacarte en la mañana para desayunar Me voy a bañar contigo Para moverme todos los males Removerme caspitas inconformes inconformidades Y bañarme, bañarte, lavarnos juntos Me voy a cepillar los dientes con tus besos Y no sabré mirarme Si no es con tus ojos espejo

Voy a pintarme la boca roja Con la yema de tus dedos Y con tus labios

Quiero desvestirme todo, todo el tiempo

En tus brazos dormir

Tu barriga no me gusta como almohada

      La quiero de colchón

Después de seducirte

Trenzare cuerpo con piernas cuatro Porque

Acostada contigo en cualquier cama me imagino ¿Cuántas sabanas recuerdo color memoria junto a ti? Quiero continuar A ver qué pasa

Porque sigo de ti, contigo.

TÚ

Qué maldita, desgraciada, audaz, canija, deliciosa corres, te desmayas en mi boca Tienes el color saborizante, te caes como cascada en mi garganta ¡Eres mía, así que cállame los miedos de una vez! Encuérame la pena, mójate y remójate en mis labios… piér-de-me y gáname otra vez.

Confúndeme

Estas ganas de ti que no se sacian

Estas presencias que siguen recordando

¡Olvídame!

y llévame como maleta a ese país fresco que empapa tu nombre:

cerveza… cerveza… ¡cerveza!


ARENAS ARÉCHIGA, ÓSCAR, (1963).

VESTIGIO DE LUZMe entristecen las veladoras con su luz primera con esa luz de día alargado que se deforma que se cansa.

Las veladoras son relámpagos que llegan después de llover


A la memoria de mi primo Ignacio Salcido Aréchiga.


son caminos derrumbados por dentro.

Las veladoras huelen a sudor huelen a rezanderas huelen a fatiga.

Me entristecen las veladoras por sus recuerdos inundables por su bullicio por su cercanía a mis ojos.

Las veladoras son asideros vaso destinado a la sombra.


CASTRO, CARLOS VICENTE, (1975).

LUEGO DE NAVEGAR

Luego de navegar sin tregua por el laberinto críptico del día,

decidimos, antes de arrojarnos uno a uno a la marea insidiosa, guardar en las bodegas el vino que debimos haber bebido, junto con los arpones oxidados y las cuerdas que jamás usamos en el intento de izar nuestras velas inservibles. Uno, el más delgado, escribió cenizas en un madero, para después abalanzarse roto a los peces furibundos. El siguiente, un contramaestre ojeroso y aturdido por todas las enfermedades que nunca tuvo en su vida, jugó a los dados su mejor recuerdo, y se echó sin remordimientos.

El último dicen que fui yo. Lo cierto es que ya habíamos muerto de un aire sin palabras que significaran cualquier cosa y nadie se acordaba desde cuándo.

El capitán, hacía quién sabe cuántas leguas que se precipitara alevoso al vientre de una ballena, alegando que la locura de sus marineros le había hecho oír a Dios.

Tomado de Cantera verde. Año 20. Diciembre 2007. No. 45.


CORDERO, SERGIO, (1961).

REVISIÓN DE LA INFANCIA

1

Entra al cuarto de sus padres y mira, en la penumbra, el reloj descompuesto.

Luego sale de sí, penetra en los objetos y no vuelve.

¿Has oído

ese llanto lejano por las tardes?

2

A mis hermanos

No pudimos hablar, ser obedientes fue nuestra obligación, nuestros deseos murieron sin mirar hacia afuera.

Tuvimos que escarbar, creamos el mundo en el patio de la casa; en las cuatro paredes descubrimos que la cal era el único alimento y creímos haber envejecido: nuestro pelo también estaba blanco. Pero ahora ¿con qué nos cubriremos?

Alguien prendió la luz y no hubo vida, todo fue un engaño. No se puede morir si no se vive. No podremos morir.

3

Falté a la escuela y saliste a buscarme.

Le preguntaste a todos por mi nombre, nadie sabía mi nombre. Yo cruzaba la noche por un puente y miré las luces de los autos esperando encontrar a la vuelta de una esquina la casa de mosaico y piedra negra donde vivíamos juntos.

Ahora

sé que la búsqueda no ha terminado: oigo tus pasos, que no vuelven la espalda, y tras ellos —muy lejos, muy atrás— corre ml llanto; cruzo por el puente que dejaste tendido cuando todo dejaste e interrogo, como antes,

a esas luces que salen de lo oscuro. Hace mucho que tengo siete años y no encuentro la casa todavía.

KAGEMUSHA

No repudio mi signo: estuve solo pero ahora comparto

el dolor de la sombra que ha perdido su cuerpo. Yo fui el sustituto de El Guerrero e hice tan fielmente mi papel que sus seres queridos me amaron y bastó poco tiempo para que, sorprendido, me descubriera amándolos. Aspiré, con el polvo, los hedores triunfales de su última batalla y sentí que era él... Pero no, no era él.

Descubrieron que yo era una mentira, me llamaron ladrón y fui expulsado

y vagué por los campos amarillos como fantasma diurno. Crucé por las batallas

esperando ser digno del estandarte de Mi Señor y mi locura hizo que me hundiera en el río con el agua quemándose en mi pecho. Y aquí estoy, fuera ya de la historia, esperando para lanzar el grito mientras arriba —en la superficie— se escuchan los últimos acordes del himno, la derrota.

LA BICICLETA

A Minerva Villarreal

La bicicleta

lanza su sombra al pavimento —interminable cinta— como sólo ella sabe.

La sombra crece, se estira allá, muy lejos, y alcanza la otra orilla;

luego viene y me cuenta o, si no,

desaparece, se pierde en un suspiro y otra surge despacio para cubrir la ausencia de la sombra que somos mi bicicleta y yo.

Continúo pedaleando, ruedo vertiginoso,

me trago e pavimento de esta noche; luego miro el reloj: la una y quince. Me hundo lentamente por el paso a desnivel, desaparezco apenas, pero vuelvo a surgir del lado opuesto como si así espantara a una parvada de pájaros chillones y el mar, atrás, me fuera persiguiendo.

Finalmente, cansado, adolorido, me detengo a las puertas de la casa. Dejo la bicicleta en la cochera; reclino sus manubrios pensativos —el niquelado brillo de su acero— y mi propio cansancio de cara a la pared.

DESEO DE RAÍCES

dichoso el árbol que es apenas sensitivo

Rubén Darío

Esta mañana algo se detuvo y muy a pesar mío espero en un sillón, deseoso de raíces.

Quiero sentirme árbol no para dormir ni para morir menos

—bastaría con echar a la basura mi endeble filosofía de la vida— ; simplemente me duele la cabeza. A los árboles nunca les duele la cabeza, nada saben de mis antesalas en sillones cafés imitación cuero mientras contemplo la miseria azul de mis zapatos tenis.

Algún día

—sin embargo .

consumiré el pasillo.

Más vale no correr sobre su banda sin fin. (Por un tropiezo, el que temía bajarse de la cama saltó del piso diecinueve.)

Dejará de dolerme la cabeza y volveré a sentir calor o frío pero emociones no.

Terminará esta envidia de raíces donde el árbol espera para darse y yo para pedir.


PROVINCIAS

1

La luz, atravesando las arcadas, inaugura pasajes y descansa

como si se tendiera en la palma de la mano. Vengo de una ciudad donde es ciega la carne y las mujeres escuchan un frustrado caballo de madera en el triste crujir de sus camastros.

Despierto: las campanas volaron y su eco es un espíritu que avanza por encima de Dios.

2

No contemples a los perseguidores de una voz que fue suya;

no debes saber nunca que miraron tu afluente y se quedaron sin reflejo porque ese canto dibujaba un ritmo, un contorno de ola que descubre la cima donde siempre me dejan las palomas, me persiguen los niños y, al final de la plaza, tú me esperas.

Amiga, escribamos la historia de ese lugar que duerme en tu niñez, desanda el empedrado como si recogieras en tus ojos la humedad de las sombras. Olvida esas provincias que repudian tu huella.

No podría soportar que nuestro cuarto ya sólo fuera mío y los ruidos huyeran murmurando por la puerta entreabierta.

3

Cuando nosotros estamos separados

en las calles que renovó la lluvia camina la profunda figura de un viajero. Dormía en los asilos del monólogo —porque no hay otro nombre para esos callejones donde el frío es una forma de callar y herirse— y, en el umbral de una sonrisa cándida, relata los detalles de la autobiografía con un calor de sílabas tocadas como uvas o senos. No pregunta jamás si ego te absolvo. Y cuando se levanta, cuando nace sola, ciegamente, a caminar desnudo por las calles, va iluminando los callados sitios donde nos encontramos con esa luz de litoral propicio a las celebraciones.

Lo sabemos: ha llegado el momento de empezar otra vez.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


CORTÉS, LETICIA, (1980).

Y yo caeré

pero tu nombre

seguirá vibrando

Jorge Souza

SI RESPIRO TU NOMBRE

y canto el viento que son tus ojos.

Bebo el puerto que espera en tus manos. El corazón de raíz se dilata.

Me convierto en pájaros que habitan aeropuertos de entonces. Un matorral de aves en otoño. ¿Y si veo gritar el origen como se rompe una membrana o una piedra de árbol?

¿Y si aparezco en invierno

soldada a la jauría que es tu cuerpo? He intentado hacerme río, abrazar los confines de todo el universo. Peor no me alcanza la boca.

No me alcanzan los ojos enredados. Respiro la luz que anidan los secretos de los pájaros.

En el fuego del tiempo tu voz es un campo que arde

Coral Bracho

TU VOZ SE FILTRA EN EL CUERPO.

Desnudas las garzas vuelan dentro de la pupila. Un sólo parpadeo para saber lo escrito : en el fuego del tiempo tu voz es un campo que arde.

Solía ser felicidad infinita dictando templanzas de gloria. Un idioma tan preciso para saber lo que había que sentir. Trazábamos el tiempo con nuestros pies sobre la arena. Las manecillas se movían a nuestro ritmo. A veces éramos cama haciendo el amor. Un ruido lejano de madera crujiendo. Sábanas que de pronto caía y tu voz : ahora arde. En el cuerpo las llagas aparecen solo por el eco de la noche que me guarda. Solo por no haber tendido el corazón antes de tiempo. Me miro cansada y fría tratando de tomar un poco de tu voz para silenciarla Hay veces en el que ave se suicida cayéndose de un edificio: nada lo para.

El tener alas no te salva de la muerte

ACAECE LA TURBULENCIA.

El hábito por mantener sobres cerrados.

¿Seré avión herido? Y el vuelo

esfera rota de incendiado árbol. ¿Qué sucede cuando la nube logra dormita en el aire? ¿Qué?

cuando el aire se estremece,

nos hace temblar de pronto los cuerpos como una tonelada de fierros que sacude. ¿Qué sucede cuando nos olvidamos? ¿En qué lugar estar protegidos de la palabra? Del aguijón del centauro que habita entre tus piernas. El alma tiene mecanismos, engranajes del vuelo venturi, que el aire y la cima serían capaces de aniquilar. En la sala de espera uno termina de morir, porque después del vuelo las cosas lo miran a uno distinto. Porque la carne se abre, porque en el fondo hay un domingo que nunca se olvida, un día de octubre sin remedio, o suicidios que nunca se borran. Enfermedades que vuelven. Como aire vuelven.


PÁJARO

como diminuto avión. Cabeza ladeada.

Instantes robados del árbolaeropuerto que le pertenece a las nubes.

¿A dónde va todo el aire cuando muere? El canto del avión arrastra el cabello de las sirenas impertinentes que no han sido desterradas del cielo, que vuelan y buscan escarabajos con lágrimas de espiral, molusco de carta que te llamaba entonces… En el rito artificial el papel es un pedazo de carne cruda, un boleto de avión sin destino ni fecha fija de regreso. Cae el mundo y el contrapeso inventa un mar de árboles con frutos de concha nácar. Tengo plantados en los ojos el contorno de tu laringe, tu voz que terminaba de gemir a las cuatro de la madrugada. Tengo todavía un tictac enterrado en las costillas, una jaula de pájaros clavada en el corazón. Tu voz en el eco del terrible aeropuerto.


DE AGUINAGA, LUIS VICENTE, (1971).

DOS COCHES

Entre dos coches

acaso mal estacionados, o bien, o no me importa, paso apenas, ladeándome, y alcanzo el otro lado de la calle al alcanzarte a ti, que me llamabas

desde que no había coches, o calles, o no tendría por qué importarnos.

Dos coches. Bien o mal

habrá quien los encienda, los conduzca, se deje conducir sobre sus ruedas y llegue aquí, diciéndose: “Llegamos”.

                                                               Uno y otro llegaron tal vez juntos, juntos habrán salido de la misma casa o se habrán desprendido, hace un millón de años, de un mismo hierro primigenio. Por eso tan reunidos.

Por eso, junto a ti,

sin calle, o sí, o ya no me importa, espero que no dejes de llamarme.

Tomado de Anuario de poesía mexicana 2005.

PUNTO

Escribes una línea, o la trazas.

Viene después el término: escribes una orilla. El punto me lleva de regreso a lo que no eras tú, ni era un doble, ni podría ser lo mismo comenzar otra vez, porque nada comienza.

El punto es la disolución de las palabras. Y tú mismo lo inscribes. Un terminar más pronto que fuera demorándose, atrasando

este círculo repleto

y breve: su propio acabamiento.

Como los cuerpos que trabajan, y las manos grises, la cara igual que sucesiones de polvo.

Los cuerpos que se agotan consumándose.

Tomado de la revista Blanco Móvil No. 101. Primavera 2006.

Muestra de Poesía Mexicana 1964-1985.

DE FONZ, TANYA,

Y EL HOMBRE SE AGITA SOBRE SUS PROPIAS CARNES Mientras con un brazo amaga a su mujer Mientras con otro atenaza los de ella que revolotean Como mariposas presas Y con los dientes le golpea Con las manazas del delirio Con los desdenes del hombre contra el hombre Y se cree en una guerra Caballero de la mesa redonda Y se cree Alejandro y que toda la tierna tierra que domina Y es su mujer será Vine Vi y Vencí

Y con sus piernas patea el vientre inerte donde germinaba vida Hasta que sus ojos se llenan de lágrimas Al verse descubierto desnudo Porque no era un guerrero ni Arturo ni Alejandro Sino un tierno hombre que sobre su cama pobre Su piso pobre dejó los dientes vivos que le nacen al suelo Desde la desdentada boca de la tierna tierra que aún es su mujer.

(Carta para Marie Trintignant)

para Matilde

TE ROMPIERON CUATRO DIENTES HERMANA Te los tiraron

¿Será el hambre quien empujó a los brazos del amor con el golpe? Fue un hombre de izquierda hermana Quizá a ellos se les olvidó que también nosotras somos gente —Por la cual luchar— Se les olvidó que no es contra nosotras —Ni contra nadie— Donde deben dirigir la patada ni el sable ni pistola. Guárdate tus dientes, hermana, Como quien guarda su muerte.

(Carta para Marie Trintignant)

Para Tadeusz

SÍ ES POSIBLE LA HUMANIDAD DESPUÉS DE LA SOAH, TADEUSZ Sí que es posible con tus viejas hermosas Rosewicz Sí que es posible la humanidad después de Acteal Después de Hiroshima después del GULAG después de Irak Sí que la humanidad es posible mientras existas Mientras la flor palabra no se marchite Mientras los árboles y los niños sigan brotando de aldeas y ciudades Sí que es posible la humanidad querido Tadeusz porque la humanidad También es la Soah y antes y después

Porque la humanidad es también la sangre

Y Bulgakov ha dicho: donde la sangre cae allí crecen viñedos. Tan sólo es posible la humanidad y el humano Mientras exista el vino y pueda retrotraernos a los tiempos iniciales Donde a las mujeres los hombres nos arrastraban Entre todos nos comíamos y la moral ni la religión ni los sueños ni la muerte Existían.

De eso hace siglos tantos que ya nos olvidamos que un día empezamos Sobre la Tierra que aún no terminamos Y que la humanidad es posible mientras un humano sangriento cruel veraz Amable viejo hermosa silencioso pequeño gigante insincero o bocaza Exista.

Siempre la humanidad es posible después de antes de primero que último de Porque la humanidad es la caída de la gota silenciosa La gota primera donde la fuente se deshace y de allí nace El humano. La humanidad es una cuestión primera de dos Donde nace otro o más.

La humanidad está en la cama en el lecho de los jardines automóviles o pisos De allí crece y se vuelve menos o más humana Pero la humanidad es el nacimiento el abrir las piernas nacer en medio de sangre Cubiertos en sangre desmantelados en sangre Y lo primero es lo último, irse también en sangre, animales yertos Con ojos oblicuos mirando de nuevo a la humanidad.

El problema no es la Soah ni la guerra ni los delirios colectivos ensañados El problema es no darnos cuenta de cuánta sangre llevamos de cuánta saña La humanidad completa es el GOLEM. Una parte de nosotros accionó en la Soah Otra parte de nosotros reacciona ante la flor y la palabra.

Toda una parte de mí se conmueve ante tu CUENTO SOBRE LAS VIEJAS FEAS Mientras toda otra te responde: es posible la humanidad mientras poetas como tú existan.

(Desde el canto)

ESPALDA

A espaldas de Dios está el llanto imposible el llanto de la carne llanto a mitad de la espalda, llanto de nuestros costados llanto sin misticismo retraído, llanto de pies.

El cuerpo sangra la sangre de Dios al ser bebido. Sabor profuso y ajeno.

Llorar de los ojos del pez, color sin tierra.

Los caracoles se pierden en el ruido de Dios.

Poesía ponzoña, lunar abierto de Dios.

(Costado de Diosa)

CAMINO

I

Estalla lento, alumbra sentidos desprende frutos al viento arranca a piel nacida su aroma vulneran manos salvia paredes ensangrentadas.

El árbol dejó de ser oro para volverse carne

¡desgracia!

se mueve, utopía que renace.

II

Mis manos no quieren saber qué hilos mal zurcidos juntan el tiempo.

Si no en qué textura, color le han de bordar ahora:

plata y oro mango diluido, filo sin navaja.

La brillante letra creerá

haber existido siempre.

Bajo un sol cercano se colgarán los días

para traspasar sin sangrar lo delgado de los sueños.

III

El manglar aún no crece.

Vendrá la tierra a fecundar colores. Mis ojos brillarán de ciegos. Sabré que tiene olor el camino.

(Costado de Diosa)


DE LA MORA, RODRIGO, (1974).

TRASLUZ

  I

 

no hay noche tan real y oscura; ni es la oscuridad la noche. Digo la noche y es el claror de la tibieza.

vuelo, casa, mar: un collar de infinitas arenas te viste; desnudos tus ojos se me entregan y furtivos, en el rabiar amplio del mar, de la distancia descubierta; nazco en esa grieta y sudo tu ausencia. y es la bocanada el calor vital; hoy, desplendiente, el mundo es la señal y mi cuerpo tu acecho. rabiante el destino de tus ojos, persigues esa orilla, fugaz presencia, donde soy quien te espera. con mi voz, la clareza de verte germinando entre los ritmos del comienzo. cascabeles, arenas y piedras, el golpe poseído, la soltura que apacienta. estoy lejos y me embriaga tu destino. silencio: nada aclararía el colmo de un tiempo quieto. nada hallaría en sus casas vacías; tu nombre es la clareza.

 

• 

como es suficiente un sueño para que acampe un sueño, te logro, como el punto en que tus ojos yacen. gota del mar, bagaje muy ligero es vivir tu ensueño.

breve en la simpleza que anuncia tu sesgo. estás, estoy. y en tu cuello: es la certeza llamando; pendida tu cabeza.

 

• 

gracia de la noche: con tu nombre traspaso las historias; bienaventurada estancia de las horas en la dilución, en corte, y aun doliente, en calma de caminata vespertina. vengo del umbral del sur; provengo como una ausencia, desde la noche, hasta este mar de líquenes llegantes, anegados así de gases blandos, de estruendos; como aciertos de la inercia.

 

• 

mundo de arriba: tras tu cobijo el aire desplendía; desplendiente modo de callar. nudosa, riente inocencia amparándote en cada rumbo y en el viento rigiendo. tu nombre: cerniza.

 

• 

y cantilante como un cobijo de piedras, en medio estará su encaje: filos dispersos, extinguidos en el silencio eterno del viento; bocanada, aun el viento es tu respiro.

 

• 

porque extiende la pregunta el cielo: un horizonte. y la senda, el ramaje cintilando: la lámpara y la ciudad.

ventura del círculo que de ser y decir, de ser pronunciando su redondez, abarca: entender el rumbo, el tornar. la vida truena y es el estruendo, el silencio.

 

II

el tiempo es la imperiosa marca del desplazamiento. nuestros cuerpos viajan en la inercia de su crecimiento; bendita moldura que nos hace envejecer y gozar creciendo en nuestras uñas, desprendiéndose en pelo, secretando ensoñaciones desplendientes. la vida como anunciación de sí misma. como una eterna y dictante llegada al confín, al fin, al polvo. a la ululante única química.

 

● 

blando tiempo como un retoño en el que apenas logra percibirse el paso de los ciclos, el leve paso de los sueños, la breve vigilia; el día y la noche se consumen en el mismo hálito. suena el tallar de la memorias. cortas sorpresas que aguardaron su momento. brindaba como una palabra que fue su ventura. es esa ciencia la que habla, y el que actúa: su sino, su móvil, y tardadizo seguro cuerpo.

noche profunda como la vez misma, como pasos en esta presencia que se nombra casa viva, provisión sustentando.

voz del sutil sueño de los caminos destendidos. adonde llega la clareza, en donde encalla la quietud y torna a sombra la nudez sopesante: vino que añeja los años de la sed; a él tenderán los pasos; las rutas al desplendir su aliento. la luz que apagará su empalme, como hora precisada, como dirección dictada, llegada a cada sitio en cada cosa.

 

● 

como arena a mis pies y semillas a mi hambre, llego a ti en estas horas cansado, y hecho parte del horizonte. y llego como un vuelo a posarme y tirado, y vuelto piedra hacia ti: me entrego a las hierbas de tu sueño, de tu calma ceñida y húmeda, de tu sedante piel esclarecida.

 

● 

cada parpadeo es ahora la gota que crepita, que cintila en el mareo de una danza frente al fuego. oro por ti, y mi oración es la fiel descarnadura, la incrusta verdad para tomar el cielo devastado, el vasto confín en el que ahora duermes, bajo el peso de la ausencia y la vaguedad de un color extinto.

 

● 

en esta hora y en este aroma, intenso como hueso que se quiebra, como rama ardiendo y cierzo, en donde calcinada tu historia es esa melodía profunda y difusa, pendiente en esa gravedad de las cosas y su vencido equilibrio; es la noche tu ciego vestigio, tu suelto designio. y grave, en el anuncio de un cuento triste, triste en la gaviota simple y diestra, concierne como débil pero persistente llama, un anuncio, un sonar anclado a la noche universal; y sonando, cae la gota al círculo, al cíclico caer de las consignas, de las ciertas insinuaciones de la realidad. difusa, aún sinuosa y encendida causa del caudal de efervescencias siderales, cósmico cariz, simple y enunciado, en ondulantes y tenues proporciones.

 

● 

cae la noche y la espera ya es el viaje; la transposición y la vigilia: el rezo.  

● 

en la duración de este sueño amplio, en el empeño de un anhelo que subyace, descubro la agudeza de la espina, la vuelta de la canción. descifra tanta ansia el torcer de su hartura. y era amplio el eclís batiendo, piedra vencida, rueda acostada y suspicaz bocanada; el único, el llanto en la entera estancia. la estancia cabida. sensura tenida y en un labio tocante; luz, radiante parpadeo en el escape del viento, en la nebulosa volición de tus ojos abriendo. plantado en el tono de este amor vegetal, de esta lapa crepitante: la vina y la nublazón; estepas cansando el esplendor, la articulada línea, el danzado, humeante horizonte. vine a ver tus ojos, como cortes circulares que desde la madera miran, como vetas ondulantes, como quien nada en el aroma de maderas crecientes, como tú y el musgo, como la neblina y el pardo golpe de la ausencia, como la ascensión del humo, como el nodo entre la braza y el regazo.

 

● 

en la sutil sapiencia de las cosas y en el sin par abrirse de los rumbos. es esta hoja aludida, seca, yaciendo en el clamor de este signo entendido, y sobre su lástima, es su candor la estrechura. trocante fue la vida y es aún la ceniza la ardiente, a principio de ser fruto y ser silencio.

 

● 

si no es el signo de las manos la planta luminosa; luminante aldea de los ojos extensos, de la mirada que acredita, del inusitado sitio, vestigio, riel tendido y a tope: esta cima.

 

● 

porque la brisa nace al mirar las piedras; algo cercano a saciar la sed; siento la arena recorriéndome en silencio, extendiéndome su cuerpo, como el silencio en que mis pensamientos danzan azules y amarillos, donde el polvo rojo tiñe al aire que llueve desde cielo, es fácil ver que el humo es la llegada; ver a los hilos deshilarse en las burbujas de una pequeña ola, gorjear en las orillas, patinar en ese límite. habla el flote en las distancias que me llegan, habla el hundirse en cada punto, bajo mi sueño y en mi sueño; es una piedra desde hace tiempo pulida en un océano subacuático.

 

● 

si fuera la veta y asida como suspensa y dicha y encarnada la naranja piedra habitáramos; razón de plantas en los ojos, tragos de esa luz.

 

● 

¿cuántas veces deberé encontrar las palabras y decir los días y terminar y en ese juicio haber creído entregar juncos alados?: la viviente visión de mis años y decir mis años, y en mis manos detenerlos: palabra dicha, color quebrado y logrado de colores nuevos: mi vida hundida, mi vida yaciente, mi vida andante: junco que retorna.

 

III

conforme te alejas, la edad de tu infancia se vuelve cada vez más la misma. y deviniendo, tu mirada transborda paisajes en el resumidero de tus pupilas. hablar con las piedras es ya la nítida noción del golpe, y atinar a no caer en otros pasos, el único juego necesario. cada vez más el rostro original persistiendo, asido al miedo, común y hecho de la suma de miedos simples; conjugada esa mueca al fin y cosida por el brillo de la luz.

 

● 

cuando me acerco al mar, ¿a quién me acerco? Tal vez al reflejo de mis años, al vaivén de mi memoria y a la envoltura en cada ola de mi pensamiento y su deseo. pero si mis años son tan cortos, ¿qué es lo que veo tanto entre tantas ondulaciones, harta también su vasta dimensión? sustancia de astros tienen los astros, como corazonadas cada ola, cada golpe de mar sobre la superficie del cielo. vaivenes de mi piel, de mi pelo ondulante. me acerco más bien a ti, marca, marea, límite. cuando el viento me lo diga, desplegaré mi flotar: sobre tu vuelo haré mi acampe.

● 

cada imagen de la infancia repetida. cada blancura incrusta en la sed de la mirada y los parajes: haber hablado es un húmedo balbucir; es ya la seña que bebe.

 

IV

lo real de la fogata es la encina derribada; es la tierra yerma y el silencio suspirando.  

● 

negra dirección opalescente de tu madera, nuez mínima: tu aliento anega.  

● 

tu razón es azul: las ramas de tu aliento florecerán.  

● 

blandiente ceguera: los ojos de la sed ahora duermen. sueñan.  

● 

abrevo y es que soy el viento moteado de olas; tu laguna, la sed sedante, la clara agua.  

● 

el aire modela tu cuerpo: hija del aliento.  

● 

tu muriente paso aciega: magro clima del anhelo.  

● 

en el fuego te perdiste: el humo ya te anuncia.  

● 

como un volar sobre una estela, el giro es espiral.


DÍAZ ENCISO, ADRIANA, (1964).

SAN SALVADOR ATENCO

I. 

Pensamiento.

El río que corre subterráneo

las gotas de la fuente que se escapan

La sequía.

El lago de cristal. El puente.

La niña que se mira en el espejo. La hierba fragante de un camino.

Y ahora, ahora

la sequía, la tierra que se ahoga en la sangre desatada,

su aridez.

La violencia.

La tierra lejana que se acerca duplicada en el corazón endurecido minúsculo              guijarro

terrón de barro seco y rojo que se rompe a golpe y golpe —la violencia.

Pensamiento. Este río seco

este cauce abrasador en que camino.

Arriba los cielos infinitos. Arriba mi oración

deshilvanada.

Arriba lo que flota:

las nubes de algodón, los ángeles, las alas. Abajo la sequía.

Abajo, aquí, la sangre.

Los golpes.

Los golpes en el rostro en la columna

del más puro marfil que nos sostiene. Qué seca la fuente de palabras, qué endurecido este pedrusco rojo,

qué brutal

la sangre              su estallido en el rostro mudo de la pobreza.

Arriba, en la intocable luz, el humo

la forma liberada de un incendio. Que arda la tierra y se consuma que arda con esta piedra, Señor mío que roja y endurecida empequeñece huérfana de oración y de alabanza.

II. 

La rabia.

La roja rabia.

El cielo el cuenco rojo de la rabia. El grito que golpea el cristal

que no lo rompe

que regresa a la tierra. La astilla.

La astilla que se encaja. El llanto el río interior la sangre que hacia dentro llora

hacia el silencio.

Qué dios es el que llora esta sangre que corre qué dios el que lamenta el charco enlodado de la suerte la suerte de los pobres de la tierra.

¿Es el mismo dios que abre el día, su mar azul, cubriendo

el súbito silencio del calor, la paz de los insectos, el color incendiado de las flores?

¿El dios de la alfombra suave de pétalos caídos del durazno?


MÉXICO, SEPTIEMBRE, 1996

Una sombra avanza con voluntad inquebrantable; se acerca necia a ocultar el paraíso con el malsano aroma dulce de la muerte: sangre, llanto, pasos de hierro y la hierba doblándose bajo sus pies.

¿Importa si se llamaba mar, pureza azul, Puerto Escondido, las costas de Split, Alejandría? Era la joya incandescente en el centro del sueño. El oro y la turquesa. El otro cuerpo que crecía en tu cuerpo, que vencía tu piel cansada y pálida, su lento envejecer, con una piel viva color de arena, no más tu piel sino la piel de dioses: Felicidad, Deseo, Sabiduría. Con ese cuerpo poseías un cuerpo amado, con febril urgencia de habitar la vida pasajera, deslumbrante siempre, espectáculo soberbio, indescifrable hecho para la mirada. Sólo para dar fe y hundirte luego en el silencio poderoso y de temible belleza de los muertos.

Con tu cuerpo y tus sueños torturados ya por la amenaza protegías aquel cuerpo hecho de sol y de tus vísceras y con tu piel de otro aroma, otro deseo, otros aceites, conjurabas las armas del cobarde, la violencia del sueño. De nuevo te entregabas con tu amor a las visiones: la muerte digna del que habitó en el paraíso y descifró las escrituras del milagro.

Pero eran otros tiempos: ayer.

El tiempo sin tiempo de la Creación y el hombre inventando su diálogo balbuciente con Dios. Y ahora hay que ser ciegos para tocar la luz.

Para inventar el rostro dormido de Dios. El sueño inquieto y fugitivo de Dios.

Viste una tarde la belleza pasmosa de tus ojos, el retrato imposible de tus ojos igual que dos lunas ciegas, limpias y serenas con sus ríos de sangre colgando en medio de la noche. En el universo abstracto que sólo es noche, oscuridad, misterio y ahí la luz, tus ojos de un fulgor amarillento, la luna orlada de azul, la tierra, otros planetas y el momento final que pende sobre ella, promesa de liberar la tierra sin justicia.

Y tú, ciega ya, dormida,

avanzas entre el agua negra del vientre que te guarda luchando contra su densidad, la confusa memoria, contra el limo estancado del dolor para volver a tocar el cuerpo amado, rescatarlo del sueño exhausto que duerme cada noche junto a ti vencido por el temor, la incertidumbre, la violencia que huele desde la dulzura de la habitación en llamas

bajo la palmera en llamas, y ciega lo reconoces,

le hablas con la voz de este instinto perdiéndose en su origen, te abrazas a él, lo purificas: lo vuelves ciego, peces los dos de las oscuridades abisales buscando la luz que han creado ellos mismos para no exasperarse en la quietud mientras la encuentran, y van así, abrazados al sueño, al pasado poderoso que los nombra, a los amores esparcidos como confeti al cielo con su dolor y su pasión y su amargura, a la luz que aún confían exista en el vientre del mar y en el fondo cerrado del universo mientras la vida sigue su curso imperturbable, indiferente a la violencia, preñando los cuerpos amantes iluminados por la luz de sus deseos; los cuerpos ciegos.

Y avanzan todos

conformes con su fugacidad,

velando con el amor y la memoria la destrucción del paraíso, la escalofriante voz de la verdad, desde la selva, los muchos muertos que vieron antes, lejos y cerca y en sus lechos antes de quedarse ciegos para buscar la luz iluminados por las lunas majestuosas y opacas de sus ojos.

ANUNCIACIÓN

¿Dónde estás?, vuelvo a preguntarte. Y mi voz no debe ser lamento. No hemos de manchar la transparencia del aire, para escucharnos, para que el timbre cristalino de la voz atraviese el cielo y nos devuelva a la simple pureza de una calle, de un patio, un hogar. Es el Amor. Sus dedos largos van a reconfortarnos. Sedientos estamos de su tacto y tropezamos ciegos a la gloria del mundo.

Hoy es 24 de diciembre. Mesas llenas aún en la casa de la pobreza. Resuena la alegría en la calle con la voz alarmante de explosiones, destellos. Luego risas.

En este edificio no hay nadie más que yo, observada por los ojos de los gatos que se preguntan qué hago sola una noche como ésta, mientras los otros se funden en abrazos o se vuelven nada deslavados por su llanto, por los ausentes, por la amargura que muerde hace tanto que ya no recuerdan cómo era la luz sobre su rostro. Escucho deseos lanzados hace más de veinte años al aire por un cantor asesinado. Sé que estamos tú y yo abriéndonos paso con las uñas en un túnel de tinieblas, aire húmedo y frío donde no hay el rumor de una sola palabra que nos guíe. ¿Talismanes? No hay talismanes, sólo nuestro corazón, y sangra. Perdidos estamos tú y yo, pero no solos. Está el mundo, sangrante también. Y la guerra no ha terminado.

Quizá toda la calle, quizá toda la ciudad está desierta y no es verdad que nadie celebre nada. Quizá mi cuerpo se dobló esta tarde por efecto del silencio, y por eso tuve tanto miedo de abandonar el mundo: por miedo de sumar mi falta de palabras a la masa densa del silencio. No, esta noche sobre la tierra no celebramos nada. La tierra está cubierta de llanto y desconsuelo. Pero la esperanza es un ave necia y encaja sus garras en nuestro corazón, en el corazón blando de todos los hombres. No sé si también mi corazón lleva sus huellas. ¿Tengo esperanza? No lo sé. Esta tarde pareció cerrarse ante mí la amplitud del espacio. Vi sólo un muro negro y era mi destino. Atravesó mi pecho una lanza de plata y al volver la vista al cielo no había más que aire pardo. La ciudad mataba la esperanza misma del espacio infinito. Así que ignoro si me toca el aleteo febril del ave tenaz de la esperanza. Pero me duermen las caricias del ángel del amor. Creo verme en sus ojos y se diluye la negrura del muro frente a mí. Fue atroz el miedo de morir, expulsada del círculo de tu abrazo. No sé dónde estás, si vivo o muerto en la hondura de la raíz ardiente de tu pena. Pero me acariciaba él con esas manos blancas y fue tejiendo en el aire sucio una estela diáfana de luz; es imposible que no te toque ahora: ven, ven a mis brazos. Te estoy tomando entre mis brazos. Mi pecho débil se estremece todavía con los latidos de mi corazón; ellos han de darte calor esta noche, debes saber cuán sólida es la casa del amor que me sostiene aún contra los heraldos de la muerte, porque no he de dejar el mundo sin que vuelvas a atravesar el cristal de mi mirada, y si vuelvo a verte no abandonaré el mundo, porque el ángel nos cubrió siempre con su manto y dejó en mi mano una espada. Alrededor de esta columna no puede caerse el cielo, ni el mundo, la ciudad. Esta columna va a sostenernos y seguirá firme cuando haya terminado el llanto. No me abandones, digo. Yo no voy a abandonarte. Se cerrarán las llagas cuando vuelva la luz a los amplios espacios de esta casa; cuando vuelva tu cuerpo al lecho que guarda tu contorno; sanará el cuerpo, mi pecho estará lleno del aire más puro de la tierra. Estoy sola en la casa, el edificio, la calle, la ciudad, pero el cuerpo del ángel que esta noche me acaricia se desplaza, y aunque no deja de estrecharme entre sus brazos suaves, perfumados, está surcando el aire, ya te vislumbra desde lo alto de la bóveda, punto diminuto allá sobre la tierra, apesadumbrado pero tú mismo viendo el mundo con ojos invadidos de culpa y de nostalgia; ya se acerca, ya desciende, ya sopla en tus cabellos, ya levantas la vista y lo buscas en la fría quietud del cielo, ya lo sientes descender a tu lado, el suave peso de sus pies que no huellan la tierra junto a ti, ya toma tu rostro entre sus manos largas, ya lo vuelve hacia él, ya te besa en los labios, ya abre tus labios con su lengua ya te comunica mis palabras ya envuelve su aliento tu corazón, ya sus manos se cierran sobre él para sentir cómo palpita, cálido y vivo, milagroso: no una entraña nada más, sino el símbolo que ahora mismo está depositando entre mis manos, tu corazón sangrante que suavemente coloco sobre mi pecho. Cierro los ojos, tu corazón sangrante palpita caliente sobre mi pecho blanco y lo sana, ya no temo, ya no me falta el aire, ya mi cuerpo está hecho de luz y mi rostro es radiante y a través del aire nos tocamos con los ojos cerrados, todo mi cuerpo es tu cuerpo, somos un solo cuerpo tendido en las redes del cielo.

24 de diciembre, 1998

Publicados en el libro Estaciones, Colibrí, México, 2005.


POEMA

Es entre Dios y yo

la lenta disolución en este cielo la furia sosegada entre los dos los golpes contra el muro cristalino el firmamento helado el resplandor azul que más se aleja entre más lo interroga mi mirada.

Gracias, Señor, quisieran decir mis labios por la alabanza magnífica del día.

Gracias por la luz, diría, por los cristales helados de mis ojos que mudos la contemplan. Pero en mis labios no tiembla ni un murmullo atados como están con estos hilos de seda del invierno adormeciendo el alma.

No hablo yo con Dios, su nombre es la cifra prohibida en mi lenguaje. No paso de mí, de mi frontera.

No atravieso el cristal, no rompo el cielo cuando asciendo por el hilo azul de la mirada ahogada por el cuerpo, prisionera.

Desde que soy soy una boca muda sin canto sin oración sin alabanzas.

Si es un milagro el día soy del milagro. Si negra la noche soy negrura.

No como del plato de los ángeles,

no bebo de su vino, no soy convidada de esa mesa. Si me envuelve la luz la hago mi manto. Si el cielo me abandona

me derrumbo.


ENRIGUE, FANNY, (1976).

COMIENZAN MIS PALABRAS A SER CARNE dejan su vuelo gris para quedarse en el estómago.

cuál estruendo del día desborda mi sed por tantos cauces;

suenan piedras de río.

espero como una llama prolongada andar la calle. recuerdo haber visto este año brotar la primavera preguntarme a qué hora llegaría mi madre a desbaratar los hilos.

a qué hora llegaría yo.

protestan pájaros.

y es el viento sobre palmeras, la humedad en las nubes. son mis ojos que huyen del espejo.

LA LLAMA DEL TIEMPO HORMIGUEA EN MIS MANOS.

pasa todo y hiere estar aquí o en otro lado. cenizas de segundos se acumulan. esta distancia. los ojos, este viento, rompen algo, chocan.

quiero nombrar cada cosa en su aureola de sueño. espero que se derrumben los muros las bacías se conviertan en yelmos

 relumbren

y canten los batanes

canten para poner al desierto sus lindes. es tarde. sigo siendo una víspera.

SIN PODER SILENCIAR LOS DEMONIOS

a riesgo de que mis palabras salgan del cauce poético y mueran pisoteadas por los rebaños de la vulgaridad

a riesgo de verme en el espejo repitiendo en secreto lo que he dicho antes en voz alta

un poco tímida para pasear por los abismos sin la cautela de fingirme otra (parecida a mis propios deseos, tan parecida a la que un lunes se pone a errar en los recuerdos y reconstruye lo posible desde la máscara de la mesura)

tan poco (o tan) adicta a la culpa

para creer con firmeza en el cuchillo sin (con) filo del arrepentimiento

PUERTA CERRADA lluvia

con qué lengua encontrar los límites oscuros de mi cuerpo si la piel se ha tensado hasta el desequilibrio y no alcanzo ya mi propia sombra

me encuentro juntando cadáveres de pájaros muertos en agosto, certezas prostituyéndose en el burdel más barato, pero sólo la ausencia la carne y sus venganzas sólo contornos infinitos del deseo

de haberme dejado devorar por entero (limo a limo hasta la última fuga)

de no ocultar lo frágil al amparo de ceniza ni dejar al verano cuidado en los caminos de la lengua

cierra mi cuerpo fronteras

con la pesadez de una condena, de un olvido sin saber, sin poder callar cómo callar tu voz que se levanta y me dice “estoy cansado, otro lleve el tiempo la máscara otro se quede contigo”

canto a tu oído lleno de rocas las palabras se hunden a la orilla de la cama


FIGUEROA, SERGIO, (1964).

ASUNTO UNIVERSAL

Hoy el mar contiene Luna hinchada:

Espejo roto con una canica Dentro.

Mientras acá

en la madriguera universal la piel evoca gotas de sal y el caer incesante de una Luna interminable.

Tomado de Poetas de Tierra Adentro II.


GALEANA ACEVEDO, RAFAEL, (1971).

EL MUNDO ES TESTIGO DEL PARAÍSO QUE PERDEMOS A CADA INSTANTE

pero hay en la luz que viene del mar cierto brillo que nos permite ver las cosas como son las fuerzas invisibles de un pájaro en fuga la dulce lucha de una hoja que cae del cielo.

Algunos minutos de un día duran todo el año; una sonrisa amanece y oscurece mientras los giros de la tierra sobre las marcas de la vida nos arrebatan el aliento.

Aún así me detengo a la mitad de la calle por unos segundos por si acaso lo necesitas o tal vez más de mi sangre pero, lo sabemos bien, a todos nos basta de la tuya.

Somos testigos del mundo y de sus llamas ocultas. Todo es fuego, la mínima chispa basta para incendiarnos para recuperar lo perdido.

La risa entre los dos vale por todo lo creado. Esto es nuestra vida, este el paraíso:

los vasos de agua (de la sangre) compartidos una llamada a ciertas horas nuestra respiración suspendida entre las manos.

Pocos saben del mar que brama en tu corazón: seis litros de sangre, más o menos impulsados en un viaje de ida y vuelta en un minuto: la luz vital de setenta impulsos eléctricos.

La eternidad es un paso ciego entre dos latidos del corazón.

La dimensión de nuestra vida es un puño cerrado una eternidad entre dos latidos del corazón.

Tomado de Tierra de salamandras (2003).


GARCÍA CORAL, ROSALVA, (1970).

ANTES DEL PORVENIR

(FRAGMENTOS) SEGUNDO

                  No. Ninguna vez fui llamada. Me diste un nombre y soy el humo sin flama.

CUARTO

Voy esperando el arribo, la hora de la fuente,

el sigilo

que va brotando

del agua no escrita.

Silencio.

QUINTO

Cuando haya pasado pleno el mediodía, y un fuerte aguacero haya recorrido la sangre,

vendré de ti para habitarte.

Tomado de El manantial latente, (2002).


GIL, RUBÉN, (1972).

EL FUROR

(FRAGMENTOS)

disiparon los frutos de la tierra & un eclipse bautizó el altar

he

aquí

el cristianismo

● 

judas dijo

ayunaré barro truenos & hiel cuando un cisne arrastre mis besos entre los cálices & los estigmas de vuestra serpiente

Tomado de El furor, Guadalajara: Emprendedores Universitarios, 2005, XXI pp.

GONZÁLEZ, MARIO, (1963).

EL LLANTO DEL EQUINOCCIO

(FRAGMENTO)

II

El mar

                 el mar

                                 en mi destierro

                                                               tu voz es el mar

Tú estás en la noche clave de los planetas ningún sueño se detiene ni se impide

Tú estás como invencible ola en mi pecho y a la deriva me nombro viento lluvia de viento en aguas poseídas

Eres el sacrilegio de libertad que me convoca

Tomado de Tierra Adentro No. 80.


LOZA PÁIZ, JOSÉ DE JESÚS, (1961).

HA CANTADO EL GALLO

Jamás olvido que el miedo te pobló los ojos: que no supiste ver al viento con una declaración en su voz enronquecida.

A tu corazón le faltaron tormentas para inundar mis plazas.

Jamás olvido que la tarde danzaba una canción para tu vestido ciego ni que a tu sonrisa de agua comparecía la nieva.

Esta noche arde una vela en mi cerebro: Ha cantado el gallo:

¿En qué lugar de tu sombra enterraré la memoria?

Tomado de Poetas de Tierra Adentro II

ARADO A CAMPO TRAVIESA

Frente a ti, la página blanca, un silencio prenatal, una calma eucarística que no te atreves a interrumpir y, sin embargo, ronda tus sentidos un deseo muy fuerte de lanzarte al precipicio.

Parece fácil dentro de ese campo de batalla. Una catedral erigida durante el sueño que al despertar es un apretado laberinto de voces, navegación a ciegas, guerra del cerillo encendido contra el viento. Mas todo empieza a ocurrir de pronto, como si un pez eléctrico atrapara la punta de la madeja y desenredara el finísimo hilo que ata en tu cabeza todas las embarcaciones.


HALO, SOMBRA

Bebe un trago conmigo;

compartirnos es necesario.

En cada cuerpo la soledad correspondiente; en la mirada tuya y en la mirada mía, lo que somos.

La noche tiende horizontes de fuego como este vaso que implora luz para reflejarnos. Y tú al alcance de mi brazo, fruto de la fe que guardo bajo esta mesa sin mantel, alma sola en la palma de mi mano.

Dime tu nombre verdadero

y no serás más desconocida tú que yo.

PLEGARIA DEL BRACERO

Lluvia deshilada,

tierra mamando las tetas al cielo, alimaña, viento ensortijado, vuelo de halcón a través de la tristeza; arco iris extranjero, tarde llagada por el canto del búho, cruz de los que no arribaron más allá del deseo, corazones en la punta del asta;

en el límite de su amor cristalino, protéjanme del faro que hace palidecer a mi sombra.

Tomados de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


LUMBRERAS, ERNESTO, (1966).

HABLA UN MUERTO

En las rutas momentáneas de una gota de aceite abro los ojos. Empobrecido por la mañana, entre los perros de la canícula, reconozco la piedad. Aún cerca del polvo, mantengo el sol entre las costillas.

El ayuno de sal y agua me devuelve la imagen de un pavorreal absorto por las luciérnagas de un hacha afilándose. Renegado de los manteles extendidos para un día de campo, apetezco la emoción de la mantequilla y el relámpago alumbrándome en un movimiento de comensal con hambre de dos días.

Otro habla por mí, lengua de una sola vocal, aferrándome a sus ácidos. Con un crecimiento de uñas, las vísceras rotas, distingo la colina del cielo y la gravitación de sus pájaros.

Con una gota de semen en su salmodia, las hormigas parten de mí, hacia su noche de larvas.

ERMITA PARA UN ÁRBOL GENEALÓGICO

A

Entre campos de cebada resplandece su aguja. Muertos están mis muertos bajo la primavera de un goterón de lumbre. Un albañil de Puebla sin plomo de aguacero, hizo con levadura la oquedad de la ermita. Por la mañana reza entre puntos de incienso, una joven viuda con un rosario de agua de dolorosa música.

Limpio el vitral de Gólgota trepado a la escalera entre el vaho de Dios, alimento palomas con sílabas de arroyo, atisbo ser un hombre atento al sol de este árbol. Si el polizón de sombras esconde mi linterna, a traspiés por la noche cerraré todas las puertas. viejo soy bajo su fronda abrigado a su cielo y al terror de sus voces.

¿Quién teme encontrar su sombra dentro de una nuez, seducido por el cielo de un pozo de agua?

B

Noviembre es una hoguera con dos niños en torno de sus llamas. El otoño tiene algo de muchacha muerta. Miro la cruz sobre la cúpula y presiento un enjambre de abejas en mi espalda.

Cuido la muerte de otros. No me quejo, apaciguo la fiebre a los difuntos con vértigo de agua tras el salto de una rana. Reviento el mediodía en la siesta de quien habla dormido bajo un cielo sin nubes. Corto la hierba cada viernes después de tomar la hostia. Llamando a mis amigos a la mesa toco la campanilla noche a noche.

Al país del corazón, el manantial de mis fantasmas establece la ruta más cierta.

C

Con la música del cangrejo o la piedad de dos amigos mirando el sol caer al agua abro los ojos a mis muertos. Criado de un remordimiento rompo el cascarón, escarbo la luz lunar de su epitafio, limpio uno por uno sus huesos. Durante la noche conservo el cielo en un tazón de leche oyendo un chirrido de puerta. Apunto la hebra de sus ecos al corcho donde hinca el diente el perro guardián de mi verja.

(H E L E N A)

Ni humedad de bosque o fragor de duna. Una campana de incienso es su coño. Montarla de mediodía: labio asediado por flamas: ámbar tras la música. Sorbe un plantón de astillas. Lava mi glande en su ponzoña trémula. Ni humedad de bosque o fragor de duna. Su placer: hiel, alfileres, escarabajos. Se revuelca saturada de un corazón larvado. Montarla de noche: su rendija de boca de sapo: su landa de nenúfares: su oráculo que fuella. Hacerle llover en su claraboya rota. Mover los follajes.

LO QUE DIJERON LAS ESTRELLAS EN EL OJO DE UN SAPO

18

Te llamaré piedra de ámbar dentro de un vaso de agua. Ni salvación de ánimas en un huerto de granados. Ni noria de sapos azules. Desde antes de despertar tuve ese nombre, hecho con una alegría fácil como de campana a la hora del ángelus. Busqué una música de patio interior y un abanico de viaje largo para que al llamarte estuvieras aquí, sin haberte ido, despertando apenas con cara de haber soñado un jaguar abriendo a canal tu propio sueño. De algún modo así ya te llamabas, en la otra vida, sin que mis palabras te inventaran saliendo de la tina de baño y yo me encontrará ahí para decirte, te llamaré piedra de ámbar dentro de un vaso de agua.

19

(OZUMBA)

Subimos la montaña donde duermen, a pleno sol, los muertos. Como río turbio o mercado de domingo, el otoño cantaba su luz en nuestros ojos. Llevados por san Miguel Arcángel, la tarde que caía nos iluminaba por dentro. Entre aquellas tumbas, tu pie marcaba su rastro en un camino de arena que para el regreso ya no era un camino de arena. Yo tenía mi mano en tu mano. Tú tenías pensamientos de callar y muchos nombres de flores. Subimos la montaña buscando una aparición que ya no estaba: ¿un niño tocando un tambor?, ¿un perro orinando una piedra negra? ¿un templo sostenido por abejas? Cuando la realidad nos habla así, en el lenguaje de la poesía, me resulta embarazoso contrariarla, creerle la mitad, tirarla de loca. Yo tenía mi mano en tu mano. Tú tenías un corazón que deseaba dormir en la hierba. La realidad nos hablaba de esa forma, en ese camposanto mojado de polen, en esa iglesia que ya no estaría cuando abriéramos los ojos. Entonces, yo te hablé, abusando de la literatura, de la Antología de Spon River de Edgar Lee Master donde los difuntos de ese poblado del medio oeste norteamericano “todos, todos están durmiendo en la colina.” La belleza que sabe cortar hierba de anís estaba en tu rostro. Yo te miré hondo porque el dolor de la verdad es también lo bello de tu rostro. Luego callamos, callamos un silencio al que pudimos rotularle un verso que dijera: el amor es la luz que los muertos ven. Pero realmente no estábamos para escribir sino para presenciar, corpóreamente, el espíritu de la poesía.

DIÁFANO

En la hora gris del paisaje un hombre piensa y concluye:

el amor es un cristal. Por eso los ojos de su mujer

conservan el instante del agua. El amor es un cristal —repite— y ya el día se ha poblado de pájaros.

RESIDENTES DEL HUMO

Alguien tararea un corrido mexicano el agua que bebemos nos vislumbra

nuestro sueño se bifurca lentamente esquivando secoyas; la luna de zinc se extiende del suburbio de cristal a barrio mestizo. Soledad borrando nombres.

En el Colorado van nuestras guitarras la carta de Julio una postal regateada en español y algunos dólares;

nosotros no vamos, allá abajo el país se deshidrata —hace calor—.

Por ahora la noche gringa huele a whisky a cabellera rubia como una bandera de todos. La noche gringa es una carrera sin obstáculos un jonrón a bases llenas es rápida como hot dog en avenida y fresca como el viaje de Acapulco en el verano.

Sin embargo, la noche latina es una botella de angustia una prostituta negra pagada en coperacha un autogol en el primer minuto de juego.

 

COMERCIO NOCTURNO

1

Se duda de la sombra, amor del cuerpo. Tienes los pies calientes la llovizna te borra el sueño la noche te besa junto al lunar azul. Pides un cigarrillo, un trozo de metal una lámpara sin flama

a todo hombre pides un deseo no concedido mientras escuchas tu corazón a través de las vitrinas.

2

Ayer suspirabas por el hombre alto

había en tus ojos mariposas y arañas de humo además cantabas como si la tierra gruñera.

3

Cuando te das al insomnio

eres el toque entre la niebla y la noche. Entonces te preguntas más enferma que nunca con la voz líquida como una orilla con una entera preocupación que te cubre, que te hace inmensa lúcida para una batalla que no sabe de tu cuerpo.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


MARTS, ANTONIO, (1976).

RITO DE FERTILIDAD

Tendido a ras de tierra, bajo un árbol moribundo, cavar mi tumba Perder entre ramas y espinas mi destino Bajo de mí romperse hojas secas de un perenne otoño Echar raíces —los huesos son raíces— esperar

HOY ESTÁS SOLO SOLO SOLO

pasabas junto a ese cine escondido,

una película pospuesta, en espera del avance decidido a la penumbra. Era una sala vieja: olía a motel y soledad. Uno va al cine a esconderse a dejarse llevar por la película y llorar llorar o reír de cuando en cuando. Ahí en la sala, con la ausencia a derecha e izquierda, no queda nadie más y estamos sentados con el nudo en la garganta y los recuerdos a flor de ojo con el temblor que va de la mano al cuello inútil resistencia, lágrimas desbordadas mientras el suspiro se ahoga en un falso murmullo. Así se va el tiempo, así se abraza uno mismo y después: volver a esas calles tan lejanas y llueve, llueve, llueve

y pienso que no hay nadie más solo solo solo

 

ANTES DE ESTAR

1

Silencio, transparente mariposa —vuelo— hacia el crepúsculo.

2

El cielo

es transparente canto de la lluvia

3

En el jardín

—en donde el viento—, el limonero acumula azahares para el alma.

4

Poema:

construcción intuitiva; retorno hacia la primera mirada.

5

Las constelaciones: antiguas líneas de antiguas manos estelares.

10

El iluminado camina a oscuras, intuye, desea.

Al regresar: es otro.

12

Pensar en la palabra,

en el gran rito de la palabra, en la no-palabra: en el silencio.

13

En el jardín,

en el ardiente árbol, un colibrí deshojándose.

14

Canto,

el poema es canto: trance, retorno.

15

Busco en la palabra la simiente de mi ser, el origen, la libertad de un Principio.

21

El tiempo

es infinita madeja

que se enreda en la mirada.

27

Antes de estar escribía, Ahora escribo Y no estoy.

28

Lenguaje,

qué soledad tan vasta y rica.

32

La penumbra es abrasada: luz iridiscente, fuego.

32

Sangre

al centro del laberinto. Sístole y diástole, partitura de la villa.

34

Aguardo

el paso del tiempo santifico al tiempo, la espera.

35

La escritura

Se posa en una rama: canta

36

Amor,

maravilloso abismo,

nuevo piso donde termina el piso. —Caeremos juntos.

42

Una gota de agua, una seca gota de agua ahogada en el desierto de tu espalda.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1970-1979.php


MEDINA GUTIÉRREZ, LUIS, (1962).

IMPLORACIÓN

¿Dónde estás Madre de todas las cosas? las explosiones se escuchan desde los Balcanes hasta Colombia.

Bóreas pregunta y es rebasado por un avión. Bóreas pernocta en el fondo como un cangrejo herido, como un animal en celo.

¿Dónde estás Diosa de la Creación? Danza por encima de las cabezas Que se asoman por las ventanas.

Danza por encima del tizne del sol y de la luna, de los esqueletos en las azoteas, de las arenas con sus tortugas y ballenas muertas. Ízate como relámpago de la sima. Cura mi exutorio, suaviza mi arrastrado vientre, junto los desperdigados guijarros de mi cuerpo, como Quetzalcóatl juntó los huesos del hombre. Tállame con el calor de tus manos, con la deformidad de tus tobillos.

Pega tus ubres erectas en mis solitarias córneas, levántame de la vagina de sombras. Baja la punta de tu pie río Iliso, como el cisne con su pico hizo reír al inmutable espejo.

Baila, navega en puntas de coral,

por los ojos azules siempre abiertos del rey Egeo. Extiende el arco de tu pie donde alguna vez se acurrucaron los gorriones de mis besos, el empeine donde fueron empolladas las alas de Ícaro, el vientre como ribera de caña quemada, los muslos que sudaron el agua para la tierra de los hombres. Danza y llueve, apaga mi desierto peregrino, sosiega mi cola árida y ruidosa.

Danza sobre mi vista de perro triste y hambriento, enséñame la vid de Dionisios y el hueso de león donde la guarda, el ciervo herido por la flecha de Diana; enséñame el mar, con los flancos verdosos de Nereis, los tambores de la fuente y una lanza de luz en el talón del agua; enséñame el escondido pozo de la vida. Danza como Salomé que Juan el bautista expiró con su ombligo entre los párpados. Cercena mi aliento de zorro fugitivo detén mi carrera por el llano, mi furia de toro que embiste los caminos.

Dime,

dime qué huellas hacen tus pies en el vacío

que el hombre retorna de donde provino. ¡Fluye! ¡Gira! ¡Muévete sobre la herida abierta! Y abre, abre un abismo sobre el abismo de la tierra.

Tomado de Tierra Adentro. No. 80.


MONTIEL FIGUEIRAS, MAURICIO, (1968).

SEGUNDO PRELUDIO

En la costa norte,

en esa azul región donde el mar es palabra reventando contra el cielo,

suelta la música un huevo a mitad del polvo.

Y en su cascarón,

frágil envoltura de sonido, se advierte ya la insinuación de un pentagrama, la cadencia de unas uñas, la caligrafía trazada por bemoles

ponzoñosos como abejas.

Y el huevo se parte,

el huevo se agrieta, el huevo se abre en el alma de Honfleur, pueblo con mucho de rosa

y poco silencio.

Algo empieza a brotar del huevo. Algo más opaco que la magia, eterno como caracol.

Algo hondo cual semilla, terrible como mayo

en labios de una estatua.

GIMNOPEDIA NO. 2

(LENT ET TRISTE)

Cuentan los más sabios insomnes que en noches de luna llena crece un árbol, sauce tibio como piel, al fondo de la música. Cuentan también, con voz ebria del ajenjo destilado por el aire, que el árbol da frutos de luz, lámparas que se alimentan de un aceite fermentado entre doncellas. Que los frutos cargan en su centro un pentagrama, una nota cautelosa engendrada por el sueño que, descalzo, lejos huye. Que las notas son fragmentos de una lluvia ancestral, suave ciclón que no ha amainado desde el origen del insomnio. Que la lluvia de carmín se tiñe, espesa, que es sangre en las horas más amargas de la niebla, cuando un piano es quien se ahoga al sur de la vigilia.

Qué triste sauce aquel en que el insomne cifra su sabiduría. (Ciego, sedoso, es ahora como un ángel empeñando su blancura a las puertas de la sombra.) Qué intenso este quebranto del silencio, esta música fraguada en los frutos de la noche.

Qué extrañamente luminosa la sangre que derrama el piano de la lluvia.

GNÓSTICO NO. 4

(ENFOUISSEZ LE SON)

A José Ángel Valente

Alguien ha olvidado un ataúd al centro del otoño.

Alguien lo ha dejado a propósito allí para que otros lo encuentren, para que otros levanten su tapa bruñida y se pudran, cráneos antiguos.

En el ataúd, mudo espejo,

avanza el desorden de nubes y alas que alguien nombró aire al principio de los tiempos.

Nadie se acerca. Nada se mueve.

Es la tarde un ideal mausoleo para el mármol, para las sombras que ha sembrado la luz cual oscuras semillas.

Late el silencio, dorada corrupción.

Llama lenta en la absorta mirada del agua.

Y se abre el ataúd de golpe. Nada lo toca, nadie siquiera se atreve a rozarlo. Solamente se abre, largamente se abre y eructa:

boca sin fondo, hocico.

Comienza a brotar, saliva sepia, la música.

Empieza la música a babear con sus notas las horas, las hojas.

Nace la música:

Lázaro en pos de fantasmas y andrajos.

Todo se estremece.

Todo se derrumba en esta cripta de penumbras que es el día.

Se oxidan poco a poco los huesos de las aves, la sangre, las voces.

Al centro del otoño, bajo un féretro de ramas,

agoniza el último piano plantado por el sol.

PIEZA FRÍA NO. 6

Se cerrará el espacio entre nota y nota,

entre carámbano y carámbano. Se abrirán labios, heridas, icebergs a mitad del lenguaje. Se hablará con la voz de la penumbra, de los vidrios. El aire enmudecerá.

Helará dentro del piano de Satie,

continente de sombras, país en perpetua batalla contra el sol y el sonido,

territorio

donde agua y nieve copulan sin gemir.

Invierno:

patria paulatina del aturdimiento.

Estos poemas pertenecen al libro Oscuras palabras para escuchar a Satie (Universidad Autónoma Metropolitana, Colección Molinos de Viento, México, 1995)


UN OJO. OTRO OJO

Reposado. Señalado por las miradas, en boca de ciertos y ciertas. Como no queriendo tomar parte en el vuelo de los días: viendo, sí, cómo fracturar en dos partes las cosas.

Hay un paisaje con textura circunspecta:

dos tilos por marco, una pendiente que amarilla el cuadro.


MORA, MARTÍN, (1963).

Tomado de Poetas de Tierra Adentro II.


MORALES HERNÁNDEZ, ÁLVARO SALVADOR, (1963).

EL GRIFO

Se moría de ansias, de miedo, de amor y comenzó a devorarse

LA NOCIÓN

Nos tocó nacer dentro del caparazón de un aeroplano bebimos de la fuente que aguza antenas bailando el vals que carcomía ciudades entendemos al fin del mundo exactamente como un apagón de la luz

DE NECESIDAD

Eres tan necesaria como fabricar ladrillos como limpiar alcantarillas antes de la lluvia como sembrar árboles como los buenos días.

Eres obligatoria como llegar despierto al año dos mil como dormir la siesta en el trópico como un clavo para sacar otro clavo como pagar impuestos.

Eres tan fundamental como dominar el mapa de los espejismos como vagar por el alma antes de morir como beber cerveza en la playa como gastar el tiempo.

Tienes el largo perfecto de mis anhelos la risa enhiesta que alborota ciudades el fulgor incesante en la nocturnidad la medida necesaria de quien conoce olvidos.

Guardas el hálito vital que me intoxica las proporciones exactas de cuando soy tacto la textura donde apoyar un codo y conversar un aliento amable de café y cigarro.


DE LA CAMA

La cama tiene la voz cantante

puede contradecir mi concepto de éxtasis o armarme una fiesta para el alma.

Inventa complicidades morbosas con las manos pero sabe siempre cuando desaparecer.

Se cree dueña de la casa.

Puede ser causante de divorcios de malos y buenos entendidos de autoflagelaciones de lecciones de amor.

La cama es una réplica de la creación con cielo, infierno y especies acuáticas

Puede ser un documento de fe sin copias, ni testigos el espejo de transformaciones el paraje de la trascendencia un cepo de la inquisición un mar inmenso una mina un capelo una catapulta un ataúd un cajón vacío.

(La cama tiene memoria femenina por eso nadie le confía sus secretos.)

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


MORO, DORA, (1969).

DE TAL PALO

Y ¿qué quieres que te diga?

¿Que ya no de la resaca de errores rastreros?

¿Que casi alcanzo el iso nueve mil porque abrazo a mis hijos? ¿Que se me dan bien los modales de mantel largo?

¿Que ya no soy adicto al diccionario para escribir mis repotes seminales? Caducó el hambre, ya pasó el tiempo en que haciendo café, sembraba granos de respeto en la oficina. Tengo un despacho territorial, un horario de semepegalagana. ¿Qué quieres que te diga papá?

Conseguí a alguien que me lave los kilómetros autodespoblados y la satisfactoria soledad del éxito que me enseñaste.

CLARA BARTON

Con esa cosa que me atrae tanto

Eso que tengo yo por deshacerme con los relegados o los autistas, los malqueridos.

De cobijar a los raros, a los huérfanos de esposa.

La lástima por un hombre sin matrícula o el hijo pródigo. Con esta vocación de Clara Barton.

Esto de andar repartiendo el remedio y el trapito por si acaso, de arropar por sobre mi cercado a los disfuncionales, a los maricas, a los empedrecidos.

Después de incansable yunta, se despellejaron mis secretos, se me acabaron los platos y el condominio ya parece vecindad cubana. No hay terapia que alcance, pero me gusta, me gusta mucho.

RESIDUOS

Fantasía donde nosotros.

Oveja negra empalmando patito feo. Todo editado, alrededor nada.

Al final la verdad haciéndonos mierda.

DECRETO TERCER MILENIO

Hay que volverse impaciente por si la recua enfilada en las tiendas, despertarse en el estadio por si la cabeza y la pelota, obedecer a las almas por si las armas, por si las gotas del huracán parir a los que vengan.

Volverse preciso por los impuestos.

EN LO ESOTÉRICO HAY QUE VOLVERSE PAGANO.

Manejar con la diestra y la siniestra maldiciendo. Madrugar al noticiario por si la crisis, hablar dos idiomas por si el euro, por si la recua y el mitin andarse en atajos. Por si mañana el afore, por el sida, por si la bolsa, por los difuntos.

Alumbrar la sombra por si el secuestro, guardar amuletos por la de malas, cambiarnos el nombre si nos acosan.

Y por si el hambre arrecia a misa el domingo a misa el domingo

CREO EN DOS POR NECIO

Crucero de dos pisos, de dos matrimonios, de dos dedos de frente, de dos sueños acéfalos, de dos y más;

dedos y másmédula de dos mil seis.

Pero creo en dos y en dos busco

y en dos imagino la mesa, con su brilladero de risas,

de rutas clandestinas orladas de diamantes.

Creo en dos por necio, no por fe sino por una terca ilusión;

con los años se vuelve pequeña

con la mierda cotidiana enjuta sus aristas, ya me cabe entre el pulgar y el índice, la llevo en mi bolsillo como amuleto contra la línea recta.


ESCONDITE II

“Y yo era blanco y difícilmente contento en el mundo.

New Orleáns era un lugar para esconderse…”

Charles Bukowski

En la banqueta arruinada,

desde la altura de un hombre sentado, Tommy se mira las suelas.

El sax revuelto como el estómago en la muerte, el sax tan abollado como el patrimonio y la dignidad.

New Orleáns era un buen lugar para esconderse, pero a Tommy se le cayeron los muros;

bajo escombros los dedos, las comisuras.

El tap tap y el estado de gracia reverberan un silencio sostenido.

Después de Katrina

paseando sus piernas en medias de trampa de malla, sólo fruta, sólo agua, algo de pan a futuro. Algunos pueden salir de aquí, no saben que New Orleáns ES un estupendo lugar para esconderse.

Tommy se mira los sueños

“No saben que New Orleáns era un estupendo lugar para esconderse” Katrina lo supo.

PLAZA TERCER MILENIO

La cacofonía de candados y cerrojos guardaron mercancía y sospecha. Difuntas escaleras eléctricas abrieron su dentadura a taconazos disolventes del tumulto.

No se respeta el horario si el miedo al robo nuestra respiración única música ambiental.

Si el desamparo de los neones nos abandona ni Prada, ni Calvin Klein patrocinan seguridad.

Caducos letreros de emergencia

inútiles aspavientos de yo madre, yo mujer yo hombre, yo solo en un parque tercer milenio, donde sólo ahí, solo puedo huir de lo que temo.

Pero en esta noche la oscuridad me escupió entre puertas transparentes y entonces a mí, hijo;

a mí, empleado; a mí, guardia,

los diccionarios de todo el mundo me parecen inservibles

NARÓ, RODOLFO, (1967).

DECLARACIÓN DE FE

Sufro, con ese dolor tan grande,

Como si lo causara la muerte de mi madre. Hace cuántas flores que no te veo, Te espero, todo el día, desde ayer en la noche, Desde antes de que ayer oscureciera.

Yo quiero la libertad del que vive atado, Caminar cogido a tu falda como niño de tres años, Decirte frases ricas, jugosas para alimentarnos, Calientes para cuidarte de tu noche y su espanto. Las palabras que no te diga hoy Mañana te las iré silbando, Guárdamelas en tu oído, recuérdame repetir: Te amo tanto.

Arrúllame como huérfano de pecho Que mama anda buscando.

Mi casa aún es la tuya y tu cuerpo es mi palacio.

Quiero vivir contigo, ensartado, como la aguja en el ovillo Entre tus hilos, ser guía que amarre el botón de tus sentidos. Que vuelvas conmigo, que seas mi vientre y yo tu hijo, Llevarte a donde no conozco, a donde nunca fuimos, Y ahí decirte todo lo que ya te he dicho, Otra vez, los versos que aún no escribo.

Tomado de http://www.artepoetica.net/Rodolfo_Naro1.htm


NEPOTE, MÓNICA, (1970).

LAS CRIPTAS DERRAMAN sus voces No hay fuego

Sólo escribo en mis manos tu nombre Las sábanas son piel me envuelven crisálida de estrellas ¿Quién cree y pinta azul al olvido?

Tomado de Poetas de Tierra Adentro II.

PROSODIA DEL VINO

Alabanza y celebración se unen en la condición líquida.

Quizá porque desde la primera gota, en el perfume fermentado, un dios terrestre imaginó libación y doncella en un mismo odre. O porque los labios hundían el misterio en la corriente bermellón o por el cuerpo blando navegante en la dulzura.

¿Qué fue? La mirada transparente, el bailando de mano en mano, los rostros del azar o el humo que acompañó el canto de su gota. Al punto, los pies se deslizan por la forma roja, en un salón pleno de espejos, hasta encontrar el propio estupor y la belleza relativa. Los objetos flotan nuevos en ese orden sin par. Hay un légamo y una nube delicada se abre en ese sorbo.

Tomado de Anuario de poesía mexicana 2005.


NUNGARAY, ÁNGEL, (1968).

LA SED, LA FLECHA

(FRAGMENTOS)

1

Hay cielos más propicios que la sangre ;

Devastaciones más benignas que el espíritu ;

Vigilias ciegas como la sed del cuerpo (Ciega es la voz que participa En el plexilio y sus comarcas).

El cuerpo es el blanco ;

La sed, la flecha.

La aridez se reúne en la visión ;

La transparencia en la fortaleza del arco.

La velocidad de la sed Es directamente proporcional A la vigilia del cuerpo.

2

Existir es alejarse.

Cada verso

Me aleja de la pendiente,

La escritura establece Un diálogo ( un abismo) Entre el ser y su reflejo.

( Estoy interrumpiendo ese diálogo.)

Existir es alejarse.

La lejanía es el eje, Tan mutable Como la flama.

7

La vía permanece inalterable.

El desierto es el reflejo del manantial. El manantial se extingue, Está próximo el deslumbramiento, Próxima la vigilia del agua.

Soy el germen del desierto.

(El síntoma es un espejismo en la aridez Que atraviesa la córnea y el hálito Y se acerca intempestivo Como el auge del día.

Sigo el rastro del síntoma

Hasta los abrevaderos de la visión.

El síntoma medra

En su sistema inflexible.)

El desierto emerge Como la señal del canto Y la invisibilidad.

14

Ver es dejarse enceguecer Por lo mirado.

El auge de la luz

Es el abismo de la aridez.

El auge de la mirada se precipita Hacia el desierto de la visión.

El resplandor del espejismo Es una coartada del propio cuerpo.

El cuerpo es el eje de la visión Y la sed, su movimiento.

Ver es dejarse enceguecer Por lo mirado.


15

La noche es una región árida.

Al amanecer el manantial se abre, Es un ojo de múltiples pupilas.

El manantial emigra Retornando siempre A su centro.

Su transparencia Es el éxodo;

El territorio recorrido, La visión incesable.

( El ojo se abre, es un manantial De múltiples retornos.)

De noche

El manantial se cierra Para recuperar La sed de lo perdido.

Es la raíz nómada de la ceguedad.

19

El ojo es una isla

Cercada de la luminiscencia De los cuerpos Que se desplazan A la velocidad de la sed.

Ver es aislarse.

La órbita del ojo

Sigue el desplome de la vigilia Y atraviesa la nebulosa De la ceguedad.

Ver es aislarse, Retornar al exilio.

(

Cerrar los ojos Es reanudar La comunicación Con el manantial.

● 

Cerrar los ojos, Romper los diques.

21

La obra procede del hálito El hálito es el ojo del ser

El ser enceguece para tornarse vigía El vigía es la flama inalterable La flama se vincula a la visión del agua El agua avanza como la raíz de la vigilia La vigilia es el vértigo de la sed La sed circunda la semilla de la escritura La escritura es el núcleo de la obra La obra procede del hálito


OCARANZA, JORGE OCTAVIO, (1969).

CORTEZA SUAVE DE VERANO

Sobre montes de trébol el viento lame mi carne sales de coral y de la noche Este es mi canto cuerpo verde de agua Mis labios preguntan por un bosque en un sueño mis dedos rozan la humedad de tus hombros tu risa explota desde tu pecho medio río y medio noche cielo quieto de Samarcanda Te escucho llegar en cada puerta y ventana salta mi sangre

mi corazón se quema en la urna de los conjuros puerto de mar tu piel mojada en mis labios cómo será?

Te llamas Venecia como el bronce de tus caballos sacudes al despertar la sabana en la que duermes y con sencillez la atas como falda Olvidas que mi boca duerme en tus manos? En un sueño entras a mi cuerpo tus labios levantan a mi sangre Llanura no eres ni costa Aquea sino suspiro bajo la lluvia tierra de mar que nos abraza Cuando el sueño mueve mi respirar silvestre y geométrica me tomas senos y vértigo de Troya Naces para mostrar tus pies desnudos y me dices viento del olivar urna de las tebanas Mira mis ojos yo soy la colina de trébol y tu el árbol de los incendios Olvidas la noche cayendo por tus hombros? El tiempo nos pone en fuga En Altamira eres la cierva de muslos mesopotámicos Toco la antigüedad de los volcanes mis dedos fundan imperios en tu carne tus pechos son la corriente del viento que aguarda corteza suave de verano

POEMA DEL CUERPO Y LAS CIUDADES

La sangre me sabe a terrones de ciudad savia silenciosa de las piedras que encuentro adentro de mis huesos palabras que hacen el registro de tus ladrillos casas de barro para tu cuerpo de sol. De una orilla a otra entre los cantos y el ruido entre el amor y el horror tú eres vértigo-del-mundo pero te nombro marca-de-agua-en-el-espejo-de-una-fuente y cuando toco esa punta en un beso soy ciudad del temblor recinto de los ataques maldición que me carcome.

Mi sangre es el escombral de las casas huesos, cascotes, colinas de trébol marcadas por la memoria. Mi carne casa de casas Tell mineral bajo la noche rítmico templo de Karnak. Mi cuerpo tizón enterrado, espacio detrás de mis ojos.

Si fueras ciudad serías Roma, Tokio y los Ángeles California.

Tengo jardines bermejos y murallas. Mis labios polvo de estrellas.

Mojo mi vino en el tuyo. Un ángel toma nieve de tu corazón ebrio.

Corazón erguido y tenso cuerda aguda de guitarra ciudad tomada por asalto sellos, puertas, aldabas rotas. Tu corazón me arde basta nave frente al desierto.

Palabras que engordan mis huesos

taludes y murallas que ponen en fuga mi centro alrededor de tu nombre incendio de piel contra la piel.


AHORA PIENSO EN TU NOMBRE

Pienso en tu nombre, fiebre colgada en mi tacto,  y en tu mirada: paisaje,  caricia ácida que muerde.  

Tu pecho que se inflama en el cenit del pecho y que baja hacia el fondo del cielo como respirar de mar.

Agua distinta, tus ojos y mis ojos.

Miras el paisaje natural de un auto  y nombras el campo arado de una mesa.   Al mediodía sostienes el vuelo de las avispas.  Siento tu nombre en el borde mismo de mi tacto anclado de alfileres y de lava de temporal.  La lluvia escalda la redondez de mi saliva,  amanece, y rasgo de nuevo la angustia.  Pienso en tu nombre, columna alada,  habitación de las erguidas puertas y ventanas.  Mi pecho, lluvia en complicidad  que cae por las aristas del aire.   Llego a tu nombre, elegantemente convencida de que los árboles no llevan prisa.

POEMA DEL OGRO DE MANCHECOOL, UNA MAÑANA DE 1440

A Jacques Robichon, autor de Extraordinarias historias verídicas.

GILLES DE RAIS, MARISCAL DE FRANCIA, ESCUCHA tu sentencia sobre un banco de madera en la torre Negra de Nantes. Es una mañana de otoño, Gilles de Rais, Teniente General de Bretaña. Sal y divisa la pradera de Biesse en las orillas del río Loira, entona un salmo y alza la vista, que quizás encuentres el brillo acerado de una espada en las nubes. Tal vez nadie comprenderá la razón de tus actos. Dejas en testamento ciento cuarenta osamentas de primavera, plantadas en el césped de Anjou y Vendeé. Guilles de Rais, Caballero y Barón, aléjate de las mujeres y de los hombres de la tierra; mas pronto, sube al patíbulo y no le aceptes ayuda al verdugo. Tú crees en el amor, ata tu cuello con la soga y da un puntapié al escabel que te alza. Mas pronto, sobre el prado, tu cuerpo en el vacío frente a los puentes. El aire mueve tu cabellera azul y parece decirte que serás rescatado de la hoguera, que ya arde ante ti. Tu cuerpo conocerá trescientos años de paz en la iglesia de Notre-Dame-duCarmel, y cuando hecho polvo la revolución te disperse, tu nombre se secará, como una obscura flor de lis.


ORENDÁIN, JORGE, (1967).

SER TODAS LAS VOCES

Descubrir el sonido y darle un nombre, al nombre silenciarlo con palabras. Decir que somos aire entretejido en todo silencio de la ciudad.

Dividir el tiempo de nuestra vida, alimentarnos de fuego las manos, ser espacio del viaje, reír siempre, llenarse de nombres y ser espejo, ser otro dios, redescubrir el mundo, beber de todos los mares la lluvia, ser casa, río, pradera, tristeza. Destender el pensamiento, escuchar, ser todas las voces del universo.

LLAVE DE VIDALa vida es una llave oscura.

La llave abre la oscuridad de la vida.

La oscuridad es una llave para salir de la vida.

Todos abrimos la puerta con una llave oscura. La llave oscura no abre ventanas. Las ventanas no tienen oscuridad.

La oscuridad es una ventana para morir.

Pero todos entramos a lo más oscuro. Lo oscuro es para todos, es la claridad que nos abre puertas.

La claridad es oscura, abre puertas sin llaves.

La llave es una ventana

donde miramos puertas cerradas.

La puerta es una llave para mirar ventanas. La ventana es una puerta oscura.

La puerta oscura es nuestra ventana.

I have a key so I open the door and walk in.

It is dark and I walk in. It is darker and I walk in.

Mark Strand




CIPRÉSEl ciprés no recibe pájaros pero les señala la ruta de aire que su vuelo necesita.

Su lenguaje es vertical, su fruto, la quietud.

El ciprés sólo recibe la mirada del mundo

y algunas semillas de agua.


Con Roberto Juarroz


COLECCIONISTA DE SOMBRASLos coleccionistas andan por la vida en su intento constante de ordenar el mundo. Los hay que gustan de hojas de árboles, estampillas postales, llaveros, monedas, jarrones antiguos, pelos de gato, miniaturas, cartas nunca enviadas, corcholatas con futbolistas, rosarios, piedras de río, alas de mosca.

Ellos andan por todos los rincones de la ciudad. Se les mira conversar con extraños, forman asociaciones para discutir, intercambiar y presumirse sus cosas, entendibles sólo para el mundo que han construido.

El coleccionista es un desesperado en busca de algo que siempre le falta; siente que si no lo encuentra el mundo se dispersará y todo volverá al principio.

Todos deberíamos ser coleccionistas.

No importa el objeto, si es de este mundo o del otro.

Yo elijo desde este momento coleccionar sombras de árboles.

Las guardaré en la memoria todos los días. Si alguien piensa derribar uno hábleme con urgencia. Estaré puntual para recoger su sombra.

Prometo sembrarla en otro árbol, darle un pájaro, una raíz y agua de lluvia que algún poeta me regale.

A don José, el de Todos los nombres.




FUNDACIÓNEn la agonía del beso nace un mundo sin voz.

Dos alargan su lejanía, frontera del adiós.

El mundo, el beso:

dos que giran y sólo piden un mundo, un beso:

la fundación del otro.

OJO EN LLUVIA

Eres el ojo donde la lluvia

se protege de la oscuridad del cielo

Mil gotas descienden a tu cuerpo.

Herido el viento

no tiene palabras para abrazarte

Detrás de tu mirada la lluvia canta alabanzas al territorio de tu boca

Te miro desde mi desierto. Una gota de tu lluvia saciará mi geografía.

Soy el ojo que no cierra su latido

Si eres lluvia amaneceré sin distancia

     el cielo será mi lejanía

Cuando dos que se besan reinician la fundación del otro.

Malva Flores


Detrás de la lluvia, hay un ojo que no se cierra.

Homero Aridjis


OROZCO, ROSARIO, (1970).

SUEÑOS

Imagina mis piernas entre tus mejillas Escucho la belleza rítmica de tus versos Caminos de deseos La fuerza de tu vientre y de tu voz Burbujas de sentires

La palabra, hace la luz

Y eres Dios porque creas en mi imaginación Tu simiente nace entonces en mi mano Y eres Dios porque eres en mis versos que nacieron De tu existir.

En ausencia con abono imaginativo y a distancia Amiga y compañera Soy.

Nací con tu alma

Eres Dios porque vives en mí y te vienes conmigo Eres Dios porque recreas en la imaginación Te necesito como a Dios Todopoderoso porque recorres mis sentidos, mis caderas Senos, vientre, uñas y pies… toda mi materia, todo mi espíritu… Eres Dios Porque vives en mis desvelos, sueños de realidad.

(IMAGINA TÚ MI MANO EN LA TUYA)

Buscadores de placeres,

Refugio para las simetrías del alma Deseo Bálsamos de la existencia Nido de flores Pienso cuando expresas de besar mi sexo

si algo me sabes porque bien podría ser adoradora de Safo imagino nada más el sentirte en el lugar mismo de mis profundidades reparte delicadas sensaciones entre el debo tomar este caliz de lujuria o no, si parar o cortar, alimentar o pedir más, como tú, cuando dices Lengua y el querer y el saber. Siento no deber, no desear, no sentir y al mismo tiempo debo, deseo y siento, oscilo entre lo aprendido y lo desaprendido porque las represiones son de aquellos que las soportan, por los quinientos quince años de sometimiento y las culpas que tenemos tatuadas desde las primeras células.

Tu piensas deseo, cama, experiencia por mi parte deseo, no debo, si pudiera…CONJURACIÓN

Desvisto mi cuerpo para el canto, florece la noche, amanece el silencio,

regresa tu mástil a la vasija rosada de mi tierra, marcas el abismo de recuerdos, me habitas…

Podrá entonces crearse un día poco común mi lluvia salada parirá tu vientre, clamarás de amor, cabalgaremos animales rojos entre emociones de placer.

Luego libamos el canal de los pecados originales

para renacer entre serpientes celestiales en ese segundo conjuraremos la historia.


MISTERIO ENTRE GOZOS

Araré en tu piel los surcos del misterio sombras vacías de tus deseos calcino con remilgos la osadía de tus locuras abres el cierre para deslizarte más abajo de mi vientre.

Saciaré tu oído con delicadas palabras Lame, chupa, come, puta, coge asomarán esperanzas de lujuria, vislumbramos ilusiones ante espejos de placeres procuraré entonces sumar palabras a tus profanas ideas en la fuente misma de la vida, seremos solos inventando el placer en un sueño pecador.


ORTIZ LÓPEZ, ANGÉLICA, (1969).

SIGUES HABLANDO

Dices que ya no me quieres,

cuando tus ojos dicen lo contrario. Fueron tus ojos los que hablaron primero, por mí derramaron sus lágrimas.

Todos mentimos;

Cuando habla tu boca nada es cierto. Mi vista se fija bien en tus ojos, Cuando tratas de engañarme.

Hasta que tus ojos logren decir lo que tu boca, empezaré a creerte.

¡Qué importa! sigue hablando, sigue hablando…

M NAUSI

No digas nada, sólo abrázame,

no vaya a ser que tu voz despierte al sol, ahora que la noche nos cobija.

No tengas miedo, hermanita grandes; sí, tú mi Nausi.

La noche se desvanece pronto, hagámoslo ahora, ¡di que sí!

Deja que coloquemos el mismo xukuri, que ahí quiero tener mi semilla, ahí mismo quiero también poner mi flecha, que sólo creciendo así probaría de tu agua. Busco y persigo lo que tú sabes hacer, tú mi Nausi, mi hermanita grande, ¡di que sí!

Ahora ya somos uno bajo la noche, nuestra semilla está creciendo, en los días venideros lo habremos de cuidar, ya no tengas miedo tú mi Nausi.

Textos en su versión castellana y escritos también en la lengua huichol;

tomado de la revista papalotzi, No. 9, Junio del 2006.


ORTUÑO, ÁNGEL, (1969).

CANCIÓN

El pie sobre las cruces de la raya sin baile, dado de sí, canta:

Sobran días para el dibujo de la rueda. Crujir como una pila de platos el esqueleto de cualquier pianola, es antes.

Un collar

no es del color de tus mandíbulas sino -sóloantes.

Tomado de El manantial latente (2002).

BATEA DE BABAS

Ya sabes

lo que es. Ya lo escribieron desde el centro mismísimo, la médula.

El principio y el fin, dicen algunos

con una meritoria voz de bajo profundo.

Lástima de las barbas,

sucias y tiernamente chapuceras.

Las devolví recién a la tienda del mago...

—Prestidigitador...

No me salgas con eso. No me salgas.

Tomado de Cantera verde. Año 20. Diciembre 2007. No. 45.


PALACIOS, BERÓNICA, (1973).

LA LLUVIA Y LA LLOVIZNA

La llovizna es mujer suave y la lluvia, mujer independiente que se queda a todas horas.

La llovizna de noche es serenata arrulladora de almas.

La lluvia es amante exigente del día, de la noche, de la tierra, del pavimento y del vibrante arroyo donde el fluye el deseo.

No reclama una hora precisa para ser amada

-simplemente

baja y satisface la sed de cualquier amante.

La llovizna empalaga y molesta todo el tiempo. Es mujer suave, paciente piedad y dulzura chinga quedito.

No quiere pasar desapercibida.

Todo ella, despide un orden minúsculo, es esposa sumisa

que siempre esta lloriqueando. La lluvia, amante imperativa

despide besos de gotas dulces que acribillan el cuello,

la piel, el suelo.

Siente celos de saberse la segunda en ocupar el mismo cuerpo,

el mismo espacio,

el mismo sexo. Y llora fuerte

derriba árboles, casas

y hace zanjas en los recuerdos.

La llovizna es mujer atemorizada que baja y bebe sólo un sorbo de agua mientras que la lluvia baja

bebe bastante y se da entera

La lluvia moja todo

—con paso preciso, rápido, oscilante— Despide un brebaje erótico que el amante bebe satisfecho.

Embriaga como torrente cada escena, Impregna un olor afrodisíaco de húmedad y seduce al huésped cotidiano hastiado de un solo cuerpo. La llovizna barniza de letanías canciones de cuna consuela y arrulla nidos con su sinfonía melódica. Cuando amanece, la lluvia dejó su huella -entre piernas con olor a sexo-, en los techos, en las zanjas y pasó por el caño del olvidado

que respira

por su único ojo ciego.

Cuando el alba descubre su vuelo Ambas escamparon dejándolo temblar con sus recuerdos.

NOSTALGIAS

Mar

¿Qué dudas te impiden conocer su misterio? Es sólo mar.

Grande solitario que no deja de venirse

en olas incansables de estar... Para conocerlo un poco se ocupa un paso a cualquier ángulo de su adentro.

se llega a la sima, entonces

topas con un vientre preñado de silencio.

ALGÚN DÍA

Algún día escribiré un poema que se limite a husmear por tu cuerpo, Y cada verso será

un rosario de metáforas rodantes.

Plasmaré un poema que lama las frases llanas arcaicas y obsoletas para olvidar tu nombre. Borraré en un parpadeo el inútil espacio que nos separa.

Y recordaré, una inolvidable historia, cualesquiera —que está en mi cuaderno— Algún día, espero que nunca vuelva a encontrarlo.

LIENZO

Petrificada ante ti, se me desprende un suspiro.

Panteón de mudas tumbas que dicen mucho y nada, un nombre cualesquiera del amante, del amigo, del verdadero muerto.

Edifico en mi pensamiento

una tumba especial y oscura para este paisaje tétrico, barnizado de color pretérito. En un jardín de recuerdos alojo a cada uno de difuntos internos.

Sepulturas opacas y amarillentas del color exacto del rencor, color de olvido que eructa y carcome Un presente que adorna cada cripta de este cuadro que poco a poco está muriendo.

DEBERÍA PERO NO

I

Uno debería aprovechar la poesía, para hablar mal de la familia.

Ser feminista, burlarse un poco de Narciso y de Edipo.

Destrozar con ironías a los hombres: El que quiso pasar de listo,

el que te compartió algunos momentos de placer. El que consentía y te pegaba y odiabas a ratos

y amabas en la soledad de tu cama.

II

Uno debería utilizar la poesía:

Para hablar horrores de parientes mano larga, de injustos maestros, de malos padres y decisiones crueles.

También hablar mal de los amigos, y amantes de diminuta hombría . pero no, prefiero vomitar esta aspereza que como hiel destilo por los inútiles espacios de mis secreciones.

AMORES

¡Los amores cobardes no llegan a amores,

ni llegan a historias se quedan allí,

 y el recuerdo los puede matar!

Silvio Rodríguez

I

Amor:

Me torturas cuando estas tan ausente

y como huésped cotidiano te presentas en suspiros. Te ensueño en una historia y dueles. ¡Si amor! Dueles en la boca del estómago como punzadas de hambre.

II

¿Por qué no, sobre mí tu frívolo aliento? ¿Por qué no te escondes en mis adentro? ¿Por qué me buscas en eróticos sueños y te vienes en otros cuerpos?

III

¡Me hablas!

¿Por qué no te veo? ¡Me gritas! ¿Por qué ya no existes?

IV

Los amantes cobardes se lamentan en la soledad. El recuerdo vivifica las nostalgias del amarillento pretérito y la sangre las eructa y las recicla.

V

Cuán difícil es asir el canto de los grillos, encerrar una metáfora en un pequeño verso, o darle libertad a un sintagma fijo que le aterra la blancura del papel.

Cuan difícil es tajar el canto los sueños envueltos en nubes de malos versos, de minúsculas traiciones.

Cuán difícil es plasmar la alegría de la indígena que ha comprado zapatos nuevos en una tarde suicidio.

 Cuán difícil es aferrarse al amor que se extravió en el camino. Siglos atrás te esbocé en el dolor placentero casi estático de mi existencia.

Por décadas apareciste sin disfraces y eras sólo un punto barnizado de silencio. Los años dejaron su huella guardados en libros polvorientos. Y cada día llegabas, aspirando la fragancia de mi vientre empapado de deseo.

YA NO MÁS

La oreja no quiere saber de ti.

Ya se enfadó de mordiscos y enfadosos suspiros. La mano se cansó de tocar tu pequeña hombría. Y la boca sedienta de tu sexo ya se asqueó de besar un rostro invisible de ojos ausentes.

Ya no más quiero ver que tu sexo

se retira complacido llevándose en la memoria olores de mis adentros.

La lengua sedienta baja por el río de tu cuerpo quiere beber el agua de tu sexo embriagado de silencio. Y yo, ya no quiero ya no más por hoy, -cierro el librohasta otro día que alguien encienda la cicatriz de mi sexo abierto.

EL DOLOR

Uno de los tantos males me acosa, me perturba... Podría decir que me duele el pecho de desamor. Mentira...

Podría decir que esta madrugada me faltó el aire de tu aliento para no volver al sueño. Mentira.

 También, por qué no, que las flores nunca marchitan y que las lunas de octubre se apagan mas lentas en labios enamorados, la mera verdad,

es que suspiro en sueños y marchito como un lirio a la orilla del lago y un ramillete de pensamientos guardado en el viejo ropero.

Y vivo embriagada de secreciones que siempre florecen. La mera neta, es que siento piquetes de nostalgias pero no, en el pecho o en el corazón. Sino en la panza, Y allí en la boca del estómago las mariposas danzan y revolotean, y juegan y ríen y se aman y allí, florece el amor al hijo y al amante.

Ese es el lugar exacto, donde duele el amor.

PAZARÍN, VÍCTOR MANUEL, (1963).

LA CASA

En mi casa, en la casa que habito siempre, los atisbos de tu luz me tocan.

Miro, y en el mirar

me hundo —ilusorio borde de infinito.

En los poblados cerros, el viento una frontera. Y cuando digo casa, mi casa, me paro siempre en la oscuridad.

EL ÁRBOL, EL ANIMAL Y LA VOZ

Dar luz en la voz es la flor, es reposo que reposa en movimientos.

Alzarse hasta lo alto: descubrir que el cielo es el cielo y no tocarlo —verlo.

Madurar en la flor, hacia el fruto que comemos para después caer; y en el caer de nuevo el nacimiento —entre negro y morado.

Y cerrarse en seguida otra vez y otra vez.

Otra vez: ver en el armadillo —animal de eternos círculos— nuestra continuidad y compañía, ¿ajenas?

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


PLASCENCIA, HUGO, (1978).

DOCE CAMPANADAS

...vivimos todos en la ignorancia total, en la ciudad de la memoria. Borrada.

Enrique Lihn

Sonaron doce campanadas en el atrio de la incertidumbre. Por la mañana una mujer sin rostro no dará la cara en la maquila, habrá una persona menos en la población sordomuda de casas con ventanas miopes donde el mosaico del cielo no hace juego con la corona de lágrimas, azar en el desierto donde el único libre de culpa es el soplo que arroja la primera piedra, porque ya no es necesario carear la frontera para palpar la muerte.

EL TRAPECISTA

Cada cuerpo es un circo, separación del lastre eterno,

cuerda bifurcada como cordón umbilical que al = el recién nacido sucumbe el trapecista,

y

a

               r

                       o

                  t

                      o

nace el más perfecto de los sonidos...

                                                              el silencio.

 II

Fuente de rapsodas el centro de mi ciudad.

Soleil en la combustión de un circo:

los mimos meten mano a la ilusión en la explanada, gesticulan lágrimas de hollín sobre las plazas. En una esquina mujeres saltimbanquis izan las agujas contra la embestida del aire bajo faroles en el periférico de sus tetillas. En una buhardilla, un fakir lee las líneas de la palma de una gitana por el botín de la carne.

Clowns, de reinas desahuciadas por canícula, ensordecen el zumo de las risas en los autobuses.

En el ombligo, funámbulas bailarinas con el vientre abierto de artificio:

larga playa en el leotardo de sus hombros; mecen las raíces de los árboles con su silueta, árboles agotados de romper banquetas.

Una nube pasa,

como algodón de dulce o sueño,

y entre el público una niña lagrimea caramelo, y nadie sabe si es parte del perfomance.

III

En esta ciudad las casas

son una caravana de labios de ladrillo cosido. Las mujeres acuden al monte de piedad empeñan su timidez como quien simula una sonrisa por una piedra de fantasía sobre el asfalto. Otras oníricas y famélicas concurren en procesión al mercado donde la fidelidad se pone a prueba al paladear las vasijas de barro (con el oficio de arqueólogas) mitigan la ausencia mojada de sus hombres sobre el frío cuello de cántaro.

Los poetas como las prostitutas son universales, ambos duermen hasta la hora del almuerzo guardan en el crin del aullido la herida de una lengua virgen de unicornio y una larga e interminable resaca de vida en el traspatio de la noche anterior, tocan sus ojeras delicadas y envejecidas tempranamente con manos bruscas como la espina de una flor al tacto que despide silenciosa y tintineante una gota de mercurio sobre las venas, disfrazan su venganza de despecho cierran ventanas, tiran llaves y les ceden la hendidura de su cuerpo a otra soledad de cerradura donde el odio pide un rostro y una carne para ramificarse, hasta que el ocaso y la ceiba se confunden en el sedimento del día en el vértice de la reconciliación. A altas horas de la noche, cuando la oscuridad se afianza sobre las casas apretadas a nadie le queda duda un instante dura más que el obstinado invierno donde la ciudad cifrada se degusta como una amarga cosecha de vino.

Hasta que la música de los bares fallece y reencarnan las luces en el velado rostro de las fábricas y los cabarets. El final de la jornada se ha convertido en un ritual donde basta deslizar la mirada de a poco para ver desfilar por el reflejo de los escaparates balcones con gesto de ancianos, calles cansadas de mujeres duras que hace algún tiempo besaron a un joven poeta y olvidaron por una extraña razón al hijo en una puerta que no conocían con el pretexto de una botella de vino que ahora, a su vez, es una gota de mercurio sobre las venas que cala como el balance de los años donde no se alcanza a subastar la miseria en la que se ha bautizado este carnaval.


PLASCENCIA ÑOL, LEÓN, (1968).

HAY DEMASIADO NARANJA EN ESA TARDE DE INVIERNO

P. ej.: ¿has visto el cuadro de Rothko

que vi aquella mañana? Saltaba demasiado el iris por la luz.

Todo podía ser cierto. p.ej.: una carrera de caballos heridos, un desfile de cuadros excesivos, un yanqui en Nueva York, que no es lo mismo que un homeless en Madrás y esa rubia que se contonea en el televisor enseñando sus piernas largas (modelo). Está dicho:

el naranja en el cuadro de Rothko, son múltiples naranjas sobrepuestos, o mi mano en la madera y una astilla que cae y cae en cámara lenta al piso blanco. Aquí no ha pasado nada y hace frío. Una naranja podría no ser una naranja o:

1) dos mujeres desnudas

2) una imagen de Magritte

3) el humo de un cigarro reseco 4) un poema de Lowell 5) una naranja

¿Tú has visto ese cuadro del que hablo?

Quizá lo soñé, pero estoy seguro que sucedió hace poco, en invierno,

antes de leer a Libertilla. El árbol de Saussure.

Esta perplejidad es la conciencia. El miedo ejerce de pastor, pero no sabe más de ti que un animal absorto sobre el agua. Gamoneda.

Tomado de Anuario de poesía mexicana 2005 (2006).


BOCA DE IGUANAS

Cuatro caballos eran los ojos del caimán adormilado. Mi flaca lo vio quemarse al mediodía.

Un poco de agua y la instantánea para el recuerdo. Detengámonos un poco: la sonrisa de paloma, el cuerpo bronceado, las flores blancas sobre fondo negro.

Cuatro extranjeros por allá, un bar y la playa sola.

No había olas, sólo las caderas de mi flaca sumergidas en el agua.

Habité en el rojo, sentado sobre la arena. Nunca hubo castillos, viernes o lunes o toda la semana para repetir el aleteo de las gaviotas. Lo que más vero es el aire y la espalda de mi flaca alejándose desnuda en nado mariposa.

Fui mar y murmullo erecto a su regreso.

Extendí la toalla para cubrirla de un frío inexistente. Olfato y lengua: olfato sólo y nube para ser su párpado izquierdo.

Tomado de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004)


PUGLISI, MARIO Z. (1980).

AMOR QUE RESTITUYE EN SILENCIOSO

Hoy que no puedo hablar, callo plagado

de silencios coloridos

de fuegos artificiales que no hacen ruido. Y no puedo hablar

por que mi voz siguió tus pasos

 las huellas que tu tez morena

fue dejando en el aire apelmazado. Por que tenías el color de una tarde

de mayúsculo Octubre

y los ojos de la luna gris cuando comienza

 y una espalda infinita para mis ganas; eras un banco de azúcar exótica

tostada, morena y muy mía en cuyos poros nadaban cientos de microscópicas células amantes.

Y eras, insisto, tan dulce como la paz perecedera tan mía que hacíamos que todo tuviera

  la forma de tus ojos y el centeno

porque eras tan fácil de amar

              cuando tu llanto

     tan simple

cuando tu espera y voz

    las pocas veces de tu abrazo.

Por eso

perderte fue perder el cielo y borrar las nubes

y allanar los montes con tu muerte.

Esa muerte

silenciosa silente

   esa cosa que tiene vida que elige sin justicia y ejecuta;

esa muerte que no cabe en los libros

     que no descansa jamás

y muere muy pocas veces.

Esa muerte anacrónica y analfabeta terca en sus empresas

que se hizo tu dueña

y abusó de mi certeza

y mis presuntas ideas.

Hoy que no puedo hablar, callo plagado

de silencios anegados.

Con gusto hubiera usurpado

tu lugar en ese viaje

por que mi amor por ti es así,

eterno,

así, tan eterno que nació en la historia que se cuentan los océanos.

es e t e r n o (me falta espacio para lo eterno)

pero no para decirte que lo siento

Lo que me pesa es que

creer esta vez no fue suficiente

prender velas

devorar rosarios

creer en santos y aparejos tener fe de murciélago en espera rogar misericordia ajena perdón de algo jamás hecho

  suplicar por unas muertes más distantes así la muerte del que viola así la muerte del que roba con las manos y los dientes así la muerte del villano que merece aquella ley casi perfecta no tu muerte que no es más que una falla en el sistema a ti que sobre el mar flotabas

a ti que en la cama respirabas con la misma paz de las estrellas a ti que eras morena como el barro cuando se seca que el mayor de tus pecados fue esperar

las tardes en los trenes,

dejar la ducha abierta por el frío

existir para darme alivio;

y así, etérea,

nada me consuela.

Neruda me confesó ayer de los ocasos

y de ese momento cuando se desprenden

y confunden con la piel

pero el amor es más grande que eso,

todo lo abarca y todo lo detiene (ya lo descubrí, todo menos tu muerte). Y Lorca en la mañana me comentaba

de la luna que es otra cuando hay amantes que los posee dejándolos para siempre en silencio pero el amor es grande

es mucho más grande

convierte las curvas en líneas rectas

y el ajenjo en manantial de vida lerda.

       Entonces he apilado sus comentarios (de ellos y de más conocedores)

sobre mi mesa de algas

para que no vuelvan

a interrumpir mi desamparo.

  He mirado esta tarde el mar de acacias y nada me consuela

 porque te llevaste eso eso que te llevaste y que daba esencia y sublimaba

 mi materia.

Hace años que descubrí que tu amor tenía la estructura elemental del creacionismo

–que si no fue dios, por lo menos Eva estaba hecha a imagen y semejanza de tus fronteras–, que tu amor era un camino

    al que nunca conocí el destino,

  una artesanía adquirida

      y desecha por el impacto violento con la vida La suerte de los amantes dura poco

los dados llevan siempre la misma cantidad

de tragedia,

es con esta muerte la felicidad lo más lejano

a mis brazos

fue lo más fugaz

     lo más ajeno

que no me dio tiempo para reservarme algún aliento. Así que hoy que no puedo hablar, callo plagado

de silencios de la eternidad prestados.

 Hoy los minutos no tienen tiempo

y los sustantivos se volvieron en objetos

concretos;

hoy, ¿qué hay?

–no necesito decirlo tú lo sabes–

ya no hay nada,

y es una nada muy extraña una nada que entorpece lo morado que coagula la sangre y seca las venas que viene paso a pasito, despacito,

dejando también nadas en donde tocan sus dedos fríos. Y es una nada cobarde

que no me muestra su rostro y no contesta mis odios y reclamos. Por lo que a mí me toca

he liquidado la factura

espero leyes humanas y sus embargos

que arranquen de mí mis ojos

y dejen encostalados

mis cabellos

          y mis manos

que se lleven lo que tú dejaste en este aire apelmazado. En fin, , que solo he estado desde ese momento y ya no existe nadie que me acompañe.

  ¡Que se lo lleven todo piara de puercos! Ellos qué saben

que hasta mi voz siguió tus pasos

y me ha dejado así, tan jodidamente callado. Eres mi vida entera

negarlo es regresar a otros comienzos

y yo ya no puedo

      que no ves que nada me da consuelo se me ha acabado la soberbia, eras mi vida y muerte

y de las dos te quedaste con lo segundo; y roto aquello

aquel binomio,

aquel sinónimo de todo

me he quedado en esto esto que hoy estás viendo de naturaleza abstracta

más momentáneo que un pensamiento. Así que ya sabes

el ultimátum

hoy no puedo hablar, y callo plagado de silencios hasta hoy conquistados,

con tu muerte hasta hoy conquistados

Punto.

(Forma parte de Dos Triunfos y un Poema de Amor)

Y ÉRAMOS NOSOTROS

Recuerdo una vez más aquellas venias que mezclaban bajo soles de mayo. Llenaban horas y horas con una absoluta nada llenaban cuerpos, sales y miradas.

Sé, recuerdo un paso en tus cabellos el flotar de tus pechos sin mis pensamientos las cadenas en tus dientes.

Y éramos nosotros y era el mundo

y éramos unidos en campanas de cristales las sutiles rosas, los adverbios que llenaban una cama hecha de lienzo.

Y tomabas el pasado entre tus manos y fabricabas historias que yo narraba ensimismado y éramos nosotros y el presente y la misma luna nueva se atrapaba entrelazando y dejabas caer un corazón líquido y flotante y dejabas otra vez de dar adioses sin abrazos y llenaba de motivos, quinta esencia y seis sentidos y para ti siempre está presente mi futuro y tu presente diluido en mi pasado, mi futuro solo y tu presente en otro lado.

   Punto.

(Forma parte de El Final Siempre es Marcado por la Orilla)


SELECCIÓN Y PROLOGO

Hoy el camino hacia la montaña estaba solo las viandas apagadas las sonrisas más calladas;

nadie sospechaba de mi profundo amor por el crem bruleé y era muy común recargarme en las barandas a escuchar los soplos y llamadas

a inmolarme ahora que no hay nadie a dejar esas señales que el sexo no consuma al amor, joder que el amor consuma al sexo es por eso que este día regaré hasta las plantas de hule-espuma;

hoy la marea de piedras llevaba otro sentido el cielo gris ensombrecía mis calles las viandas frías las sonrisas devastadas nadie más dirá café ni huevos fritos y era aún más común encontrarse con Neruda caminando solo entre mis calles fisionando a los cristales dónde estará eso que hace de nuestras casas hogares dónde lo que da luz y sentido a la poesía, nunca más vuelvas a hacerlo, nunca más te vayas sin decir te quiero.

Punto.

(Forma parte de El Final Siempre es Marcado por la Orilla)

FUIMOS MENOS QUE DIOS.

Señor:

Apiádate de mi obsesión por los años perdidos.

De la tiránica actuación de los abusos, de mis abusos, de mi ceguera ante el alcohol que se escondía tras la sonrisa de aquellas dulces estatuas de sal de mis recuerdos;

de las palabras que me violaron de mi padre;

de los tempranos cansancios de mi madre.

Apiádate de mí

por haber perdido mis tiempos libres amando intensamente, en vez de haber odiado con reserva; apiádate de el dragón en que volé tantas noches de mi infancia; de la violencia de mi sangre;

de mis rezos;

de el amargo sabor de mis cantos; por haber hecho imposible a los demás que me amaran; por reclamarle al viento si por error me tocaba.

Apiádate de mis buenos ratos; de mi amor mal enfocado;

de mi respiración aún por estos días; de mi propio abecedario, de mi babel, mi calendario; de los latidos de este que no fue mi tiempo;

de mi olvido de mí mismo y de mi muerte por haberlos desvelado

a tantos seres ocultos en mis deseos; del metal candente que me obligó a olvidarte.

Apiádate del dolor que hice mi amante.

Perdóname a mí, y apiádate de esto en lo que hoy me has convertido.

       Punto.

(Forma parte de Una Misma Prosa Mortal)


RAMÍREZ, MAURICIO, (1966).

haciendo con el amor fantasmas...

Jaime Reyes

UNA SILUETA

(con pasos de azar

y las manos en los bolsillos donde una moneda pensativa podría validar algunos minutos) anda entre ecos de voces empañadas e insomnes sonidos de misteriosa nada. En titubeantes lapsos, llega a la vuelta de la insidia,

a un teléfono en obscuridad: acerca el signo de pesos a la ranura, en el tono de un timbre con esperanza: cinco, seis, nueve y no habla el tiempo cae y no sólo la voz se traslada:

como si estuvieran en esa cajita, toma descuidadosamente las palabras e inventa largas existencias enlazadas. Pero la opaca conversación ajena termina, de nuevo, en enfermo silencio y en aterido aviso de fantasmas en casa.

DESDE EL AVIÓN CON GRIPE EUROPEA

A Ángel Ortuño

Un mar totalmente enloquecido puras olas en pelea con precisa vista de saurio Detenidas

miles de hectáreas en nevada vuelven a ser nubes

Una manada de toros como las barbas de dios en estampida huyendo todatoda del mundo en el espacio

Un colchón para criaturas gigantes o su sangre lechosa o su baño de espuma o el simple estiércol estacionado en agua

ahora todo es tierra vil con huesos líquidos y adivinanza

la tierra son figuras humanas: frondosas negras bailando en grabado, gordas sentadas mirando sincrónicas, señorones dormidos y otros en guerra, grandes tribus sentadas fumando pipa de paz

luego orangutanes,

enrebozadas en rezo, nubes embarradas hechas gis y fantasmas puros fantasmas

PECAS

Pecas en la cara de tu capilla con tu andar íntimo

ante el gran público de bancas,

Manchas en la piedra bendita de limosna contoneando la alfombra que te lleva a recibir tu redondo premio, hipocresía y caricia:

ese algo que deja rezando puntos negros y despierta silencios,

ese desabrido ojo ciego que se rodea de lucecitas como la luna en noche de positivo repugnante,

y sabes que el acercamiento a tu cara, no está en tu nariz de chocolate, la gracia manchada avanza triste con inquietud.

Y una peca

y otra se santifica

en la hincadura prohibida de inconfundible (s)altar. Pecas:

salpicadas de gripe de Dios. Un hombre

que también tiene espalda de grafito, siente la sonrisa al saltarse la página.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


RODRÍGUEZ, SERGIO-JESÚS, (1967).

PLUMA

I

COMO una brújula perdida, gira en mitad de la nada: norte de ausencias.

¿De qué golondrina ha caído? ¿Qué desplumada nube lanza entintado su relámpago?

II

LA arrastra un soplo misterioso, trémula boga en lo blanco del sepia al negro, como follaje de árbol crece y jamás llega a la orilla, nuez rota que late en un río.

LENGUA

I

ENTRE el ardiente sol del cielo y el de esta escritura pálida mucho se pierde, como su calor matinal tirados en la playa, mas ganamos su alma sonora.

II

HÚMEDA y tibia teje el tiempo, sus frutos son las palabras, transparente árbol del más allá y del más acá, frontera de los besos, llama que salva o nos condena.

PIES

I

LA belleza es licor que embriaga, tus pies son raíces, pétalos y colibríes, cada paso andas sobre nubes, perfume inapresable tocas sin que nada te toque.

II

¿ACASO imprime el pez en agua sus nerviosos coletazos? El hombre, sí, y también la mujer descalza que el sol tuesta en la playa. Nuestra huella es la transparencia.

PERFUME

I

CRIATURA de ponzoña tersa ni medusa, ni diamante ni ceiba en llamas, dispara sus agujas ciegas y la luz es más luz

y la noche, noche estrellada.

[De Alhajas]

UN SONETO

DESCANSA ángel amargo del dolor, la noche es clara y sueña enfebrecida en lenguas que se dan en su embestida los bondadosos frutos del amor.

Como la transparencia de un licor hay caricias que muestran una herida, la ráfaga de luz desconocida que nos deja en el sexo su temblor.

Al mirar nuestro solitario ombligo vemos la ardiente soledad de un beso, la copa de ternura en la desgracia.

Por tanto, mi buen ángel estás preso justo a orillas del mundo, aquí, conmigo, donde la mutua entrega es una audacia.


LOS HIJOS DEL ESTUPOR

[FRAGMENTOS]

EN EL estupor del espejo que se asoma a las alcobas, el tálamo es de arena, los amantes de polvo, el amor una fragancia que gotea.

MAS entre tanto estupor la arena encierra un vasto corazón de dudas, unos dientes firmes y espaciados por la sífilis congénita, alguna paciente pupila que escudriña con su chillido de murciélago el torpe balbuceo de un niño que se explora en la noche cerrada ante una vidriera la cáscara de sus andrajos.

¡QUÉ vulnerables son bajo el cielo! Cuando un huérfano gime como un cordero de sus labios se desprenden las perlas súbitas del insomnio que al tocar suelo se incendian dejando a su paso una llamarada de ángeles, porque justo esa materia es la tinta predilecta para invocar la redención de los pecados o manufacturar elíxires propiciatorios del amor y la ternura.

ESTUPOR QUE nos quema la mirada en la vasta erosión de la palabra: los primogénitos perdidos en sus laberintos de escombro, bajo sábanas dulcísimas de periódicos que se trashojan, ahí donde la voz solidaria emite una imploración de perpetuas y substanciales texturas, las acibaradas mieles del perdón que se derraman con la llana e inexorable exactitud de una nube al caer en picada.

¡Oh, perpetua República del Espanto! ¡Oh!, si el dolor se petrificara en el cielo Dios caería por su propio y celestial peso de inconmovibles dictámenes sobre esta geografía de cenizas y llamas.

LO QUE ES DEL RÍO

TODOS saben que tengo el alma negra, todos, y es verdad, ¿por qué no?

En nosotros hay un río: somos un río. Toda frontera hacia el infierno —qué importa cuál, colinda con un río carnal, a veces su rostro es tierno y otras, monstruoso.

Yo soy el río negro, la negra mancha en la camisa, en el mantel, en el asfalto de la calle. Soy negro, profundamente negro…

¿MAR, RÍO?

¡BASTA! Quién eres tú y tú, y yo: quién rayos somos...

Somos más que nosotros...

Somos Yo haciéndose pedazos en las palabras. La Transparencia inunda todo. Nos une el lodo Nos une la locura del verbo Nos une un ombligo acerbo Somos negrura… Esos que pregonan el misterio detrás del mis terio, en verdad que nada saben. El misterio es claridad y transparencia; de nada sirve ocultar a nuestros ojos lo que es diáfano, ni siquiera nos interesa. Si bien el mar pro fundo es obscuro, no es menos cristalino y los peces que lo habitan a su modo «ven». Estamos ciegos por elección. No te hace falta despertar: estás despierto. Sólo mira en torno, aprende a ver, la Transparencia hablará contigo...

[De «Alma negra», fragmentos]


RODRÍGUEZ, XITLALITL, (1982).

SIRVO MIS OJOS AL ESPEJO

que ventila una habitación sin muebles para nombrar este hueco de ciudad desde mi cuerpo de palabra no dicha.

No hay nada al alcance de un tropiezo

o de un descanso matinal que me sostenga la memoria del sueño. La luz ya no es luz es un rastro de cortina enredado en la madeja de mis pasos.

El suelo es blando, las puertas se fueron en desbandada. En esta casa vivo como lluvia en barco de papel.

Y sin embargo, ando a tientas porque cada noche me asomo al espejo y lo escucho repleto de rostros usados, del contorno del verano sobre el follaje de la cama,

de las hojas, del cabello furioso, de estos ojos que sin querer lo habitan.

http://laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/2007/08/xitllitl-rodrguez.html


SÁNCHEZ, JOSÉ EUGENIO, (1965).

DECORACIÓN

una canastilla de huevos sobre el escritorio el cepillo en la cortina en el cojín un gato

la tapa del ventilador junto a la máquina junto a una toalla bajo el cenicero la ropa en el respaldo de la silla tú en mi cama la lluvia afuera todo está en orden

BALADA PARA DESAYUNAR

quien fuera marlon brando en el último tanto en parís tan cínico tan aturdido por los trenes

quién fuera él para escuchar:

es obvio que sólo un hijo de puta

un bendito trozo de mierda que simula pensar y hablar se puede enamorar de mí pero te amo cabrón no te mereces más

quién montado en maría schneider metido en esa fruta despeinada de escandaloso olor a mantequilla

el resto

ya no importa

Tomados de Eco de voces. Generación poética de los sesentas. (2004).


SANDOMINGO, KARLA, (1970).

ÁRBOL

El aire no termina

crece en arruga pedazo a pedazo sin días ni brazos que lo anuden.

Voy a darle sal, arena agua salina y arenosa

de ésa que se estira en el rostro solitario andamio de memoria que se estaciona como nido y le vuelan las alas, las raíces.

Anclado

hasta que la raíz

alcance una de las ramas

diluirse con la tierra habitada por el mar abajo sin sal, sin caracola, sin océano abajo sin raíz, sin rama, siendo árbol

todo árbol.

SILLONES

Son tres y se miran de frente siempre tres

unos a otros se contemplan mugre y lodo.

En medio la mesa desahoga un poco el espacio pero se sostienen solos pesados en el silencio de su vastedad. Nada saben el uno del otro se saben desde los demás que descansan su viaje sobre ellos. Pero se ignoran.

Desconocen de qué están hechos si la negrura es parte de su cuerpo o si son las horas y los meses los que pasan.

No son infelices pero no sienten.

Uno logra mirar hacia fuera por la ventana pero odia su paisaje repetido,

el otro mira siempre el muro carcomido en naranjas esperaría cambiar de sitio, mirar por la ventana; el tercero mira hacia la cocina, quisiera dejar su pesadez, su vida sola y ponerse a elaborar, él sí podría, con la sopa que nunca le sale a la muchacha triste que mira la olla una y otra vez y no puede con el guiso.

CUARTO DE NIÑOS

Mis dos hijos

se ponen anteojos de ciego hacen que no ven corren por los pasillos los brazos por delante.

Y la estufa está allí con la llama encendida.

No sé qué hacer con los niños me miran como a una fotografía como foto de un billete de carne y fósforo.

Y si la estufa abierta de horno y fogata extinta hablara con su lumbre.

Nada sé de los niños que se queman la carne sus dedos se aproximan para conocer el fuego.

Mis dos hijos

nunca se han quemado bien necesiten un poco para saber que es cierto

que el incendio está en cada esquina de la habitación .

MESA

Quiero hornear pan ser una mujer ordinaria decir vete que te quiero vete y en sollozos dejarte ir

pero no

me entretengo en lavabos y en el instante voy tras la planta riego el patio voy vengo hago análisis de ventanas y molduras soy como una cocina desahuciada llena de panes tristes empacados lacios que se vuelven duros de tan airosos

y llena de hijos sólo dos pero tantos

cada noche quiero amasarles pan pero sólo extiendo platos de cartón y ofrezco mesas de plástico.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php

SEPÚLVEDA, ARNULFO, (1964).

SIETE MOTIVOS

Una diminuta flama que baila ante la estampilla de un santo

Una mesa de orillas golpeadas y su cara de vidrio

Una desesperación que ya no cabe en las bolsas Un olor a cigarro que abraza por completo la lengua Una incertidumbre acechando en la esquina Un lápiz perdiendo estatura en la hoja Un borrador nunca llegado a poema

GALOPES DE CRÁNEO

Hay veces

que huyo de mí

Del secreto sonido que los libros emanan desde el estante

De la palabra que busca la punta sin encontrarse a sí misma

De un lápiz que grita angustiado sin el perdón de la goma

Los huesos me calzo lamidos de tedio y me lustro la cara

Ya los ojos lavados con arana de cirios

Ya el cabello alisado con ceniza de un santo

Ya con las ganas todas

de jalar la palanca y volver a lo mismo Al jinete de alcohol que me galopa en las llanuras del cráneo Al piojo que baila incansable en el corral de la frente

Al hombre que tres risas en la cartera se guarda dudoso de todo gastar en sólo una tarde

Con el eco rasgado en el tedio siempre huyo a lo diario

La semana en el perchero La risa más agradable es aquella a la que nos entregamos a costa de nuestros enemigos

SÓFOCLES

Cerrar el párpado ante el libro en turno para con el otro salir en busca de lo mismo Quitamos la semana sudorosa y flácida colgarla en el perchero Tirar algunos pocos pesos en la bolsa que nunca tuvo fondos listos a ser devorados por el timbre de la registradora Improvisar una larga y apretada mesa y saludar a uno que otro amigo con el pómulo fruncido por el temor de no saber su nombre Mientras el cigarro desmorona su estatura y el ron agota su paciencia cuenta nos damos con el tedio embarrado al rostro mientras lentamente la mesa se deshoja que casi siempre al final queda lo mismo

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


SOLÓRZANO, LAURA, (1961).

(DELONIX REGIA)

El árbol ha muerto

El tronco ha vivido y ha muerto Las hojas han caído en el polvo Las ramas sudan Las sombras de las ramas y la luz (La luz del árbol) La flor de la luz sin árbol Las emociones arbóreas Las explosiones ávidas, las ramas Emotivas se quiebran Va un árbol a pie como un muerto Con un susurro de zombi Va un cadáver superfluo, verde Como un cadáver vivo, sin raíz El árbol baja del viento La voz viene del vértigo No hay luz como la fronda Ni fuga como el verbo El verbo viene del árbol.

(RÁFAGA)

AHORA ME CUBRO DE PORQUÉS INSATISFECHOS, de preguntas de gancho. Todo el lirio, todo el suelo es un surco activo. Una luna clara, una calva insomne, una lupa sigilosa en la botella del doblez. La inconsecuencia que no puedes comprender, es llamarada de mayo. El sol te marca, te abre al sonreír en eses, en círculos cercanos al fin de la gravitación. Ahora te cubro y te llamo y me quejo en canicas desatadas en la mesa, me lleno de cubrir, me lleno de caber, me inundo rítmicamente como péndulo de inhalación, y deseo la duda que desea su dádiva en secreto y es un desliz improductivo sonando como curva, gritando en la campana, deshaciéndose en el ruido como una reverberación mullida en la malla, malla mía, mente de melcocha y esta máquina.

POEMA MATINAL:

ABRE EL CUARTO Y DAME PAN DE ESTAR en cada migaja esparcida. Dame cuerpo intenso, supremo poder de nombrar este dedo. Febril empeño y corporal intento que marcha queriendo abrir el ojo, más allá de estar quieta. Ojo limado por letras y convertido en palabra de aumento: palabra de ver todo el espejo rompiéndose, regresando el destello que abre, que se da en la boca como un pan vivo de otras muertes, vivo y gustativo hasta la plenitud de todas las vísceras.

POEMA DEL HABLA:

CABALGA LA VOZ. ESCUCHO LOS ALIENTOS, la salivación. Escucho el flujo rápido de las vocales y consonantes, los remolinos sonoros de la sangre, la coagulación que suscita un estado de pausa, momentáneo arresto para experimentar la corriente de palabras rotando, destituyendo viejas oraciones, arañando el silencio para penetrar, incidir con palancas renovadas la boca ambigua y poco a poco avanzar con cada letra al acercamiento, central de los significados, casualmente dotados de ingobernable equilibrio.

NOCTURNO:

INNUMERABLES NOCHES PASARON POR MÍ. Con tenaz ímpetu atravesaban la terraza desde la cual yo sentía el terciopelo de su ferocidad. Acampé en el lado opuesto de las medias verdades. Extendí mi coraza inconclusa y me tendí debajo del sol, de los ríos que el sol gastaba en poseer mi cuerpo. “Ábrete muerte a este rayo” me dije “haz de mi sitio un tragaluz”. Con todo el ojo contemplé la ceguera del valle. La realidad de un claroscuro, siempre cambiante. Palabras de ambivalencia externaron mi fragilidad. Comenzó, sin poder precisar cómo, la búsqueda de la sombra. Empezó a bullir en mi alma un deseo oscuro. Deseo que sólo brilla en la noche, resguardado y magnificado, por el veloz racimo de las estrellas.

(CANCIÓN)

ESTABA AL TANTO, tímida y tuya, tanto tiempo de turbia abierta.

Esta silueta es un perderse del entierro que tapa sin ninguna tensión los tímpanos, hermanos del tecleo que no se puede obstruir. Yo estaba al tanto y tenía de todo en el toldo.

Tenía esta cosa sin terreno que parece triturar cuando se abre el telón. Por ti transitaba, en ti mi fragua era un temblor atento.

Iba y venía como si no fuera por la voz, esta valla de vellosidades efímeras.

Luego, seguía tuya en la silla, en la mesa demolida por los codos encajados como ramas por debajo, de paso siempre, bajo su albergue grato y gutural, yo indefinía aún más la espesura. Abierta en el ojo, abierta en la mesa de mácula (que no cesa de extender su seducción de aorta) yo era tímida, un yoyo, una ciruela de cirios desencontrados y los corazones apretaban de manera turbia en la abierta.

Tomado de http://www.fomentar.com/Jalisco/Antologia/1960-1969.php


TELLO, NERI, (1978).

SANTA CLOUSES DARKYS

vamos venga tómalo todo tómalo todo

soy un pobre trabajador mediocre con sueldo mediocre vamos venga tómalo todo tómalo todo es cierto que no somos ángeles pero yo he visto santa clouses darky bebiendo en las calles riendo tan abiertos como una sandía partida pero vamos nena que estoy tratando de rescatar la luna que los santa clouses darky están aspirando como si fuera piedra con sus narices llenas de nieve anda tómalo todo tómalo todo que hoy no haré fiesta los que somos estamos aturdidamente enfadados los que fuimos estamos cocamente deshechos los que seremos estamos enyerbadamente angustiados y ninguno de los que soy te vamos a coger fuck nuestra mother si alguno lo hace tómalo antes que los santa clouses darky hurguen en lo que quede que hoy no hay nada que festejar y estamos gastados que no he fumado marihuana ni consumido coca

que no tengo y que nunca tendré

que estoy en la cama y no quiero levantarme vamos nena tómalo todo tómalo todo tómalo ahora anda desvístete y úntatelo siéntelo acarícialo disfrútalo vamos nena tómalo todo tómalo todo

LOCO FRED

nada la barranca en colores flourecentes y obscenos mira al loco de Fred pintándose los testículos de mundo ha coleccionado ratas de la barranca groovy los colores se combinan como

un juego de manos sobre la mujer desnuda

todos bailamos y festejamos sobre la barranca groovy y el loco de Fred fuma y fuma marihuana y no deja de reírse la barranca groovy azul-amarillo-naraja los enanos pasan en contingencia de enanos inflados como globos que pasan en contingencia de globos comidos como manzanas y las manzanas son los senos de la quinceañera que resbala desnuda sobre mi lengua

en la barranca groovy el loco de Fred es monje

y nunca dicta normas porque apenas si puede recitar una palabra lo único que pide es mota y mas mota y mota le pinta sus labios de color groovy

y todos festejamos desnudos alrededor de la fogata

invocamos y reímos y reímos

a carcajada abierta como chapulines retroactivos como lunas radioactivas como órganos rotativos y el loco de Fred es un loco y un monje tibetano y es un armadillo y un pinacate y es un ojo el loco de Fred el loco de Fred y todos desnudos festejamos

UNA MUCHACHA VESTIDA DE ROJO

una muchacha de cuerpo rojo parada en la esquina así de simple, sin mayor trascendencia que la simpleza natural cómo te mando flaca una postal sobre la mujer que no conozco sin decirte que en Zimbawe y en Marruecos no hay una chica de rojo es que a veces no quiero pensar en las pendejadas que escribo hoy por ejemplo flaca hay una chica de rojo que me roza y camina hacia mi los ojos internos se domestican y la cola de caballo se deshace el pito se me hincha y tu pensarás que soy un idiota debes reclamarme que soy un reverendo idiota sería feliz como una pluma de huevo que cree fervientemente en el absurdismo y es por eso que todos me entienden porque todos entienden que el entendimiento está muy tendido y sí flaca mis palabras llegan huecas como cal a las manos y las parten porque están demasiadas llenas de blanco y aun así me vuelven viajero, o un turista intelectual al que le pagan todo al que le pagan por ver una chica de rojo mientras pienso flaca cómo serías si fueras completamente de rojo, de piel rojo

RETRATOS DELIVING LA VIDA HARDCORE

a Echaury

como perros y gatos abandonados y perdidos tirados en la acera con las tripas al aire

Mala Leche

i

convergemos en el mismo punto con las medidas exactas y sus exigencias (tengo que quitarme la careta sin asustarme de mi) nadie y absolutamente nadie afirmaría que existo si alguien se parara frente a mi le diría lo siento mucho en garabatos le presumiría mis desarticulaciones de loqueras momentáneas con desalenguajes: tengo la fortuna de contar conmigo las ideas mas profundas, pensamientos, teorías reducidas a fonemas el mago vino a reclamar su magia que fue robada yo sé que cualquiera me hace daño me toman como loco, ciego asústese de mi tenga un poco de cordura o de razón -marche por la puerta trasera ya hizo un poco de capital y tiene para viajar por el mundotome esto con la seriedad absoluta que tiene una lógica convencional como la que no hablamos: el ahora se hace presente en el hoy y yo bajo ese principio me alimento de lo abstracto para que no genere sombra

ii

CONFESIONES DE UN ZOMBI

cuando voy por las calles recuerdo a los que murieron tío Tom, la abuela y hasta ducky se que habrán de resucitar yo resucité 365 veces gustaba morirme los fines de semana arruinar los super bowls finales de soccer y dos que tres mundiales a los que me ven se pasan de largo

a la gente no le gusta los que resucitan demasiado piensan que nuestra existencia lleva una gran condena no es así

la ultima vez que reencarné fui Hittler

iii

sonideros: la vieja canción se hace presente toma otros ángulos y sentidos el músico toca como si realmente alguien disfrutara vuelve a cantar la misma tragedia esta historia la vivió mi padre y mi abuelo esa rumba ya la bailaron mi madre se hizo esposa y mi abuela no paró en recriminarle la música era exactamente la misma ¡oh no¡ no seré quién lleve el compás de esta pieza ni el músico

iv

hay mucho que decir que las palabras llegan como plomo nos dejan al ras de la lona cuando regresamos de la inconciencia la realidad se manifiesta en el cuerpo no sabemos donde nos duele mas el corazón es un viejo boxeador callejero que está recibiendo su último gancho ya no puede defenderse sabe que el golpe es al hígado y ya no puede cubrir la retaguardia

v

las noches en cualquier cuarto de hotel de segunda son ruidosas hay navajas, sexo, marihuana las administradoras venden cocaína

 ¿ha olido esos cuartos y ha dejado su vida a la suerte por 30 minutos? le pregunto porque ningún cuerdo lo haría aquí todos somos topos y mendigos

PLAY DEAD

1

detrás de las palabras Amanda abre sus piernas e inyecta muerte el cuarto es como el vientre de la puta: desquebrajado, sucio y lacerado siento culpa de revolcarme en tanta inmundicia abre las piernas y el depredador hipnotiza a su presa tengo miedo que mi sangre se vaya y no quede una gota que sirva de haber fallado y sea un pellejo con conciencia cuéntame Amanda qué pasó estoy aterrado con los dientes que me clavaste te creo cuando dices que asesinaste a tu padrastro cuando dices que te metieron a punta de vergazos las sombras te creo cuando dices...

hay una violencia en ti y estoy aterrado la muerte sale de tu vientre y no veré el sur, ni mis lágrimas hechas poblados

2

hay que jugar con la muerte Amanda y dejar nuestro cuerpo en ceniza dejar la luz para que el monstruo debajo de la cama no salga hay que tejer paredes y ablandar la tierra el monstruo de los dientes largos vendrá por la noche y temo que venga y me clave sus colmillos no dejen que apague la luz que las puertas se cierren y abra su hocico me quiere devorar, me quiere quitar y soy tierra y no quiero ser tierra y tengo miedo de ser tierra mañana amaneceré en el sueño de la ceniza mañana no será mañana mañana no será mañana mañana no habrá mañana el proceso se la ha comido el proceso aterra el proceso me está consumiendo el proceso me está pidiendo mi carne y soy demasiado cobarde y egoísta para dársela

3

¿a que hora dejaremos el frío?

¿a que hora nos pondremos los zapatos, la corbata, el celular, la camisa besaremos a los hijos que no tendremos haremos el amor y rezaremos cuentas y saldos? hoy no vendrá la muerte

dormiré sin luz y dejará que sueñe no vendrá y no tengo que pensar en las horas caminaré con mis pantuflas y sentiré viento estoy ganándole al tiempo hoy el tiempo se entiempa en mi tiempo no pienso apago la luz y duermo

4

qué manera de dejar en un cuarto lo nuestro, lo que somos

vivir la angustia como un pobre pendejo que puede ser engañado, manipulado abierto y arcaico qué manera de ver la miseria en un cuarto voy a llorar lo que debí llorar nada cambiara cuando lo haga las miserias me están ahogando y es difícil pedir auxilio el humo está encerrado en paredes ¡cuántas veces se ha hecho el hombre como la suma de errores y putazos! quién vendrá esta noche a fornicar ¿no sientes Amanda cuando eres violada? tus piernas ¿ya no te responden? ¿quién te hizo esto?

 yo fui hasta cierto punto cuando dejé que me robaras para que te abrieras de piernas hoy la culpa no deja que esté tranquilo debí simplemente llorar lo que tenía que llorar debí tan solo decir lo que me había dolido lo que duele y las espinas

5

no debo morir así, no puedo morirse así es cierto Amanda que ya abriste tus piernas y en medio de ellas está la muerte sólo quería saber que es tener la miseria en cima pero todo se propaga y no hay posibilidades tenía miedo que me enterraran una navaja que leyeras las cartas y supieras por qué lloran mis ojos en los tuyos no lágrimas hay coraje y fuego una armadura y una pistola a punto de disparar hoy la bala se entierra y se aloja en mi cuerpo cuándo pusiste dentadura a tu vagina cuándo te hiciste virgen feroz y terrible cuándo abriste las piernas por vez primera te golpearon el vientre con puños te golpearon el vientre de una patada hasta extirparte los ovarios te dieron la mañana para guiarla de blanco porque en tus labios hay pureza y sombras que buscan quitar golpes y matar Amanda: ¿quién eres? una virgen drogadicta

LA CERVEZA ACOMPAÑA LA SOLEDAD MONSTRUOSA DE SER HOMBRE en las cantinas los trapos viejos que beben mucho y fuman soy yo y yo soy la otra mitad de una historia que no tiene por qué ser contada soy en la medida de mis sombras como un lobo mal parido. La muerte o las muertes en esta ciudad de ciudades decadentes abren sus ojos para burlarse y yo me burlo de mí, le debo a la desesperanza lo que soy, lo que tienen mis ojos son sus imágenes pornográficas, con ellas y en ellas padezco aún más la soledad de las calles que buscan lo que no encuentran y encuentran tan sólo la puta más generosa:

una rivera dentro un rostro quemado, como un nido cálido donde se apaciguan las tormentas: ¿qué soy? los secretos no vienen como respuesta, sino que violentan una niña muerta y abandonada::::::::::

—admito que la condena debería ser repartida entre todos, todos fornicamos con la puta y hasta ella misma estuvo sodomizándoseseñor policía claro que fui la pieza clave para que esto sucediera pero dígame señor juez ¿qué hice? porque yo sé que también usted es culpable y todos somos, los presentes son culpables, lo que sucede es que nadie acepta lo que corresponde de escoria, de mierda, o ¿preguntó a su madre si fue concebido y engendrado con todo el amor que profesa?

ahora señor juez, señor policía, al término del acto estaré muerto, y lo hablo

porque duelen las ausencias y los errores que cometimos: asesinaron los corazones más cálidos: asesinamos el cielo y lo pintamos para que nadie supiera lo que

hicimos con el futuro que no era nuestro

yo en otra vida fui esclavo

ahora entiendo también que las otras vidas no existen cuando quiero escupir traigo a mi mente su cara:

los semáforos se ponen en siga, los autos arrancan los motores voy veloz, tomo las curvas procurando no chocar de lleno este concepto de libertad lo adquirí del joven fresa, del hombre rosa-amarillo, procuro no imitar, sólo sentir el aire violento por las ventanillas escuchar música veloz, el hit parede, como lo dice una filosofía por vender y a seguir: yo señor juez le pongo la pistola en la frente:

¡PUM!

con el estallido las mareas suben, y el ahogado bailando

da el espectáculo más hermoso, sólo yo, las gaviotas y los peces que no se escondieron de los pelícanos lo observamos. Tengo un alma sensible y me conmueve lloraré sin tener ningún remordimiento, cuando llegue a la bahía le prenderé fuego alrededor de la fogata bailaremos desnudos, ustedes también señor juez y señor policía bailaran, hay una pistola y siempre habrá una pistola para hermanarnos siempre habrá siglos que no repriman, ahora mírela a ella baila para que usted toque sus senos, para que hunda sus dedos en su vagina ¡CUIDADO con meter toda la mano o la cabeza! ella es una vampira roja, una mujer cálidamente fría, arropada con las manos que la visten y los ojos que desnudan: se baña con la saliva que la estremece ella no los desea, sólo desea la lengua jugueteando en las cicatrices, en las arrugas, en la boca reconstruida con hebras resistentes y sus manos femeninas quieren manos femeninas, un poco de coca

y un beso que funda los cuerpos por un instante, solo el instante de la bala que ingresa al cuerpo:

PUM

el cuerpo se llena de calor, todos ardemos y bailamos al mismo tiempo las plantas de los pies se hacen tierra, y la tierra descompone lo inservible: ¿qué pasa señor juez, tiene miedo? es normal porque se ha permitido soñar con la cabeza de la victima, se ha permitido soñar en la noche cuando llega a la cama y besa a su esposa, y no le comenta nada de lo sucedido cuando llega a casa, señor policía abre el refrigerador, toma una cerveza y enciende un cigarro las imágenes que recrea es el felatio de la puta, el chico del macanazo y sus quejidos, el vomito con sangre, y la risa maquiavélica, el entorno gris de que pide suplicio; la noche es la triste máscara con la que maquillamos nuestro rostro.


TORRES, ALEJANDRINA, (1969).

ESCARABAJO NOCTURNO

(FRAGMENTO)Las hormigas han vuelto a mi recámara, su figura germina en todas las paredes, su sabor ácido me ofende.

Tengo la naturaleza perdida, el sello del viento en la cara, la mirada puesta bajo el silencio. Soy un escarabajo nocturno dibujado en el agua.


Tomado de Tierra Adentro, No. 97.


URIBE, ANA CINTHYA, (1979).

REPITE

    tu ausencia en mi vientre

vuelve a llegar como cada noche cada tarde

cada media mañana de hojas caídas

te fuiste sin permiso sin avisar

y no dejo de preguntarme si fui yo

la que te pidió el mutis

un día ya no estabas

   y mi boca no supo si no invocarte o crearte un altar

lleno de retazos de tela y estambre

pero no olvido

no puedo estás

como el oso blanco de Tolstoi y aunque no

sólo te pienso y te imagino

te ausento

de la vida en la que entraste intempestivamente

y las olas se van, anunciando el próximo tsunami.

MODERNOS

hasta la náusea hemos sido derribados por las palomas asesinas de los parques

nuestras lenguas

y los restos de las lágrimas del verano

están estáticas

cargadas de las líneas de alta tensión hay una mirada seca

del heroinómano de la calle mayor que se pegó a mis mejillas me sigue me tatúa como tu presencia tus cartas que apestan en un rincón

doscientas mujeres han salido en mi busca me visto de blanco chino de luto mi cabello es un cerezo que despierta antes de tiempo

la manta de nuestra arrogancia gruesa piel de ballena se ha perdido me miras y descubres que tenemos frío

modernos

como muñecos

de los servicios de bar de carretera

modernos y solos al fin.

NOCHE DE SAN JUAN

Te olfateo

en mi hombro derecho

donde quedó por última vez tu lengua donde me mordiste antes de dejarme

no es que huya esquivo

estos fantasmas que ignoras

no es que mienta invoco

el olvido momentáneo de todos mis pecados sé que entraré en un paraíso

● algún día

 y quizá se parezca

al que hace poco me mostraron tus labios

mientras tanto amortiguo la caída con mis manos detengo el desbarrancamiento

de lo que pensé era el futuro

(en todos los desastres siempre cae un momento de duda

piensas que el muerto despertará cuando te canses de llorar de despedirlo)

he labrado mi pequeña hoguera quemo

la inconstancia de mis labios el remordimiento de mis lágrimas

anclado en mi hombro izquierdo sigue tu aliento

y mi esperanza

de retrasar el amanecer

en un equinoccio donde no se detiene ninguno de los trenes conocidos.

GINEBRA I

En tu ausencia

me invade el buehumor insano de los pájaros comesandwiches y los perros persiguecisnes

el azul del lago casi parece la transparencia

del olvido que inspiras

hace calor

huérfana de jacarandas y misterios desnudos construyo un laud con mis arrepentimientos

y me voy a hacer camino como cualquier juglar.

VELASCO MEDINA, RAMÓN, (1960).

POEMA DE CALICANTO

La mar fue vaso de estrellas que se bebía el agua y en algunas mañanas,

piaje de gaviotas y chirriar de amarras musicalizaron el infinito viaje de Indias.

Al tiempo, aquellas carabelas de intensidad marinera eran navíos de desesperanza, hojas en el viento sin llegar a tierra.

Sueños, lamentos y fondo en el océano son antesala de la proa, acechada por un timón

que contempla los ocasos del infinito.

El sabor de la cal es el pan de cada día

y el recuerdo de la tempestad el sol que curte la piel en el vaivén de aquella sedienta herida.

Y el crepúsculo navío miró Guanahaní.

Tomado de Poetas de Tierra Adentro II


VELASCO, PATRICIA, (1973) YO QUE CON PALABRAS PUEDO ARMAR UN CUENTO

letanía entre el apego y la razón modelo difícil de cargar

corto sueño pero larga pesadilla donde no somos lo que decimos ser

una cotidiana forma de creernos      luz tenue pero que alumbra

pensamiento absoluto que no se mueve certeza de equivocar las rondas

somos dos

ser uno no es suficiente

las palabras saben

a nada

inútiles para el cuento

trabalenguas

eso sí

para decir

que no hay nada qué decir.

NOMBRAR EL ÁRBOL QUE TOCO ES FICCIÓN

charlar sobre la araña que se come al macho del límite entre la competencia y la calumnia

o confundir un sueño con el día de ayer la sombra de la ropa colgada con un fantasma las muestras de amor con el chantaje el cuidado con el control el enojo con el miedo

este árbol que abrazo tiene el nombre que le doy en la ficción de cualquier día

mañana lo confundiré con un tronco enano ¿y el beso de llegada será el de despedida?

la vida es una gran ficción.


ES OTRO ABRIL

más de alguno naufragó entre mis cejas

pude matar a más de dos al apretarlos contra mí para quedarme con su esencia y llevarme su oleada de calor sobre mi espalda humedecida con su resudor

llego de marzo sabiéndolo todo dije del amor su libélula inasible del odio su olor a miseria del ser como si lo hubiera tocado todo

pero es abril

me enseña de sí lo que yo alcanzo su despertar temprano

su largura despiadada para la noche más corta quiero dormir quedarme callada

me limpio el rostro frente a la tarde que cae sobre la calle repleta de autos         de gente     de nada.

DESHACERME EN LA PLUMA mis palabras

lentes descompuestos

remolinean

se alejan y aproximan sobre un planeta sin esencia

forman versos para ajustar lo que acaricia besos sonrisas

tatuajes para no olvidar que soy esto.


NO HA SIDO MÍO EL SILENCIOES DE DIOS que agrupa en el cielo mi permanencia

no son mías las lágrimas                 son del mar de un horizonte que solamente Él conoce pero que no pude tocar siendo espuma fui atisbo de río que creció en la pendiente hasta volverse arena

niña rota me vi girar sobre la noche trozar el dolor con zapatos de baile robar el sol con la poesía

de algún hueco de mi corazón iluminado tomo el silencio para darle vuelta al ruido.

CÁLLATE

el principio quedó oculto en un eco que no sobrevivió traemos un tatuaje en la piel atrapado en el vaho de tu mano a mi pecho

un grito que nadie sabe taladra la razónel tímpano

habita inminente entre tu cuerpo y el mío cállate no quiero fraguar agua inasible de esta tinta y la tuya ni tacharte

no te muevas

quédate al margen más allá del péndulo

de las esquinas de la página de los límites de este mundo intuido              aceptado

no digas más amor del que cabe en mi verso.


VELÁZQUEZ, DANTE ALEJANDRO, (1973).

EL MUNDO

(FRAGMENTO)

I

Sue mira el mundo desde la ventana los campos de azul y pardo el valle hendido en las copas

el crujir de un auto, la fuente entristecida del parque

esta hora, la misma de ayer, mete su audacia en el mar de gente Sue la toma como un pretexto, una confitería sin otro dueño que sus ojos

¿quién tiene el color para enlucir los días? pregunta dejando un cristal en la persiana

Tarde o temprano vendrá la amnesia cerrará la tarde su párpado marino este mundo y sus ventanas tendrán otra pupila y el rostro de un pasajero en el peldaño un niño que apenas descubre un hilo de luz y se lo bebe

Es grande Sue cuando se aquieta en la ventana son grandes los ojos cuando uno mira caer el mundo como un trazo de Segal


LA CIUDAD DEL ROSAL (II)

Años atrás mi prima no llevaba legajos en la mano era, si es franco el recuerdo, la hoja misma oquedad de semana y sustancia de domingo.

En la hora que me llevaba a la terraza el coche del tío encendía la bocacalle.

De la mano, en el jardín, los juegos de siempre y a la tarde

húmedo césped cabellos raudos

ella y yo labio con labio.

Amaba su pillaje de casihermana

su alado cuerpo y la ruta espiral del helecho y es que ella, aún tras el exilio, era el aroma del rosal sol de temporada y escarcha.

Volví a verla una tarde como aquellas en el jardín de Humanidades

tenía el cuerpo de verde follaje, papeles en la mano alto el dorso y los ojos de hoguera.

La lluvia, en su espumosa carcajada, batió su pelo me hubiera gustado elevar otra vez su aroma al norte y echarla conmigo al césped pero no había

para entonces

otro rosal con una ciudad a cuestas.

ADONDE VA LA NOCHE

A donde va la noche iré tendré su causa y su flagelo

llevaré una tea, un largo cordón de fuego que hilé con el sueño de mis muertos

En su boca de madre

he de atar al hombre que soy al niño blando, al truhán al amante quieto al dios perseguido al sucio hermano que intriga

La noche carcajada de ruinas mercader y presidio.

La noche

esa que me desnuda, que me amanece.

AZUL

Quiero tus labios

nada más tus labios entreabiertos y en la pupila una aurora de ámbar

Quiero tus labios erguidos en el jugo de mi boca

Llagaré el azul creciente

y rasgaré tu lengua como sol al meridiano

Dos lenguas violentas deben encontrarse asirse, desmayar, llevar piel adentro un agudo beso anidar la pulpa madura de la luz

Hoy no quiero tu cuerpo quiero fundar nuestros labios que se digan cosas, se habiten, revelen lo pasmoso de estar solos en su geografía penetrable apenas por una lengua fálica y una mordedura reptil

Porque saben decirse un silencio nuestros labios un épico aliento / un duelo

Porque quiero tus labios y nada más.


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11 autores

BREVE ACERCAMIENTO A LA POESÍA MICHOACANA.

I

Hablar de poesía en Michoacán, es decir que se trata de tierra de poetas. Pero hay que mencionar también que muchos son los que convergen en torno a esta manifestación artística, pero pocos son los que la desarrollan y la llevan a cabo de manera especial, profesional dirían por ahí.

Y es que en Michoacán nos hemos jactado de variados poetas, pero que mayoritariamente adquieren presencia tan solo dentro del mismo estado. Claro que no podemos olvidar a Homero Aridjis, poeta nacido en este estado, y que trascendió con su poesía con la llamada Generación del cambio, al lado de otros como José Carlos Becerra, José Emilio Pacheco, por citar algunos más.

La historia de la poesía en Michoacán me ha llevado a pensar en quien pudiera ser otro de los mayores poetas michoacanos, que trascendió no solo por su poesía, sino por su activismo político y por su férrea defensa en pro del Colegio de San Nicolás, me refiero a Ramón Martínez Ocaranza, quién fungió como maestro de varios de los poetas nacidos en los años 50, y que ahora es tomado como guía por parte de los poetas nacidos en los años 70 hasta la fecha.

Martínez Ocaranza es un gran referente de la poesía de nuestro estado, su talento y su personalidad lo llevaron a conformar una gran amistad con Pablo Neruda y el mismo José Revueltas, con quienes compartía sus primeros escritos.

Tenemos también dentro de las grandes poetas a Concha Urquiza, de quien recientemente se estuvo rescatando gran material poético. Otra de las poetas importantes del estado es María Teresa Perdomo, que cuenta con una gran producción poética casi desconocida por los jóvenes literatos del mismo estado.

Francisco Elizalde es otro de los referentes, una persona que afortunadamente aún tenemos con vida dentro del estado, y a quién de repente las autoridades han prescindido de su existencia, relegándolo un tanto del medio, quizá a causa de su misma edad, cosa que no se justifica tratándose de alguien que por sí mismo tiene bien merecido su homenaje.

II

En la actualidad pudiera pensar que existen tres grupos de poetas, que no se conformaron convencionalmente, sino por su manera de crear poesía y de desarrollarse dentro del medio. Me atrevo a decir que el primero de estos, son los poetas nacidos entre los años 40 y los 60, los que están bien inmiscuidos dentro de la burocracia cultural, los que persisten en base a un puesto dentro de la Secretaria de Cultura, o cualquier otra instancia relacionada con la cultura, los institucionales se podría decir, que cuentan con las facilidades y las herramientas adecuadas para la publicación de sus libros, aunque no se trate de un trabajo de calidad.

El segundo grupo serían los nacidos en los años 70, un grupo de poetas que según los primeros —los institucionales— no han terminado por cuajar, es decir, que no han terminado por definir un estilo propio, aunque muchos de ellos cuenten con grandes capacidades creativas. Una de sus características es que deambulan entre la independencia literaria y la institucionalidad de la cultura, o sea que si no reciben un apoyo, beca o lo que sea para la publicación de algún libro, lo hacen de manera independiente, ya sea con sus propios recursos, o con imprentas y editorial autogestivas.

El tercer grupo somos los nacidos en los 80 hasta la fecha. Jóvenes que principalmente publicamos en revistas, suplementos, en la red, los blogs y que de alguna manere propiciamos nuestros propios espacios. Este grupo es característico por su toque de rebeldía, por la no institucionalidad, por ir a contracorriente en todos los sentidos, cosa que les hace mucho ruido a los de arriba. Actualmente los de nuestra generación estamos abarcando demasiado espacio, basta ver la producción de revistas literarias en el estado y la participación de y con encuentros literarios dentro del mismo estado y fuera del mismo.

En esta breve muestra de poetas michoacanos que a continuación se presenta, no se refleja ni el mínimo porcentaje de lo que en el estado se está produciendo, ni mucho menos se puede ver claro lo que, palabras antes, mencionaba, y esto es debido a la cantidad de personajes ausentes, pero si bien, se pone de manifiesto que los pocos que se encuentran reunidos en estas páginas son del segundo y tercer grupo, pudiera pensar que se debe a la necesidad de participar en los espacios que se ponen a nuestro alcance, cosa contraria a algunos otros que quizá les haya ganado más la apatía.

Bueno, serán palabras más o palabras menos, aquí solo es una fracción del quehacer poético michoacano. El caso es que a fin de cuentas el que determina la calidad es el mismo lector, así que como decía Borges, el tiempo dará el fallo final.

Manuel Noctis.


AMARAL, JORGE A., (1980).

BLACK SUNDAY BLUES

Levantarme un domingo,

andar con los músculos magullados y una cornada bajo el brazo mientras decenas de ángeles me muestran la belleza: el gran arcano vedado a los proscritos del Infierno.

Levantarme un domingo y andar dieciocho horas

con la dureza de la cama a cuestas; no escribir, no hablar, no tener fuerzas para romper la maldición que me obliga a guardar silencio.

Levantarme un domingo negro y dejar que todo pase hasta que mi estela de humo se disipe al anochecer.

PARA QUEDARSEHay mañanas

que duelen en la garganta; al abrir los ojos, las flores de un mal sueño me ponen en los labios lo amargo de las abejas muertas.

Esta es una mañana en que me hago polvo al amparo de mi sombra para evadir la tentación de apedrear la cara del día.

Haré un recuento de las noches para saber en qué momento la mañana se volvió aguja y desde cuándo el no decir es el mejor pretexto para quedarme hasta la tarde.

Afuera está la herida pero no quiero salir a su encuentro: debo continuar enfermo siempre. Francisco Hernández


A CUALQUIER PARTE

Llega el momento de limpiar el escritorio, apurar el café y salir con la mañana bajo el brazo.

Vuelve todo a su sitio: la soledad cotidiana, el puente de las noches, el cigarro en la mano. Acariciar las fotografías ha perdido el sentido: sólo miden la distancia.

Hay que caminar sin saber a dónde, quizá nos encuentren los pasos. Atender todas las charlas: la voz que nos enamore podría estar cerca.

Hay que cerrar con llave la puerta que dejamos atrás, abrir los brazos, las manos; no malgastar el instante en la suicida urgencia:

la muerte nos alcanzará aquí o en otra parte.

MORIR A SOLAS

La medianoche ha llegado y un gong de